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Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Contra la corrupción

Brasil está en un largo proceso en el que la lucha contra la corrupción es tema espinoso, aunque ésta no salió a relucir en la destitución de la hasta hace muy poco presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Solo se manejaron temas económicos y políticos. Los argumentos aducidos durante el juicio de procedencia en el Senado brasileño giraron en torno a actos incorrectos de su Gobierno, sobre todo en el manejo de las cuentas de los dineros públicos. Omitieron incluir la corrupción evidente. Falta ver lo que resuelve el Senado en el juicio de instrucción.

Ningún juicio a un jefe de Estado o de Gobierno está libre del tema político. Ni en el análisis de su procedencia ni menos en la instrucción. El resultado puede anticiparse con solo conocer la integración del Congreso y las relaciones mantenidas a través de los años entre la indiciada y sus juzgadores. En el caso que nos ocupa, el Congreso no solo está atomizado en más de 15 partidos, también el partido que apoyó a Dilma en la elección ahora está en franca minoría (13.5 por ciento) y dividido.

Complica el asunto que las relaciones entre la presidenta y ambas Cámaras del Congreso siempre fueron distantes y ríspidas, con acusaciones mutuas de corrupción. Sin comprobar los argumentos, ni siquiera por el fiscal federal, las diferencias se manejaron en los medios de comunicación en vez de resolverse por canales institucionales. Tampoco ayudó el hecho de que Dilma no hubiera sido alguna vez legisladora (su primer puesto de elección popular fue la presidencia).

A pesar de grandes escándalos de corrupción, especialmente en la empresa petrolera del Estado, Petrobras, éstos no han aflorado en el proceso. Durante el proceso de procedencia solo se le acusó de manipular las cifras fiscales del Estado, incorporando como ingreso recursos de bancos oficiales. Se argumentó solo la usurpación de la prerrogativa del Congreso de autorizar gastos públicos, y que se maquillaron las cifras de déficit para dar la sensación del sano manejo de las finanzas públicas, cuando en realidad se estaba llevando al país a una debacle económica.

La corrupción de Petrobras y de otras áreas del Gobierno no ha aflorado, quizá porque algunos legisladores también han sido señalados como corruptos y por eso no quisieron ahondar en el tema. Pero es uno actual tanto en medios como en la conciencia ciudadana, y tarde o temprano Brasil tendrá que abordarlo para intentar erradicar esa lacra.

En México también ha habido cuentas alegres en finanzas públicas y se ha endeudado al país con obras de dudoso valor, pero antes que enjuiciar por esa razón a nadie, debemos buscar erradicar la corrupción. Exactamente al revés de lo hecho en Brasil. Enjuiciar primero a quienes se han enriquecido ilícitamente al otorgar contratos y hacer obras millonarias con jugosas comisiones aunque luzca más destronar presidentes.

daaiadpd@hotmail.com