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Alejandra Barrales, el beneficio de la duda

  • René Arce

René Arce Islas

El PRD ha entrado a un nuevo proceso de recambio en su presidencia nacional, en dicha fase se presentaron dos candidaturas: por un lado, Alejandra Barrales, y por otro Pablo Gómez. El resultado claramente favorable a la ex secretaria de educación capitalina, deja varios puntos para su análisis.

El primero es el uso político del que fue objeto mi amigo Pablo Gómez por parte de varias corrientes quienes le ofrecieron su apoyo político hacia la presidencia, pero en el momento de la votación lo dejaron solo. Lamento que con su experiencia, Pablo les haya creído a los dirigentes de esas corrientes, quienes históricamente han tomado las decisiones en función de sus intereses pragmáticos de grupo. Únicamente las corrientes encabezadas por Carlos Sotelo y Miguel Barbosa respetaron su acuerdo con Pablo.

La derrota de Pablo Gómez y su discurso posterior en el anuncio de su salida como representante del PRD ante el INE no deben ser echados en saco roto. Con la claridad en la exposición de ideas que siempre lo ha caracterizado, Pablo enciende los focos rojos hacia los riesgos de la gestión de Alejandra Barrales. Ella deberá de empezar a tomar posturas claras en temas políticos que guíen al partido hacia lo que debería ser una oposición clara hacia el partido en el Gobierno.

El discurso de la nueva presidenta debe pasar de temas coyunturales y la zona de confort de las generalidades hacia la visión política que ella tiene para el partido. El cambio de discurso hacia el énfasis del país que el PRD quiere, obliga a salirse de la búsqueda de quedar bien a lo interno del partido para poner la agenda en la sociedad en general. Durante la presidencia de Agustín Basave se pasó de un discurso primordialmente interno partidista hacia uno externo,  la población supo qué es lo que quería el PRD a nivel nacional y votó en consecuencia.

Alejandra Barrales tiene el reto de mandar el mensaje interno y externo con su toma de decisiones en las elecciones del 2017. La ruta política que la nueva presidenta impulse mostrará si las declaraciones que hizo Pablo Gómez tenían sustento o no: el PRD puede seguir el camino de ser un partido opositor y con capacidad de derrotar al PRI, incluso en su estado insignia, el Estado de México; o dejará ir la oportunidad de consolidar un gran frente amplio en todo el país a causa de los intereses y pactos que tienen personalidades al interior del PRD con otros actores fuera del partido.

He de confesar que me mantengo escéptico de la designación de Alejandra Barrales como presidenta del partido, no como un tema personal, sino como un tema de ideología política. El criterio que puedo formar de la nueva presidenta pasa por una lectura en la cual sus posturas ideológicas trascendentales nunca salen de una zona de confort perfectamente calculada, me gustaría que ahora como presidenta nacional, entre al debate político e ideológico de las grandes necesidades de nuestro país. Solo así tanto la militancia del partido como la sociedad en general, sabremos qué esperar del PRD en el 2017 así como la tendencia hacia el 2018.

El PRD durante los últimos años ha virado en sus líneas políticas, la oportunidad de Alejandra Barrales está en la decisión de que el partido sea oposición verdadera o dinamite el voto de toda la oposición, favoreciendo a la alianza del gobierno. Mientras tanto, lo que debemos darle a Alejandra todos los militantes del partido es el beneficio de la duda. Que decida lo mejor para el país, más allá de los intereses no solo del partido, sino de los grupos al interior.
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