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Agenda ciudadana

  • Rebecca Arenas

Mexicanos disfrutando México, la opción en tiempo de crisis

Desde que recuerdo, siempre he escuchado que la “Industria sin Chimeneas” es decir la industria turística, es la gran fortaleza nacional para allegar a nuestro país inversiones, mayor y mejor infraestructura, generación de empleos directos e indirectos; un factor multiplicador en suma de beneficio para la economía no solo de las regiones turísticas, sino del país en su conjunto por los múltiples beneficios que genera.

Ese dicho permanente de nuestras autoridades, que en muchas ocasiones sí ha ido acompañado de sustantivos esfuerzos para fortalecer la infraestructura turística del país, también se ha topado (no es el único sector) con la falta de continuidad cada vez que llega un nuevo Gobierno. Por alguna extraña razón, que muchos no alcanzamos a comprender, en vez de valorar la efectividad de las políticas y programas vigentes, la tendencia generalizada de los funcionarios que recién llegan a una responsabilidad, es la de desechar los programas vigentes para instaurar los propios.

Este mal nacional, lo advertimos no solo en el plano nacional, sino en el estatal y hasta en el municipal, genera desperdicio de recursos y esfuerzos, echa por tierra los avances alcanzados, y lo más importante, que provoca desconfianza social ante los programas institucionales del Gobierno en sus tres niveles.

Cuanta falta nos hace tomar el ejemplo de otros países, que respetan a pie juntillas sus grandes proyectos, llevándolos a cabo hasta su terminación, sin importar que haya renovación de Gobierno o del Congreso, porque más allá de intereses políticos, privilegian los beneficios que producirá un proyecto, iniciado por gobiernos anteriores, y que será concluido por gobiernos posteriores.

Lo anterior viene a propósito del Programa de Turismo Social que acaba de presentar el presidente Peña Nieto, en el marco de la 41 emisión del Tianguis Turístico de México, realizado en Guadalajara hace un par de semanas. Un programa que además de buscar que los segmentos menos favorecidos del país viajen, busca estimular a todos los mexicanos a que lo hagan.

“Se trata-dijo al respecto el secretario del ramo turístico, Enrique de la Madrid Cordero- de que las empresas del sector, los hoteles, aerolíneas, compañías de camiones, entre otros, tengan ofertas atractivas para que los mexicanos de diferentes niveles económicos puedan viajar”. Se trata, decimos nosotros, de un programa social que ya se había tardado, si tenemos en cuenta la necesidad de descanso y sano esparcimiento de millones de mexicanos, de todas las edades, que no salen jamás de vacaciones, por la simple razón de que no tienen dinero para darse “esos lujos”.

La estrategia incluirá a todos los destinos del país y no será un programa convencional del Gobierno federal, ya que no contará con recursos presupuestales, sino que se sustentará en una dinámica de impulso y promoción entre las partes: prestadores de servicios y potenciales usuarios, y estos deberán imprimirle el ritmo que más les convenga. De tal suerte, que una parte crucial en esta estrategia involucra a los gobiernos de los estados, de los municipios, y sobre todo al sector empresarial, para que cada quien en su destino haga las ofertas que a su juicio les convengan.

El Programa de Turismo Social contempla una estrategia en donde todas las partes involucradas obtendrán beneficios: Los que menos tienen, con facilidades y precios accesibles para vacacionar con la familia; los hoteleros y demás prestadores de servicios turísticos, con la ocupación de cuartos, y la generación de empleos directos e indirectos en la temporada baja; y la población en general se verá beneficiada teniendo acceso a una opción real de hacer turismo en su propio país a bajo costo, acentuará su sentido de identidad y orgullo nacional derivados del disfrute de las múltiples maravillas que ofrece nuestro país, en sus distintos tipos de turismo: ecológico, cultural, de playa, montaña, deportivo etc.

Qué hace falta para que este gran programa tenga el impacto que se espera de él, en un momento de crisis económica nacional, en donde los ingresos petroleros columna vertebral de nuestra economía siguen a la baja, y no podemos ser optimistas en las fluctuantes remesas del exterior; hace falta continuidad y ésta debe intentarse, estableciendo contrapesos institucionales y legislativos que permiten la continuación de un programa que a todas luces se vislumbra exitoso. El desarrollo turístico es la única alternativa para salir del estancamiento en el que estamos por esfuerzo propio. Dejemos ya, de una vez por todas, de comportarnos como un país bananero.

rayarenas@gmail.com