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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • Recuperación de confianza, la prioridad

 

En los días que corren, podemos llegar a indigestarnos con el alud de malas noticias que aparecen en los medios, y peor aún, con la especulación desbordada de algunas columnas y noticias de los medios electrónicos proclives al amarillismo, que un día sí, y el que otro también, contribuyen a agudizar el ánimo a la baja de la sociedad veracruzana.

Nada peor para un tejido social profundamente lastimado como el de Veracruz, que se siga echando leña al sentimiento de agravio social que está padeciendo la gran población. Aunque por otro lado, sea preciso que la gente esté informada de cuanto ocurre en el ámbito público. Una encrucijada de gran complejidad que está dejando profundas secuelas, que tocará atender al próximo Gobierno.

El tejido social, del que mucho se habla y no todos comprenden a cabalidad, es un activo de los individuos y los grupos, que funciona como una intrincada serie de relaciones y de acciones entre individuos, familias, comunidades y entre éstos y las instituciones; todos estos actores e instancias retroalimentándose mutuamente al través de una compleja estructura de vasos comunicantes.

Cuando se habla de un tejido social fuerte, se está diciendo que hay una fuerte actitud solidaria en la comunidad, de pleno respeto a los derechos de todos los miembros del grupo. Este es un ambiente propicio para la creación de metas comunes y beneficiosas para las grandes mayorías de una comunidad, de una gran urbe, entidad federativa o incluso una nación.

El debilitamiento del tejido social, el que hoy vive Veracruz, se expresa en apatía y reticencia a participar; la pasividad es producto de los sentimientos de indefensión, agobio y miedo, que surgen de amenazas reales o imaginarias, derivadas de los cambios de hábitos, cambio en las condiciones de seguridad, crisis económicas, sociales y de valores, que generan reacciones adversas a la cohesión social, que se traducen como miedo al “otro”, a los diferentes, o bien como actitudes de mantenerse permanentemente a la defensiva.

Sin llegar a los extremos de exceso, abuso y corrupción cometidos por los sátrapas que gobernaron Veracruz durante años, el debilitamiento del tejido social en una sociedad empieza a producirse cuando no hay comunicación real entre gobernante y gobernados; cuando el Gobierno transita por un carril y la sociedad por otro carril, sin comunicarse; esto genera desconocimiento y desconfianza, el caldo de cultivo idóneo para que todo suceda.

El caso de Veracruz es hoy el ejemplo extremo de esta infortunada brecha, han sido tantos los excesos, y tantos los permanentes agravios a la población, que el tejido social pasó del daño a la fractura, una situación de enorme riesgo para todos,  y lo peor, que esta fractura no se va a recomponer de forma automática, hay que atenderla.

Tocará al próximo Gobierno hacerlo de forma prioritaria, si quiere contar con el apoyo de una sociedad que hoy ya no confía ni en su propia sombra. No hacerlo, equivaldría a querer que alguien con la pierna fracturada participe en una carrera de relevos. Primero tiene que soldar la fractura y llevar una adecuada rehabilitación, para estar en condiciones de participar y ganar en la competencia.

Es preciso que la población veracruzana recupere, y tendrá que ser con el apoyo del Gobierno, su capacidad de convivencia, de actuación colectiva; identificando a los líderes comunitarios, los verdaderos, no los instaurados en contra de la población, capacitándolos para que desarrollen sus capacidades cognitivas, operativas y de actitud, que contemple los comportamientos, actitudes, saberes y competencias desde la identidad de hombres y mujeres.

Ya capacitados, no lleva mucho tiempo pero sí dirigida atención, estos liderazgos actuarían como multiplicadores en su ámbito de acción: la colonia, la organización vecinal, la escuela, el trabajo, los gremios, sindicatos, las ligas deportivas, los clubes de servicios, las organizaciones ciudadanas, etc. creando redes sociales hacia la participación y la colaboración entre individuos, familias y grupos, de tal suerte que los beneficios de las políticas sociales se asuman como un bien comunitario a partir del cual, sea posible restablecer la confianza en el otro, sustentada esta confianza en la solidaridad, la reciprocidad y las relaciones sociales horizontales.

Capacitar para la convivencia, para recuperar la auto estima y la moral colectiva de la población veracruzana, es una tarea ineludible si no se quiere caer en la mentira y la ficción de que hay respuesta de la gente cuando no la hay. Dos años de Gobierno es muy poco tiempo, pero no hacerlo ahora, después llevará más tiempos y muchísimos más riesgos.

Ningún Gobierno puede solo, tampoco puede sola la ciudadanía. Es preciso un esfuerzo conjunto, basado en la voluntad política del Gobierno y en el tejido social fortalecido de la sociedad. Habrá que recuperarlo; entre más tarde en atenderse este fundamental problema, mucho más difícil y costosa será su recuperación.

rayarenas@gmail.com