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Alejo Martínez Vendrell*

  • Alejo Martínez

Concentración del ingreso, vía idónea para provocar crisis económicas

Quisiera tratar de aprovechar las lecciones que son posibles de extraer de experiencias que han vivido países desarrollados como Estados Unidos de América (EUA) y que son expuestas y analizadas con extraordinaria maestría y profundidad por Robert B. Reich en un estupendo libro titulado “Aftershock. The Next Economy & America’s Future”. Aunque se trate de experiencias acontecidas en latitudes por completo diferentes a la nuestra, creo que de ninguna forma se encuentran muy distantes de lo que estamos viviendo y podemos vivir en un futuro próximo.

Quien fungiera como singularmente eficiente secretario del Trabajo en el gabinete de William Clinton y que ahora se desempeña como prolijo escritor y profesor en la Universidad de California en Berkeley, sostiene que la época de Gran Prosperidad la vivió EUA de 1947 a 1975. A lo largo de esta etapa hubo un plausible apego a lo que considera el “Acuerdo básico” (Basic bargain) de una sociedad humana, mediante el cual la nación provee a sus trabajadores del dinero suficiente para que puedan comprar lo que ellos producen. Se trata de una estrategia fundamental de impulso para una economía altamente productiva, que resulta además de suma importancia para mantener el equilibrio y la armonía sociales. Una economía avanzada con producción masiva, exige como complemento ineludible un consumo igualmente masivo.

Pero después de esa etapa de notable prosperidad, hacia finales de los 70, mientras la productividad continúa en ascenso, el Acuerdo Básico se va quebrantando, ya que el pago salarial promedio comenzó a estancarse, y por otro lado, crece la distancia entre este salario promedio y el de los CEO (Chef Executive Officer), de manera que de una diferencia entre ambos durante la Gran Prosperidad de 30 veces salta hasta 300 veces.

Para agravar la situación, el Gobierno decidió desregular las finanzas de Wall Street y al hacerlo propició que éstas, que hasta entonces habían cumplido con su función de servicio a los sectores productivos, se convirtieran en verdaderos amos de quienes debían servir. Por ello, entre 1997 y 2007 crecieron a un ritmo mucho mayor que el resto de la economía, de forma tal que mientras el sector financiero y de seguros obtenía el 10 por ciento de las ganancias de las sociedades mercantiles durante la Gran Prosperidad, para el 2007 ya acaparaba el 40 por ciento, poniendo así a la economía financiera montada encima de la economía real.

Reich explica cómo a medida que el ingreso y la riqueza se iban concentrado en pocas manos, sucedía lo que ya advertía el visionario Marriner Eccles: cuando gente “con gran poder económico tiene una indebida influencia en la formulación de las reglas del juego económico”, la política se revierte y habilita a los ricos para acumular todavía más riqueza e ingresos. Ante este movimiento en reversa del péndulo económico, los estadunidenses recurrieron a tres mecanismos compensatorios para amortiguar el golpe y tratar de mantener el nivel de vida de la etapa próspera.

Primero, ante el declive del salario de los varones, hacia finales de los 70 las mujeres comenzaron a movilizarse hacia el trabajo remunerado y lo hicieron en forma cada vez más intensiva en las décadas posteriores. En 1966 solo el 12 por ciento de las madres con hijos menores de seis años trabajaban fuera de casa. Al final de los 90 ya lo tenían que hacer el 55 por ciento. El segundo mecanismo compensatorio consistió en aumentar las horas de trabajo, asumiendo empleos adicionales. Así se llegaron a conformar las familias denominadas como “familias DINS”: “Doble Ingreso, No Sexo”.

Una vez agotadas esas dos fórmulas compensatorias, el tercer mecanismo radicó en, ya gastados los ahorros, “endeudarse hasta la empuñadura”. Durante la Gran Prosperidad la clase media ahorraba alrededor del 9 por ciento de su ingreso después de impuestos y la deuda promediaba entre el 50 y el 55 por ciento del ingreso neto anual, incluyendo las hipotecas. Para el 2007 el típico hogar estadunidense debía ya el 138 por ciento de su ingreso.

Ese cuadro que pinta Robert Reich para describir el camino hacia la Gran Recesión iniciada en diciembre de 2007 en EUA, tiene un sorprendente parecido con múltiples aspectos que vivimos en México y debiera servirnos como señal de alerta.

amartinezv@derecho.unam.mx  @AlejoMVendrell

La singular importancia de mantener el Acuerdo Básico: que los trabajadores puedan comprar lo que producen.