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“Ahí te dejo esos dos pesos…” / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

“Pagas la renta, el teléfono y la luz
“. Así se vio la Comisión Nacional del Salario Mínimo, al fijar el incremento anual. De nuevo la tomadura de pelo a los miles y miles de aztecas, que tratan de sobrevivir con semejante ingreso.

Dejó de ser suficiente, hace décadas. Como todo en este país de la hipocresía, se continuó utilizando y aunque las autoridades sostengan que cada día son menos los que tienen esas percepciones, la realidad y el número de pobres en aumento, confirman que es falsa la aseveración.

¡Diantres!, ¿puede alguien cubrir los gastos, ni siquiera de una persona, con un sueldo de tal miseria? A eso contestaría, la mentada Conasami, que se atuvieron a los índices de inflación, que fija el Banco de México.

Si por la institución que dirige el enorme señor Carstens fuera, daría la impresión de que vivimos en jauja. Una inflación que decrece mes a mes, unas tasas de interés “accesibles”, una bonanza macroeconómica “estable, blindada”.

El engaño a quienes padecen las de Caín, para llevarse una tortilla a la boca, es insultante. Agravian datos que podrán ser muy exactos, de acuerdo a los parámetros de la macroeconomía, pero que nada tienen que ver con la realidad.

Con un peso en decadencia y la millonada de productos que importamos, ¿pagaremos lo mismo por consumirlos, que cuando el dólar estaba en 12 o 13 pesitos? Hasta a un tonto de baba se le ocurre que, por fuerza, van a subir.

Las amas de casa, que constituyen uno de los conglomerados más inteligentes para las finanzas, responderían con un no, rotundo. Cualquiera que haga la compra estará consciente de que “ya no alcanza”.

Que sepamos, “no se ha hecho la luz” en cuanto a la productividad nacional y seguimos con la necesidad de traer del extranjero, materias primas, granos y un sinfín de productos alimentarios. Hace años que se puso de moda el “vegetarianismo”, en vista de los precios de la carne. Entonces se dijo que había que consumir pescado y ¡pácatelas!, igual se fue por las nubes. Lo grave es que los vegetales y las verduras rinden poco y cuestan mucho, así que a darle a la sopita de pasta, llenadora y medio baratona.

Un yogurt “light”, que te comes de dos cucharadas, vale la friolera de 4.60 A los niños les tienes que dar de los de leche entera y esos cuestan mucho más. Media papaya pequeña, 31.65, apenas y para dos personas.

Podría acabar el artículo refiriéndome al costo impresionante de los alimentos y eso sin tener en cuenta el gas para cocinarlos, el tiempo y los diversos ingredientes, incluso los que sazonan.

Se vuelve un lujo cualquier cosa. Un chocolate, importante -digan lo que digan- para un niño, 19 pesos. Si lo que se buscó, de acuerdo con los genios que les impusieron impuestos especiales a las golosinas y las botanas, era evitar su compra y que los aztecas perdieran peso, ni se ha conseguido y por el contrario, a la infancia la condenan a no probar ni un pedacito de glorioso cacao.

Se habla de nutrición y, lógico, de la urgencia de reducir la obesidad. No es con mayores tasas con las que se va a terminar el problema. Se dice de los refrescos y se olvida la necesidad que tiene una persona desnutrida, con un esfuerzo de trabajo físico excesivo (por ejemplo, albañiles), de beber un agua azucarada que, aunque sea en apariencia, le da energías.

Por lo pronto, el “extraordinario” aumento de 2.94 al mínimo es lastimoso. Vergüenza debería darles a quienes pagan cantidades que condenan a la hambruna y peor, a comisiones que solo sirven para hacer lo que les dicen que hagan.
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Tuiter: @catalinanq