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Altas tasas impositivas: receta de Piketty / Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Para tratar de compensar o reequilibrar la acentuada tendencia a la concentración de la riqueza y del ingreso prevaleciente en el mundo, que fuera comentada en este espacio el pasado lunes 28, el mismo diagnosticador de tal tendencia, el hoy mundialmente famoso economista Thomas Piketty, es quien propone impuestos al ingreso de las personas físicas con una tasa máxima de carácter confiscatorio, ya que la eleva hasta un 82 por ciento en el ámbito de los países desarrollados.

Aun cuando reconoce que saber exactamente cuál es el nivel de tasa impositiva que debiera ser aplicado y a partir de cuál nivel de ingreso, requiere de una “deliberación colectiva y de experimentación democrática”, considera que hay niveles de ingreso demasiado elevados, como los que se observan entre los ejecutivos que se encuentran entre el 1 por ciento y el 0.5 por ciento de las percepciones más cuantiosas. Desde tal perspectiva sostiene que “una tasa del orden de 80 por ciento aplicada sobre los ingresos que vayan más allá de 500 mil o un millón de dólares (calculados a 17.50 pesos equivalen de 729 mil a 1 millón 458 mil pesos mensuales), no sólo no obstaculizarían el crecimiento estadounidense sino que, al contrario, permitirían repartirlo mejor”.

Piketty afirma que a medida que bajaron las tasas impositivas para los estratos de mayores ingresos en varios países, fueron aumentando las elevadas percepciones para los principales dirigentes de las grandes empresas, mientras que en naciones que redujeron poco sus tasas superiores, esas percepciones a los cuadros dirigentes progresaron con mucha menor lentitud. Añade que en las décadas de 1950 y 1960 los directivos estadunidenses o británicos mostraban escaso interés en combatir por obtener sueldos muy elevados, ya que las igualmente elevadas tasas impositivas de entonces les despojarían de la inmensa mayoría de esa aumentada percepción.

Pero todo ello cambió a partir de los 1980s, cuando los niveles tributarios para los estratos más pudientes empezaron a caer. A pesar del notable incremento de ingresos sobreviniente para los cuadros directivos, Piketty sostiene que no se apreció que se haya estimulado la productividad. Por lo tanto considera que limitar drásticamente ese tipo de cuantiosas remuneraciones no afectaría la productividad empresarial.

Con el mismo propósito de compensar la acentuada tendencia a la concentración de la riqueza y además para obtener algún control sobre el voraz capitalismo financiero hoy globalizado o mundializado, el destacado economista francés propone también en su “El capital en el siglo XXI”, un impuesto mundial sobre el capital. Sin embargo reconoce que tal tipo de impuesto constituye en la actualidad una utopía, aunque está convencido de que se trata de una utopía útil y realizable a lo largo de un buen tiempo, durante el cual se puede ir avanzando gradualmente en los acuerdos de coordinación y transparencia financiera entre los países. Es oportuno señalar que con la ley FATCA de EUA ya se está avanzando de alguna manera en ese sentido y que la SHCP fue de los primeros en firmar con el Departamento del Tesoro norteamericano un acuerdo al respecto (Nov.19/2012).

Piketty, quien con apenas 22 años ya tenía un doctorado y fungía como profesor asistente en el prestigiado Massachusetts Institute of Technology (MIT), sugiere un impuesto anual de 1 por ciento a los capitales que detenten entre 1 y 5 millones de euros y de 2 por ciento para los que sobrepasen los 5 millones. Además plantea la posibilidad de imponer una elevada tasa de 5 por ciento ó 10 por ciento para las grandes fortunas que excedan un millardo de euros. Para capitales más pequeños apunta la idea de una tasa de 0.1 por ciento para los menores de 200 mil euros y de 0.5 por ciento para los que van de esa cifra a un millón de euros.

En lo personal creo que la mejor fórmula de contrarrestar las graves tendencias a la concentración del ingreso, no es abrumar a los aparatos gubernamentales con una carga tan provocadora de enojos e indignación, y tan fuera del alcance de gobiernos corruptos e ineficientes como el nuestro y en general los de los países subdesarrollados, sino que más bien pudiera encontrarse en el espacio de las propias empresas más modernas, profundizando e innovando sobre la idea lanzada por el gran John Maynard Keynes cuando comentaba en torno a la semana de 15 horas de trabajo.

amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

El gran reto de compatibilizar más productividad y más capital, aumentando el número de trabajadores y disminuyendo el tiempo de trabajo.