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Al Maestro, por siempre

  • Jaime Alcántara

In Memorian de GUSTAVO CARBAJAL MORENO, 

formador de generaciones políticas.

  • Jaime Alcántara S.

Siempre le dije Maestro, aunque nunca lo tuve como tal, académicamente. Siempre lo respeté, como cuando lo conocí; igual cuando fue mi par.

J. Alberto Aguilar Iñárritu hizo, ayer, una magnifica semblanza; más meritoria en cuanto a su capacidad de síntesis; me ahorra esa parte.

Habíamos hecho un largo viaje a Hermosillo, en “El Político”, un bimotor que se hizo seis horas para llegar, desde México. La idea era estar en la toma de protesta de Samuel Ocaña, candidato a gobernador.

Cuando Carlos Sansores, a la sazón, presidente del CEN del PRI, pasó a pronunciar su discurso, terminó diciendo: Hoy se cierra un ciclo en mi vida (…) El Presidente López Portillo me ha invitado como Director General del ISSSTE.

En ese momento, Jorge Jure (QEPD), corrió hacia Gustavo Carbajal, para felicitarlo. Esa demostración tenía su lógica. Carbajal, apenas si se inmutó. Es más, trató de que nadie viera lo que hizo Jorge.

Y así se condujo, aún con el poder impresionante que llegó a tener.

El hombre no era un gran orador, es más tenía una cierta dificultad para hablar, en la tribuna. Sin embargo, sabía imponerse en determinadas circunstancias.

En Guadalajara, durante el acto de toma de protesta de los candidatos a diputados locales y presidentes municipales, hicieron uso de la palabra Reyes Rodolfo Flores Zaragoza, excampeón nacional de oratoria, con voz de tenor; Flavio Romero de Velazco, reconocido orador. Cuando pasó el maestro, algunos tenían sus reservas acerca de la elocuencia, en comparación con aquellos dos gladiadores de la palabra: se impuso. Todo mundo coincidió que había sido el mejor.

Tenía otra gran cualidad, sabía entender bien su papel de líder.

Alguna vez recibió a los presidentes de los Comités Distritales del entonces Distrito Federal, para pedir su intervención, porque diferentes delegados políticos no sólo no hacían caso de las demandas ciudadanas, por su conducto; sino que al recibir una sugerencia, petición, solicitud de un priísta, seguro que la resolvían en contra.

Con el entonces regente, Carlos Hank González, frente a los dirigentes referidos y delegados, dijo: Si los señores delegados aquí presentes no hacen caso a los presidentes, tumben la puerta y métanse. Ustedes fueron electos, si bien por un partido, pero somos mayoría y representamos a millones de ciudadanos (eran otros tiempos).

Hank González, prudente y talentoso, dijo: eso no es necesario. Los Delegados tienen instrucciones de recibir a todo mundo y, con mayor razón a quienes tienen algún liderazgo, alguna representación.

Para la primera legislatura de la Reforma Política, de 1978, con miras a concretarse al siguiente año, en la LI, el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles (grande entre los grandes), le dijo a Carbajal: Licenciado, el PRI no se puede dar el lujo de perder más allá de 70 curules (eran otros tiempos).

En ese entonces se iban a elegir 400 Diputados, 300 de mayoría y 100 de representación proporcional.

Quizá el licenciado Reyes Heroles había visto algún asomo de novatez en Carbajal y lo dijo, como lo decía el gran teórico mexicano, con carácter. En esa Legislatura, el PRI sólo perdió cinco diputaciones de mayoría.

Trató con personajes de todos los niveles, en México y en el extranjero. Siempre fue respetado pero, también, de una gran sencillez, dispuesto, amable.

A grandes saltos, aunque parezca un contrasentido, estos fueron algunos de los primeros pasos de su fructífera vida. Lo que siguió, fue lo que más abonó al prestigio de su existencia…

jaimealcantara2005@hotmail.com