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Almagro, Maduro y la Carta Democrática de la OEA

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

La otrora dispendiosa Venezuela se encuentra hoy padeciendo múltiples adversidades: una brutal catástrofe económica, una abrumadora carencia de bienes básicos y excesivas fallas en servicios fundamentales como el de la electricidad, una fatal carencia de alimentos y medicinas, con millones de personas angustiadas por hambre y con miles de muertes por falta de atención y de medicamentos, una arrasadora crisis por desplome de la obstaculizada producción, una represora mordaza impuesta a los medios de comunicación, una abrumadora hiperinflación, la más elevada del mundo, impulsada por un Gobierno que pretende controlar precios pero es incapaz de controlarse a sí mismo para emitir bolívares sin ton ni son, más unos de los más elevados índices de criminalidad e inseguridad en el planeta.

Además, ante tan explicables como justificadas y crecientes movilizaciones de protesta e inconformidad social, lo que han conseguido como respuesta es la represión con igualmente creciente violencia por un Gobierno carente ya de toda legitimidad, pero que se aferra al poder por la fuerza de la represión y de la sinrazón.

El régimen chavista mantuvo el simulacro de democracia durante el periodo en que detentó la mayoría electoral y le sirvió para concentrar un enorme poder en el Ejecutivo, subordinando a los otros poderes y garantizando la posibilidad de perpetuarse a través de incontables reelecciones. Ahora, ya con la mayoría de la empobrecida y desesperada sociedad venezolana en su contra, al régimen chavista se le ha caído la máscara de la democracia y se propone mantenerse en el poder por todos los medios lícitos o ilícitos a su alcance.

A pesar del derrumbamiento del aparato productivo y de la caótica situación económica, social y política en la que ha caído el país del Arauca vibrador, solo unos pocos países de América Latina han estado dispuestos a pronunciarse en defensa de un pueblo que sufre represión, hambre y carencias básicas. Por fortuna ha habido un cambio radical en la postura que había asumido en su tiempo el mediocre secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien fue sumamente obsecuente ante el grupo de la Alianza Bolivariana impulsada por Hugo Chávez.

Más apegado a la cruda realidad y en cumplimiento de la misión que tiene asignada la OEA, su actual secretario general, Luis Almagro, ha asumido una postura de vanguardia en defensa de la legalidad y de los derechos de la sociedad venezolana, aún a costa de duros enfrentamientos con el autoritarismo del régimen bolivariano, y sin contar todavía con el respaldo de la mayoría de los 34 miembros de la organización. Aún sin ese apoyo, Almagro decidió promover a fines de mayo la activación de la Carta Democrática Interamericana, sometiendo su iniciativa a la consideración de la Asamblea General y al Consejo Permanente de la OEA, lo cual todavía se encuentra en deliberación.

En el informe de 132 páginas que el secretario general presentó ante la Asamblea General de la OEA, se consigna entre otros elementos lo siguiente: “Venezuela hoy es el país más corrupto del continente, que tiene presos políticos, que son torturados y víctimas de tratos crueles” y se formularon siete recomendaciones fundamentales:

-Celebración este año del referendo revocatorio contra el presidente

-Liberación de todos los presos políticos

-Resolver la escasez prevaleciente

-Detener el bloqueo de las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional

-Integrar un nuevo Tribunal Supremo (Hoy sumiso al Ejecutivo)

-Crear un mecanismo independiente de combate a la corrupción (Hoy galopante)

-Incluir a la ONU en la Comisión de la Verdad

La fina, elegante y diplomática respuesta, propia de las características de su régimen gubernamental, proferida por el presidente Maduro, fue: “La Carta Democrática la pueden hacer así: ponerla en un tubito bien fino y darle mejor uso, señor Almagro. ¡Métase su Carta Democrática por donde le quepa!”. No se manifestó el mismo desprecio cuando en 2009 el régimen chavista se constituyó en entusiasta promotor de esa Carta Democrática a raíz de la caída del Gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, ni cuando se lanzó por vez primera en abril de 2002 en protección del propio régimen de Hugo Chávez contra el fallido golpe de Estado que quiso derrocarlo.
amartinezv@derecho.unam.mx     @AlejoMVendrell