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Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

  • Exigencia de competitividad internacional impulsa intensiva capitalización (II)

El pasado lunes 16 se comentaba en este espacio en torno al fenómeno de que son las empresas con mayor dosis de capital las que resultan más rentables y productivas, pero son también las que emplean menor proporción de mano de obra, en tanto que las empresas o actividades con mayor proporción de mano de obra son, por regla general, las menos productivas y rentables. Ello está provocando que la gran mayoría de los empleados, el 60 por ciento que está en la informalidad, perciban apenas un 23.7 por ciento del ingreso, mientras que el 40 por ciento de los empleados que están en el sector formal se quedan con más del 75 por ciento del ingreso.

Pero eso no es todo, ya que también dentro del sector formal se presentan enormes diferencias de productividad y rentabilidad. Por regla general entre más grande es la empresa y mayor es su índice de capital invertido por mano de obra ocupada, mayor es su productividad y rentabilidad. Evoquemos el impactante reporte McKinsey “Historia de dos Méxicos: crecimiento y prosperidad en una economía a dos velocidades”, en el cual se pone de relieve el que entre 1999 y 2009, las pequeñas empresas mexicanas en lugar de aumentar su productividad la vieron en marcha de reversa a un ritmo de -6.5 por ciento anual y en abierto contraste las grandes empresas incrementaron su productividad al 5.8 por ciento anual.

Pero ese extraordinario incremento de productividad de las grandes empresas no se logró con incremento del personal, por el contrario, éste se mantuvo a lo largo de esa década estancado en el 20 por ciento del total ocupado, mientras que las pequeñas empresas que iban de reversa ocuparon cada vez mayor proporción de personal, pasando del 39 al 42 por ciento del empleo total, generando apenas el 10 por ciento del valor agregado total.

No deja de ser paradójico el que, mientras las revolucionarias y aceleradas innovaciones científico tecnológicas fluyen por los sectores productivos modernizándolos e incrementando sustantivamente sus niveles de productividad, la economía del mundo en lugar de avanzar al paso que marcan los abundantes e impresionantes avances tecnológicos que está generando nuestra sociedad postindustrial o del conocimiento, haya una notable caída o desaceleración en los ritmos de crecimiento económico.

De acuerdo con el economista Robert J. Gordon, el promedio del crecimiento anual per cápita en Europa entre 1955 y 1975 fue del tres por ciento, pero entre 1975 y 1985 bajó al 1.5 por ciento y en los últimos 30 años cayó hasta el 0.5 por ciento anual. En los EUA, como se señalara en la colaboración del pasado lunes nueve, citando a Robert B. Reich, sucedió una desaceleración muy similar, pero tanto en EUA como en Europa, en abierto contraste con ese menor dinamismo en el crecimiento económico, lo que ha aumentado a acelerado ritmo es el ingreso de los ultra-acaudalados.

El problema de esta concentración del ingreso no radica tanto en el resquebrajamiento de una justiciera equidad social, como en una severa falta de funcionalidad del sistema económico, ya que ese enriquecimiento de los ultra-acaudalados, esa agudización de la concentración del ingreso combinada con una limitación del poder adquisitivo de la inmensa mayoría del conjunto de la sociedad, ocasionada por una degradación de la calidad del empleo o por pérdida de los mismos, se traduce en que los minúsculos estratos sociales con creciente y cuantiosa riqueza, que les brinda elevada capacidad de ahorro, se ven inhibidos a invertir o reinvertir sus abundantes ganancias en actividades productivas, en virtud de que sus expectativas y posibilidades reales de ventas por producción incrementada se ven drásticamente castigadas por mercados sin suficiente capacidad adquisitiva.

O como diría Robert Reich, se está quebrantando el Acuerdo Básico de retribuir a los trabajadores con las remuneraciones suficientes, para que puedan comprar los bienes y servicios que producen. Pero quizá más grave aún: se está excluyendo a muchos de participar en las actividades productivas más rentables económicamente y de más elevados precios mercantiles, porque éstas ocupan muy poca mano de obra y mucho capital, incorporado en avanzadas maquinaria, tecnología y equipamientos.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

Lamentable paradoja entre un acelerado desarrollo tecnológico-productivo y un estancamiento de la demanda agregada. McKinsey.