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Adiós a un héroe cívico

  • Alejandro Díaz

La semana pasada falleció Luis Héctor Álvarez, mexicano notable cuya influencia determinó la construcción de la modernidad política: Su presencia en la arena política durante más de medio siglo, cambió las formas públicas. Promotor infatigable de la participación y de la no violencia, combatió el autoritarismo y la imposición en México.

Industrial exitoso, ingresó a la política de manera inesperada. Por su generosidad aceptó ser candidato a gobernador en la primera ocasión que estuvo en un acto partidista. Sin tener las mínimas posibilidades de ser electo ante las condiciones impuestas por un Gobierno autoritario, realizó una campaña insólita. Sin triunfar, su actuar fue tan alegre que entusiasmó a mexicanos de todos los rincones del país, llevándolo a encabezar la siguiente campaña presidencial de su partido.

A pesar de saber que no le reconocerían más que una fracción de los votos emitidos, con nobleza se lanzó por todo el país. Con pocos recursos del partido, sin ninguno público y sin más armas que el ideal, enfrentó a un sistema autoritario que llegó al extremo de encarcelarlo por competir por la Presidencia. Su breve paso por una prisión municipal lo hizo ser reconocido como un paladín cívico de la no violencia.

Al término de la campaña volvió a las actividades empresariales, para recuperar tanto su vida privada como sus finanzas, ambas desgastadas por el trabajo realizado. Durante dos décadas y media combinó la vida familiar y el trabajo diario en su empresa con la ocasional participación como consejero del partido al que se integró.

Cuando volvió a la vida pública para buscar ser presidente municipal de Chihuahua, ganó sin problemas la elección porque supo organizar un eficaz equipo. Junto con éste cambió la faz de la ciudad y el sentido del servicio público. Cuando terminaba su periodo, no buscó ser candidato a gobernador, sino apoyó al alcalde de Ciudad Juárez, y cuando el Gobierno nuevamente recurrió al fraude, junto con dos amigos se declaró en huelga de hambre y durante 40 días mantuvo a la opinión pública en vilo. Movió conciencias ciudadanas sin lograr que el Gobierno escuchara. Levantó la huelga al convencerse que éste no cedería.

Más tarde, apoyado por amigos de todo el país, ganó la presidencia de su partido para cambiar radicalmente las formas de hacer política. Con organización y capacitación multiplicó la presencia partidaria en todo el país. Privilegió el diálogo sobre el enfrentamiento estéril, logró se estableciera el IFE y un padrón verificable, así como la credencial para votar con fotografía. Entonces se ganaron presidencias municipales en números nunca vistos hasta entonces, y los primeros gobernadores.

Aumentó la pluralidad en los Congresos locales y en el federal fomentando el debate para que dejaran de ser simples oficinas de trámite.

Quienes nacieron después de 1990 ignoran lo que es un Gobierno autoritario pues han conocido la competencia política y la alternancia. México es hoy un país plural, pero seguimos necesitados de la guía de personas como Luis H. Álvarez para acabar con la corrupción.

daaiadpd@hotmail.com