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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • Idiosincracia mexicana, el punto de partida

En tiempos de crisis como la que atravesamos, la respuesta acertada para que la sociedad logre sortear los problemas que la agobian, es actuar en la unidad, identificando propósitos comunes que fortalezcan su actuar cotidiano. Esto que se dice fácil, en el caso de la sociedad mexicana, es más difícil que para otras sociedades, por el crisol de realidades distintas que conformamos en lo cultural, económico, educativo, y por el gran desconocimiento que prevalece de unos con otros.

Mucho se ha dicho y escrito sobre la idiosincrasia del pueblo mexicano, tema que es abordado por primera vez, en la década de los 40 del siglo pasado, por un grupo de pensadores, académicos, intelectuales, entre los que destacaba el gran poeta y ensayista Octavio Paz, años después galardonado con el Nobel de Literatura, cuando estos pensadores se dieron a la tarea de buscar la identidad del mexicano: Qué pensaba, quería y qué sentía el pueblo mestizo que somos la gran mayoría de los mexicanos. Esto, a veinte años de concluido el movimiento armado, cuando el país entero ya había recobrado la paz social.

Sin pretender hacer una crónica detallada sobre los resultados de esta búsqueda conjunta, cabe destacar que los resultados fueron fructíferos, y dieron la pauta a muchas investigaciones de entonces a la fecha, donde el tema de la idiosincrasia nacional ha sido analizada desde las más diversas perspectivas.

Conviene por ello destacar, la importancia hoy día, de abrevar en la abundante literatura sobre la idiosincrasia del mexicano, como un ejercicio que nos dará luces para saber abordar el presente de unidad que requerimos para actuar de forma conjunta, coordinada, a pesar de nuestras enormes diferencias; Para a partir del conocimiento de lo mucho positivo que tenemos buscar reforzarlo y de lo mucho negativo que nos caracteriza, para aprender a sortearlo, o en todo caso, saber a qué atenernos.

Un ensayo extraordinario sobre el tema, es “El Laberinto de la Soledad”, justamente de Octavio Paz, obra integrada por nueve ensayos que constituyen una profunda reflexión sobre la naturaleza y constitución del mexicano actual, concebido por Paz como el producto de un largo proceso de mestizaje, que le otorgan condiciones psicológicas, morales, culturales e históricas particulares. Así, analizando el sujeto en micro, Paz trata de abordar el macro del pueblo mexicano, como sujeto histórico colectivo, con el único objetivo de poder concebir una identidad nacional.

En “El Laberinto de la Soledad”, Paz señala a un México posrevolucionario, que se ve a sí mismo con la intención de definirse. Paz usa la imagen del “pachuco”, nombre usado para hacer referencia a los mexicanos que han logrado emigrar y alojarse al sur de Estados Unidos, en ciudades como Los Ángeles, y que sin embargo no se adaptan, sino que se erigen como un constante desafío al sistema. Así, al margen, no quieren vivir en México, pero tampoco aceptar el sistema estadunidense, y en esta deriva, se descubren a sí mismo solos.

Octavio Paz abarca el proceso político vivido por México desde su Independencia hasta el final de la Revolución mexicana, apuntando que la Independencia mexicana, protagonizada por los caudillos mexicanos, materializada en los sacerdotes, proponía una Independencia que solo se basaba en salir del yugo foráneo, sin cambiar realmente la estructura social heredada de los españoles. Aspecto fundamental a considerar y que nos explica, que no justifica, mucho de lo que ocurrió después.

En su penúltimo capítulo, Octavio Paz habla sobre las promesas incumplidas de la Revolución Mexicana, y cómo el sistema capitalista se beneficia de una economía cuyo principal producto son las materias primas. De esta forma, las clases obreras y burguesas surgen del mismo centro de poder, dejando al margen al grueso del pueblo pobre, mientras a su vez se ve oprimida por el compás que dictan las poderosas economías dolarizadas. Cualquier similitud con lo que estamos viviendo, significará que en vez de una evolución, estamos padeciendo una involución de proporciones mayores.

A casi setenta años de haberse publicado “El Laberinto de la Soledad”, sus coordenadas básicas siguen siendo válidas, y constituyen un primer paso para entender que el milagro que somos, en tanto Nación multicultural con lacerantes desigualdades.

Qué importante que los jóvenes conozcan por qué somos como somos, para empezar a pensar cómo motivar a esta maltratada sociedad nuestra a ser mejores. El avance tecnológico a nuestra disposición, TIC nos permite enriquecernos con esta indispensable información, con solo oprimir un botón.

Frente a los nubarrones que se advierten en el futuro cercano, ya va siendo hora que los políticos piensen prioritariamente en las próximas generaciones, y no solo en las próximas elecciones. “Churchill dixit”.
rayarenas@gmail.com