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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • Veracruz, ante la disyuntiva

 

Cuando veo que las cosas salen tan mal para los veracruzanos, con una entidad endeudada hasta lo indecible, porque una vez más los sátrapas que llegaron a apoderarse de lo ajeno, los insufribles gobernantes que se adueñaron de los recursos públicos y maltrataron de forma inmisericorde a la población, no terminan de irse; no terminan de declarar con cinismo su inocencia, utilizando los medios de comunicación a discreción, pagando por ello multimillonarias sumas que no son suyas, una profunda náusea me acomete.

La grotesca parodia en que se ha convertido la escena política en Veracruz, comidilla inacabable en el país entero, ha dado a nuestra entidad próspera el doloroso calificativo de Estado fallido.

No terminan de irse, aunque la cabeza ya puso tierra de por medio, porque no terminan aún de consumar su daño, porque hay una extensa red de complicidad, que parece no acabar y que pretenden acallar como si no fuera suficiente lo que ya se sabe, para meterlos tras las rejas y obligarlos a devolver lo que se llevaron, y conste que no digo la reparación del daño, porque los estragos infringidos a la entidad y a los veracruzanos en todos los rubros de la vida pública y la actividad privada, ese daño no lo van a poder restañar, es irreversible.

¿De qué han servido los avances legales e institucionales en materia de transparencia y rendición de cuentas? Claramente para que la runfla de rufianes enquistados en el Gobierno de Veracruz durante 12 años, encontraran invariablemente la manera de evadir cada nueva dificultad legal, logrando salirse con la suya.

Ningún veracruzano o veracruzana con un mínimo de conciencia y sentido de pertenencia, puede permanecer indiferente ante la debacle que actualmente vive nuestro Estado. Más allá de siglas y colores, de preferencias ideológicas, está Veracruz primero y siempre, como diría Gutiérrez Barrios. No podemos constituirnos en parte de la disparatada escena, limitándonos a presenciar como invitados de palo cuanto ocurre. No actuaríamos así si un invitado llegara a nuestra casa, y la empezara a saquear y nos golpeara, para luego llamar a los medios y proclamar que no ha cometido ningún abuso, ningún exceso, que no ha pasado nada.

Eso es ni más ni menos lo que está pasando en Veracruz, la casa de todos los que aquí nacimos, una entidad generosa que nos dio a sus habitantes lo necesario y más, para tener una vida digna y no tener que emigrar; una entidad que alguna vez tuvo paz social, que nos permitió a propios y extraños recorrer su extensa y bella geografía, sin el permanente temor de ser víctimas de la violencia delincuencial, que hoy embiste con rampante impunidad, para terminar convertidos en una cifra más, de la abultada carpeta de macabras estadísticas.

El debilitamiento actual del tejido social en Veracruz, caracterizado por la apatía, la reticencia a participar y la pasividad, es producto de sentimientos de miedo y angustia por amenazas –reales o imaginarias– que generan adversidad y falta de cohesión social. El miedo al “otro”, al “diferente”, genera actitudes permanentes de indefensión, siempre a la defensiva. Un tejido social dañado que ha mantenido a Veracruz paralizado.

Esta densa situación que vive la entidad, a la mitad de nada, inmerso en una avalancha mediática que hace surgir rumores un día sí y el otro también, haciendo interminable el transcurrir del tiempo hasta el primero de diciembre, me hace recordar la reflexión de Fernando Savater, el filósofo español, sobre crisis y ciudadanía:

“Las cosas están muy mal, pero nadie va a venir a salvarnos. Por esta razón la decisión es muy simple: o se elige ser un ciudadano que busca hacer algo para que las cosas cambien o se opta por ser un vasallo que calla y obedece. No hay más opción. El pesimismo no arregla nada”.

Una reflexión severa que nos cuestiona y enfrenta a la disyuntiva de seguir como estamos y apechugamos todo, o buscamos reconstruir la confianza con vínculos renovados; con enlaces de vinculación solidaria en nuestra comunidad y en la entidad. Ese es el ambiente requerido para propiciar la creación de metas compartidas en beneficio de la colectividad; ese es el entorno que hará posible reconstruir entornos de contención de riesgo y apoyo, en beneficio de un Veracruz vital, que habrá de resurgir más pronto que tarde si no lo dejamos solo.

rayarenas@gmail.com