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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • La resistencia civil advierte a Trump

Un día después de la toma de posesión de Donald Trump, vista en todos los rincones del planeta, la Marcha Mundial de las Mujeres acaparó la atención de propios y extraños. Ampliamente seguida por todos los medios, opacó las actividades en el primer día de Gobierno del mandatario, ratificando su negativa imagen en el mundo.

En Washington DC, la segunda marcha más nutrida,  después de la de Los Ángeles con casi un millón de manifestantes, superó ampliamente las expectativas iniciales. Las calles de la capital estadunidense se llenaron como pocas veces, con expresiones en contra de lo que Trump representa: racismo, misoginia, exclusión, autoritarismo, corrupción, mentira  y un conservadurismo a ultranza, para advertirle al mandatario que no permitirán se vulneren los derechos civiles y la cultura de la diversidad, claramente amenazados por el nuevo Gobierno.

A diferencia de la ceremonia de investidura, que un día antes congregó a la población blanca y rural de Estados Unidos, la Marcha de las Mujeres mostró a una nación de colores diversos. El rosa, símbolo de la manifestación, dio paso a un arcoiris que devolvió aplomo y entusiasmo a una sociedad profundamente decepcionada por unas elecciones que ganó quien menos votos obtuvo. “Ganó el colegio electoral y no los votos ciudadanos”, coreaban los participantes, en tanto los oradores en la tribuna, reconocidos activistas y personalidades del mundo artístico, proclamaban que Estados Unidos es tierra de inmigrantes, y Trump no es Estados Unidos, solo una parte.

Ese mismo día, mientras el republicano asistía a un oficio religioso en la catedral de Washington, afuera dio comienzo una tormenta social que difícilmente amainará si el presidente Trump persiste en sus amenazas; si se empeña en segregar a los perdedores siguiendo el mismo guión que utilizaba en su “reality show”, segregando a los perdedores. Con la grave diferencia de que ahora lo lleva a cabo en su propia nación, ensanchando aún más la brecha que divide a la sociedad norteamericana.

El  estallido civil, valiente y decidido, que vivió la capital estadunidense el sábado pasado, constituyó una clara advertencia al Presidente número 45 de Estados Unidos de que la población diversa e incluyente de ese país no dará un paso atrás en las conquistas sociales alcanzadas. Los principales valores en la marcha, el pluralismo y la solidaridad le dan a este movimiento cohesión y fuerza moral de la que hoy Trump carece.

La participación de cientos de miles de mujeres y hombres de todos los grupos étnicos, niveles socioeconómicos, y educativos, y la dinámica con que interactuaban: hombres manifestándose por los derechos de las mujeres, blancos por los negros; antiguos combatientes en contra del rearme, empresarios que no renuncian a la solidaridad y, estadunidenses defendiendo a mexicanos, constituyen una sinergia que no deja lugar a la menor confusión. Se trata de unir, de ensamblar lo diverso, de amalgamar y  llenar de sentido y de energía a la pluralidad. La resistencia civil estadunidense conjuga los verbos presente y futuro; se habla de tu con el poder, evidenciando su nacimiento como un auténtico contrapoder.

Pero nada de todo esto pareció hacer mella en el mandatario Trump, quien se limitó a preguntar en su cuenta de Twiter: “¿Dónde estaban esos inconformes a la hora de votar?”.

Si como todo el mundo sabe, fue el colegio electoral quien le dio el triunfo a Donald Trump, tal vez lo que la resistencia civil estadunidense debería demandar a sus legisladores de forma prioritaria es un cambio en la ley electoral que reconozca el valor de los votos ciudadanos. Por lo pronto, un muy amplio segmento de la sociedad estadunidense que no votó por Trump se ha constituido en resistencia civil que actuará como contrapoder con el belicoso empresario. No habrá que perderlos de vista.
rayarenas@gmail.com