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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • ¿Participación ciudadana en las tareas de Gobierno?

Cuando el Gobierno de Javier Duarte, tras la derrota electoral, logró que el Congreso estatal aprobara la basificación de siete mil 800 burócratas, garantizando su permanencia en el puesto, no se trató como podría pensarse de una medida de protección a la burocracia estatal, sino de una acción dolosa del mandatario saliente, tendiente a reducir los márgenes de acción del próximo Gobierno.

Sin un orden programático que sustentara la masiva decisión, sin comprobación de lo realizado, menos evaluación del desempeño, la basificación incluyó hasta a los empleados de confianza “comisionados” en los domicilios de los funcionarios públicos.

Esta arbitrariedad, que deberá pasar por el tamiz de la impugnación, habida cuenta del sainete legislativo en medio del cual se produjo, nos lleva a preguntarnos si los ciudadanos que pagan impuestos y generan el dinero público que utiliza el Gobierno, están de acuerdo con que este actúe como una agencia de empleos y no como la autoridad responsable de coordinar los proyectos y programas públicos, tendientes a promover el desarrollo y bienestar de la entidad.

Los ciudadanos no fueron consultados ni sobre éste, ni sobre otros despropósitos que ha cometido el Gobierno saliente, porque no está contemplado en la ley que así suceda, de ahí que ejerciendo a voluntad su discrecionalidad, poco haya importado a ese Gobierno la creciente inconformidad de la gente.

Casos como el de Veracruz, se repiten cíclicamente en las entidades del país, constituyendo un círculo perverso, en donde el gobernante hace y deshace con los dineros públicos, sin que nadie logre acotarlo y menos sancionarlo.

Los avances legales e institucionales en materia electoral contrastan con el enorme rezago que vive el ejercicio de Gobierno, en donde la brecha entre gobernante y gobernados sigue ensanchándose. El Gobierno transitando por un carril y la ciudadanía por otro, sin que ambos se comuniquen, salvo en tiempo de elecciones, como si la democracia se limitara al mero sufragio.

De ahí que sea prioritario un cambio diametral en la forma y en el fondo de llevar a cabo el quehacer gubernamental, incorporando a la ciudadanía organizada, capacitada y dispuesta a participar en los asuntos públicos, en las distintas etapas del ejercicio público, desde el diseño y aplicación de las políticas públicas, hasta la evaluación de la tarea realizada con base en los resultados.

La convocatoria a la ciudadanía en general, a que participe en la elaboración del programa del próximo Gobierno, es un primer paso muy positivo pero insuficiente. La ciudadanía debe seguir presente a lo largo de todo el proceso gubernamental, ejerciendo una tarea de contraloría social, que redundará en amplia legitimidad para las acciones del Gobierno.

Es importante asimismo, que se lleve a cabo una diametral transformación en el manejo de los recursos públicos, para evitar que un Estado empobrecido como el nuestro, gaste sus escasos recursos en gasto corriente, generando empleos innecesarios, que hoy pueden sustituirse con una modernización administrativa y programas adecuados, simplificando gestiones, para ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo a los usuarios.

No se trata de una posición neoliberal, que pretenda sustituir los empleos por las máquinas, sino de hacer a un lado criterios caducos de seguir viendo al Estado con una visión paternalista. Se trata de que Gobierno y ciudadanía lancen sus redes al mar en vez de conformarse con regalar pescados. Los recursos del Estado deben canalizarse a impulsar la capacidad productiva de los veracruzanos, para que los empleos que se generen produzcan prosperidad a las familias y a la entidad.

Importante que la Universidad Veracruzana sea la sede de este ejercicio democrático ciudadanía-Gobierno, y que este primer acercamiento con la población universitaria pueda redundar en una efectiva vinculación entre los programas de educación superior de nuestra casa de estudios y la planta productiva estatal. Una asignatura pendiente que de resolverse, garantizará rumbo, excelencia y prosperidad a las nuevas generaciones de universitarios y no universitarios veracruzanos.

El camino es largo, pero contrariamente a lo que muchos temen, el escenario no seguirá siendo oscuro como hasta ahora. Veracruz es mucho más fuerte y combativo que los pillos que lo han llevado al borde del precipicio. Veracruz saldrá adelante con rumbo certero y legitimidad, derivada ésta de la participación ciudadana en el seguimiento del ejercicio de Gobierno.
rayarenas@gmil.com

@RebeccArenas