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Algo no está podrido en Dinamarca / Paul Krugman

  • Paul Krugman

Sin duda, muchas de las personas que vieron el debate presidencial demócrata se habrán sorprendido que Bernie Sanders mencionara a Dinamarca como un modelo de cómo ayudar a los trabajadores. Hillary Clinton puso algunos reparos y dijo que “nosotros no somos Dinamarca”, pero estuvo de acuerdo en que es un ejemplo inspirador.

Un intercambio así habría sido inconcebible entre los republicanos, que no parecen capaces de hablar sobre los Estados europeos de bienestar sin añadir la palabra en “extinción”. Básicamente, en el Planeta Partido Republicano toda Europa es solo una versión más grande de Grecia. ¿Pero, qué tan grandes, realmente, son los daneses?

La respuesta es que los daneses hacen bien muchas cosas y, al hacerlo, refutan prácticamente todo lo que los conservadores estadunidenses dicen sobre la economía. Y también podemos aprender mucho de las cosas que Dinamarca ha hecho mal.

Dinamarca mantiene un Estado de bienestar _ un conjunto de programas gubernamentales, diseñados para proporcionar seguridad económica _ que va más allá de los mejores sueños de los liberales estadunidenses. Dinamarca proporciona atención sanitaria universal; la educación universitaria es gratuita y los estudiantes reciben un estipendio; las guarderías están altamente subsidiadas. En conjunto, las familias trabajadoras reciben más de tres veces ayuda, en tanto parte del PIB, que sus contrapartes estadunidenses.

Para pagar estos programas, Dinamarca recauda muchos impuestos. La tasa más alta del impuesto sobre la renta es de 60.3 por ciento; también hay un impuesto nacional sobre las ventas de 25 por ciento. En total, recaudación fiscal en Dinamarca es de casi la mitad del ingreso nacional, en comparación con 25 por ciento en Estados Unidos.

Si se le describieran estas políticas a cualquier estadunidense conservador, pronosticaría la ruina. Sin duda que esas generosas prestaciones deben destruir el incentivo para trabajar, en tanto que los elevados impuestos deben hacer que los creadores de empleos se escondan o se exilien.

No obstante, es raro decir que Dinamarca no parece un plató de “Mad Max”. Por el contrario, es un país próspero, al que le va bastante bien en cuanto a la creación de empleos. De hecho, es sustancialmente más factible que los adultos en sus años de máximo rendimiento consigan empleo en Dinamarca que en Estados Unidos. La productividad laboral en Dinamarca es más o menos la misma que en Estados Unidos, aunque el PIB per cápita es más bajo, principalmente porque los daneses tiene muchísimas más vacaciones.

Los daneses tampoco son melancólicos: Dinamarca está clasificada cerca o hasta arriba en las comparaciones internacionales de “satisfacción con la vida”.

Es difícil imaginar una mejor refutación a la doctrina económica antiimpuestos y antigobierno, con la que se insiste en que un sistema como el de Dinamarca sería totalmente inviable.

¿Sería imposible reproducir el modelo de Dinamarca en otros países? Por ejemplo, en Francia, otro país que es mucho más grande y más diversos, que Dinamarca, pero que también mantiene a un sumamente generoso Estado de bienestar al que se costea con elevados impuestos. Es posible que no se sepa esto debido a la excesivamente mala prensa que recibe Francia, pero la productividad, también, es más o menos como la de Estados Unidos y es más factible que los franceses tengan empleo durante la edad de máximo rendimiento. Los impuestos y las prestaciones, simplemente, no acaban con los empleos como asevera la leyenda derechista.

De regreso a Dinamarca, ¿todo es excelente en Copenhague? En realidad, no. Dinamarca es muy rica, pero su economía ha recibido golpes en años recientes debido a que su recuperación de la crisis financiera mundial ha sido lenta e incompleta. De hecho, la baja de 5.5 por ciento en el PIB per cápita en Dinamarca desde el 2007 es comparable a las de países con crisis de deuda, como Portugal o España, aun cuando Dinamarca nunca ha perdido la confianza de los inversionistas.

¿Qué explica este pésimo desempeño? La respuesta, principalmente, es las malas políticas monetaria y fiscal. Dinamarca no ha adoptado el euro, pero maneja su moneda como si lo hubiera hecho, lo que significa que ha compartido las consecuencias de errores monetarios como el aumento en la tasa de interés del Banco Central Europeo, en el 2011. Y, si bien el país no ha enfrentado presión del mercado para reducir el gasto -Dinamarca puede pedir prestado a largo plazo a una tasa de interés de solo 0.84 por ciento-, de cualquier forma, adoptó la austeridad.

El resultado es un marcado contraste con su vecina Suecia que no sigue al euro (aunque ha cometido sus propios errores), no ha sido muy austera y ha visto aumentar el PIB real per cápita, mientras ha caído el de Dinamarca.

Sin embargo, los errores monetarios y fiscales de Dinamarca no dicen nada sobre la sustentabilidad de un Estado de bienestar fuerte. De hecho, la gente que denuncia cosas como la cobertura médica universal y los subsidios a la atención infantil, tiende, también, a ser personas que demandan tasas de interés más altas y recortes al gasto en una economía deprimida. (¿Se recuerda todo lo que se habló sobre la “degradación” del dólar?) Es decir, los conservadores estad

unidenses, de hecho, aprueban algunas políticas danesas; pero, solo las que han resultado estar terriblemente equivocadas.

Así es que, sí, podemos aprender mucho de Dinamarca, tanto por sus logros como por sus fracasos. Y permítaseme decir que fue tanto un placer como un alivio oír que la gente que podría convertirse en presidente hablara seriamente de cómo podemos aprender de la experiencia de otros países, en comparación a solo gritar “¡USA! ¡USA! ¡USA!”.