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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • ¿Del bullying a la negociación?

No obstante que su primer “bullying” como mandatario fue contra México, (a través de su cuenta de Twitter, por supuesto) reiterando lo dicho durante su campaña: la revisión del TLCAN; la deportación de millones mexicanos indocumentados que trabajan en aquel país y la construcción de un muro en la frontera entre ambos países, pagado por México, la andanada de acciones hostiles de Donald Trump se han extendido por todo el mundo.

En apenas dos semanas, el belicoso mandatario se ha dado vuelo firmando acuerdos ejecutivos de todo tipo: contra el Obamacare; en materia comercial apoyando el proteccionismo a ultranza, en materia migratoria, sancionando a los “Estados Santuario” de la Unión Americana, que no reportan ni ponen en manos de la justicia federal a los migrantes indocumentados; prohibiendo la  entrada a Estados Unidos de refugiados musulmanes; y en materia de cooperación internacional, cancelando los recursos financieros a ONGs que apoyan la planeación reproductiva y el aborto, por mencionar algunos.

Acuerdos ejecutivos, algunos de ellos, que con la sola firma del mandatario empezarán a funcionar, pero otros, que requerirán del voto mayoritario del Congreso, o de una resolución del Poder Judicial,  o que el Gabinete de Trump haya sido aprobado y en funciones.

En todo caso, Donald Trump no ha querido perder tiempo ni imagen ante sus votantes ni ante el mundo, y no ha parado de firmar ominosos acuerdos para decirle al mundo que él tiene el poder.  De ahí las crecientes manifestaciones de protesta en las principales plazas y aeropuertos de la Unión Americana, en contra de los valores y acciones del belicoso mandatario.

En su relación con México, Trump ha mostrado su desprecio hacia los mexicanos y su falta de respeto hacia nuestro Gobierno de forma deliberada. El bofetón propinado al canciller mexicano y al secretario de Economía, enviados de Peña Nieto  para negociar con el equipo de Trump, mientras éste anunciaba su decisión unilateral,  muestra “la mala leche” del republicano, quien sigue al pie de la letra su receta frente al adversario: “Al débil lo destruyo, con el fuerte negocio”.

Un desafortunado primer round, en el que Trump no ha visto una sola razón para negociar con México. Su secretario de Economía, Wilburg Ross así se lo aseguró. De ahí que haya preferido jugar como el gato con el ratón.

Pero los escenarios cambian y la compulsiva vocación de Trump por el bullying le está allegando cada día que pasa más y más enemigos de todos colores y tamaños, que empezarán a responderle en todos los tonos, más pronto que tarde. Esto hará que Trump necesite de aliados estratégicos y forzosamente tendrá que pensar en México y de pronto tendrá interés en escuchar a nuestro Gobierno. Para bailar se requieren dos interesados, para negociar igual.

Mientras se agudizan las contradicciones entre Trump y el mundo, bien haría México en desarrollar una estrategia de cabildeo, con despachos gringos, conocedores del cómo y cuándo hasta la médula, para buscar el apoyo de las dos facciones que sí le importan a Trump: Los congresistas y los empresarios de aquel país, que no querrán salir perjudicados por las ocurrencias de su Presidente. También tendría que armar un equipo de abogados que denuncien ante los Tribunales estadunidenses e internacionales los excesos que pretende Trump. Todo esto, mientras llega el momento de negociar de verdad. No pasará mucho tiempo.
rayarenas@gmail.com