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Agenda Ciudadana

  • Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas Martínez
  • Los demonios, de nuevo andan sueltos

El bloqueo durante seis días, del acceso principal al Puerto de Salinas Cruz y a la refinería Antonio Dovalí Jaime, la más importante del sureste del país, por parte de la sección 22 de la CNTE, provocando el aislamiento de numerosas poblaciones y el desabasto de gasolina en toda la región, obligó a la llegada de la policía federal con el fin de liberar estas vías estratégicas. Una decisión que, de principio, nadie puede, desacreditar, ya que es responsabilidad del gobierno aplicar la ley para todos, y la disidencia magisterial la estaba infringiendo violentamente.

La negativa de la CNTE a liberar los bloqueos, enfrentando violentamente a la policía federal provocó el encarnizado enfrentamiento que culminó en tragedia, con un saldo de 6 muertos y decenas de heridos y detenidos. Cada una de las partes, niega haber hecho los disparos. Las versiones de los medios enfatizan su postura a favor o en contra, dependiendo de su línea editorial. Otros más, opinan que hubo infiltraciones, para que corriera la sangre, para llevar el problema a un punto de no retorno, que obligara al gobierno federal a revirar en este y otros temas.

El escenario es complejo, por los muchos intereses entreverados, que nos hacen temer que el conflicto se extienda y crezca, con el riesgo de consecuencias inmanejables; situación en la que todos saldríamos perdiendo.

El problema no es nuevo. La negativa a la reforma educativa por parte de la CNTE  la hemos venido presenciando desde que la dio a conocer el presidente Peña Nieto. La evaluación magisterial, punto nodal de la reforma, no gustó a la dirigencia de la CNTE, al darse cuenta de que el esfuerzo individual de cada maestro por preparase y tener acceso a mejoras en su ingreso y condiciones laborales, les quitaría poder y control sobre sus agremiados, a quienes durante muchos años han venido manipulado a voluntad, favoreciéndolos a cambio de realizar plantones, marchas, cierre de carreteras, incendiar edificios públicos, destruir bibliotecas, golpear a padres de familia, secuestrar funcionarios, etc. Todo lo que fuera necesario para lograr manipular, año tras año, al gobierno de Oaxaca y también al federal. Ese fue desde siempre su modus operandi, mismo que radicalizaron ante la reforma educativa, a la que se han opuesto a ultranza, por considerarla atentatoria contra sus privilegios e intereses.

Durante muchos meses, la inconformidad de la CNTE a la reforma, encontró, hay que decirlo, la comprensión -para muchos excesiva- del gobierno. La CNTE manifestaba su inconformidad de forma violenta, con actos de vandalismo y bloqueos de vías de comunicación, y el gobierno federal, a través de la Segob, siempre se mantuvo abierto al diálogo, otorgándoles a los líderes cuanto pedían, y cada vez pedían más; mientras la SEP con Emilio Chuayffet a la cabeza, siempre se mantuvo al margen, con un silencio vergonzoso. El problema de por si complejo, al no resolverse, continuó creciendo. Hasta que llegó Aurelio Nuño como titular a la SEP, y tomó con  firmeza el timón de la reforma educativa, con todos sus riesgos.

Desde su llegada, Nuño declaró que estaba abierto al dialogo con la CNTE, pero que la reforma educativa era irreversible, y aquellos maestros que no la acataran serían sancionados. Al ver que la reforma educativa, ahora si iba en serio, la CNTE decidió jugarse el todo por el todo, buscando “agudizar las contradicciones” como la única y ultima oportunidad para lograr su cometido: forzar al gobierno federal a revertirla. Eso es lo que estamos viendo.

La alianza de la CNTE con Andrés Manuel López Obrador, quien hoy dice defender la causa disidente, sin importarle el perjuicio que ésta ha dejado a cientos de miles de niños que se han quedado sin clases y sin maestros, es parte de la estrategia. Y hasta el EZLN, decidió salir de su “Año sabático” para compartir reflectores con la CNTE. No olvidemos que el 2018 está cerca y que todos quieren jalar de esa agua para su molino.

Frente a este escenario incierto y ominoso, es preciso que se privilegie el diálogo y la búsqueda de acuerdos. Que se instale, cuanto antes, una mesa de negociación que podría estar encabezada por ciudadanos probos, experimentados y de reconocido prestigio, que busquen serenar los ánimos y hasta donde sea posible, la obtención de acuerdos. El problema no es en blanco y negro, tiene fundamentales matices que tendrán que analizarse, discutirse y resolverse a como dé lugar.

Si como todo apunta, los demonios andan sueltos, no podemos dejar que tomen vuelo. El riesgo es altísimo.

rayarenas@gmail.com