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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • Toca a los ciudadanos organizarse, no hay de otra

Los estudiosos de la ciencia política han dicho y “repetido hasta el cansancio” que la participación ciudadana en los asuntos públicos es el elemento indispensable hacia fortalecimiento y consolidación de toda democracia.

Asumido este hecho, cada vez más impostergable, conviene preguntarnos ¿Qué dosis de participación ciudadana podemos esperar en México, cuando la prioridad de nuestra sociedad en crisis, es resolver el diario sustento y sortear la ominosa inseguridad, que se cierne sobre el ciudadano promedio y su familia?

Otra pregunta, íntimamente vinculada a la anterior es: ¿Al través de qué cauces debe darse la participación ciudadana para que cumpla con su cometido de resolver los problemas de la sociedad, cuando lo que vemos funcionar, no son mesas de diálogo entre ciudadanía y Gobierno, sino muestras de inconformidad expresada en marchas, plantones y enfrentamientos violentos, que así demandan atención y respuestas de los Gobiernos?

Es decir, hoy día las demandas ciudadanas que toman en cuenta los Gobiernos, no son las expresadas en una mesa de diálogo, sino las manifestaciones violentas, producto de la impotencia y la desesperación, ante el profundo distanciamiento entre gobernante y gobernados; cada uno transitando por distinto carril, sin comunicarse entre sí. Los problemas no atendidos crecen y hacen crisis, y es entonces cuando reacciona el Gobierno, y a veces ni así.

Tratando de encontrar la hebra de la enredada madeja, algunos indicadores, ampliamente probados, sobre la dinámica a seguir en un sistema democrático funcional, que genere beneficios para pueblo y Gobierno, son los siguientes:

-Los ciudadanos casi siempre cumplen sometiéndose a las decisiones de la política, mientras los Gobiernos que aspiran a un buen nivel de aceptación pública, tienen la obligación de buscar el justo equilibrio entre el cumplimiento de las demandas formuladas por la sociedad y su necesidad de ejercer el poder.

-La mayor parte de los ciudadanos de cualquier sociedad política no responde a la clásica prescripción democrática, de que deben estar todo el tiempo: involucrados, informados y activos en las cuestiones públicas. La mayoría de la gente no puede ni quiere ser activista de tiempo completo, aunque sí quiere resultados efectivos del Gobierno.

-Contraviniendo el supuesto teórico, no se necesita una muy alta participación de la población para alcanzar el éxito de la democracia. No obstante, para asegurar que los funcionarios públicos cumplan con su responsabilidad, es esencial que un alto porcentaje de ciudadanos participe, tanto en los procesos electorales, como en aquellas causas o demandas que directamente les afectan.

-Mantener abiertos los canales de comunicación en la sociedad (hoy lo facilitan las redes sociales) contribuye a presionar a los funcionarios públicos a asumir su responsabilidad en relación con las demandas ciudadanas.

-Niveles moderados pero constantes de participación ciudadana mantienen el equilibrio entre los roles extremos de participación activa y demandante, y los de pasivo sometimiento a las reglas democráticas de convivencia. También contribuyen a equilibrar el funcionamiento de los sistemas políticos que deben ser, al mismo tiempo, responsables y decididos en su actuar.

-Los niveles de participación muy elevados, para sorpresa de muchos, pueden actuar en detrimento de la democracia si tienden a politizar a ultranza a amplios segmentos de la población.

-Una sociedad con amplios niveles de apatía, como la mexicana, puede ser fácilmente dominada por una élite poco escrupulosa (el dramático caso de Veracruz) de modo que solo la continua vigilancia de grupos significativos de la ciudadanía, puede prevenir los riesgos del autoritarismo y la corrupción flagrante.

Resumiendo. La mejor participación ciudadana para la democracia, no es la que se manifiesta siempre y en todas partes, sino la que se mantiene alerta; la que se promueve así misma cuando es necesario, para encauzar demandas justas que no son atendidas con la debida profundidad o para impedir las desviaciones o excesos desde el Gobierno.

¿Cómo lograr esta dinámica de participación efectiva? Primeramente la tiene que organizar la propia sociedad, de forma selectiva y temática, erigiendo a sus mejores líderes comunitarios, para que en un proceso de autogestión, se inicie la construcción de redes temáticas, preparadas, informadas y prontas a actuar cuando sea necesario. Esperar que los Gobiernos impulsen la construcción de ciudadanía, es pecar de optimismo. Es resignarse a lo que venga, sin libertad de expresión. ¿Queremos eso?
rayarenas@gmail.com

@RebeccArenas