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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas
  • El ominoso río revuelto en el que estamos inmersos

En un clima de generalizada inconformidad social ante el inesperado y excesivo aumento en el precio de las gasolinas, vimos llegar los primeros días del 2017. Un año que se avizora plagado de dificultades, en donde dos hechos políticos ya son determinantes: la bajísima aprobación ( 9 por ciento ) de los mexicanos al Gobierno de Enrique Peña Nieto y el arribo de Donald Trump, declarado enemigo de México, a la Presidencia de Estados Unidos, el próximo 20 de enero.

La inconformidad ante el “gasolinazo” anunciada inicialmente por los organizadores de la sociedad civil, gremios y diversos sindicatos, como acciones de resistencia pacífica, en 27 de las 32 entidades del país, muy pronto se transformaron en bloqueos a carreteras, plantones, marchas, quemas de camiones, e incluso cierre de garitas mexicanas en la frontera con Estados Unidos, afectando gravemente a la población, el asunto se agravó aún más, cuando apareció el vandalismo y el saqueo a centros comerciales en distintas ciudades  del país, evidenciando acciones de rapiña orquestada muy ajena a la inconformidad ciudadana.

En algunos de los videos analizados queda clara la complicidad entre los vándalos y la policía, en otros casos por el contrario, se advierten violentos enfrentamientos entre ambos grupos, como ocurrió en Rosarito, en el Estado de Baja California, con un saldo de varios muertos de la policía estatal.

Sobre los posibles responsables, excesos del “gasolinazo”, algunos analistas culpan a la extrema izquierda, concretamente a las huestes de López Obrador, asumiendo su propósito de “agudizar las contradicciones, para desestabilizar al sistema”. Otros culpan al propio Gobierno federal de querer provocar miedo en la población, para inhibir con ello que sigan las protestas ciudadanas. Tampoco ha faltado quien quiera ver en la delincuencia organizada, la mano que mece la cuna. En todo caso, hay coincidencia en que generar miedo en la población garantiza parálisis social.

Un ambiente de creciente desconfianza de unos con otros, en donde el caso de Veracruz fue paradójicamente la excepción. Tras meses de vivir en la total ingobernabilidad, la población veracruzana pudo comprobar que por fin hay Gobierno en la entidad. Miguel Ángel Yunes Linares enfrentó la crisis derivada del “gasolinazo” ejerciendo sentir su autoridad y el peso de la ley. Pidió la llegada de refuerzos federales, entre ellos la gendarmería nacional para proteger la integridad y paz social de los veracruzanos y en apenas unas horas, rescató la presa Yuribia en el sur del Estado, tomada arbitrariamente por grupos mercenarios que dejaron sin agua a importantes poblaciones, como Coatzacoalcos, en un intento por chantajear al nuevo Gobierno estatal, a cambio de dinero, como lo habían hecho con los dos anteriores Gobiernos.

Volviendo al plano nacional, la población mexicana vive una sensación de creciente preocupación y desconfianza que se ha expresado públicamente con el gasolinazo, pero que viene gestándose  desde hace meses.

Y no porque la población lleve el seguimiento preciso y detallado de la aprobación de la Reforma Energética, incluso pocos deben recordar que Peña Nieto ofreció que de ser aprobada ésta, bajarían los precios del gas, luz y la gasolina. De igual forma, la gran mayoría desconoce que aprobada la Reforma Energética, el Gobierno de Peña Nieto entregó permisos a grandes empresarios nacionales y extranjeros que hoy hacen gran negocio con la importación de gasolinas. Lo que sí saben los mexicanos es que este aumento en el precio de la gasolina, repercutirá en un alza generalizada de todos los productos de consumo, incluyendo la canasta básica y las medicinas. Y lo que pega al estómago y a la salud de un pueblo, no se resuelve por decreto ni con la firma de acuerdos de buena voluntad. El panorama ominoso nos dice que la emergencia nacional está a la vuelta de la esquina. Que nadie se llame sorprendido.
rayarenas@mail.com

@RebeccArenas