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Al amparo del divorcio / De Justicia y otros Mitos / Sergio Arturo Valls Esponda

  • Sergio Valls Esponda

A pocos metros de la entrada de un inmueble que alberga juzgados en materias civil y familiar, con frecuencia se ve estacionado un vehículo viejón y sucio. El parabrisas cubierto por una lona, con la siguiente leyenda: “Abogado – UNAM. DIVORCIOS $3,000.00 AMPAROS $6,000.00”. En seguida, un número de celular. La imagen forma parte ya del paisaje urbano, entre puestos de garnachas, franeleros cobrones, vendedores de películas, cd´s, bolsas, lentes (por supuesto, todo pirata) y el infaltable vendedor de papas y chicharrones, de ésos que dosifican medio limón para 25 bolsas y 15 chicharrones. El caso es que hace unos días vi a una persona parada frente al carro tomando una foto con su celular al cartel del abogado-UNAM. Traté de deducir si estaba considerando divorciarse o ampararse.

Por su aspecto dubitativo, la camisa mal planchada que se ceñía a un torso encorvado, y la mirada fija en ningún punto, imaginé una tensa situación conyugal que lo estaba orillando a tomar la nunca fácil decisión de divorciarse. Me dio por pensar, por la manera en que lo doblegaba el peso de los problemas, que probablemente sería su segundo fracaso matrimonial, la angustia de dañar a sus hijos.

Recordé los ya lejanos años ochenta, cuando los divorcios eran excepcionales y nos sobrecogían películas como “Kramer vs. Kramer”. Entonces, según el INEGI, por cada cien matrimonios había cuatro divorcios. La siguiente década esa cifra casi se duplicó. Para 2010 el número llegó a 15 y en la actualidad casi alcanza los 20. El negocio no debe ser malo, pues la demanda va a la alza.

La forma como se han modificado en los últimos años las relaciones familiares y de pareja, es muy impresionante. Según cifras oficiales, 60 por ciento de ciudadanos mayores de quince años se encuentran casados o en unión libre; 30 por ciento son solteros y el resto divorciados, separados o viudos. Por otra parte, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares, 37.2 por ciento de las mujeres solteras declaró haber padecido algún tipo de violencia por parte de su última pareja. Esta proporción se incrementa a 44.8 por ciento entre las mujeres casadas o en unión libre, de las cuales, 89.2 por ciento sufrió violencia emocional (este tipo de violencia incluye menosprecios, amenazas, y prohibiciones, entre otros). En tanto, 56.4 por ciento padeció violencia económica, 25.8 por ciento fue víctima de algún tipo de violencia física y 11.7 por ciento tuvo algún incidente de violencia sexual por parte de su pareja. El infierno.

Mientras recordaba, no perdía de vista a aquel atribulado hombre. Quién sabe cuál sería la causa de su problema, pero aspecto violento no tenía. Al ver que, compungido, se sentaba en la banqueta, decidí protegerlo del coyotaje. Me acerqué y le hablé de la existencia de un Centro de Mediación y Conciliación; también mencioné los servicios de defensoría de oficio en temas familiares del Tribunal Superior de Justicia. Con cierta molestia, me respondió que él ni siquiera estaba casado. Que si lo atrajo aquel anuncio fue por su interés en un amparo, pues lo que más le gusta es fumarse un cigarrito de marihuana antes de dormir y querría hacerlo con todas las de la Ley. Pero, ¿seis mil pesos? Con eso le alcanza para la dotación de todo el año. Cerró con un elocuente “hasta en eso joden a los pobres”. Esquivando el carro de chicharrones, apresuré el paso a mi labor. Entendí que no debemos juzgar sin conocer la verdad de los hechos.