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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • Se agudiza la violencia en el país mientras se consolida la impunidad
  • Colima desplaza en el índice de violencia a Guerrero y Sinaloa
  • Asesinatos, levantones y tiroteos, el pan diario de los mexicanos

La bizantina discusión sobre la despenalización de la marihuana ha tendido una cortina de humo sobre los recientes brotes de violencia y enfrentamiento entre la fuerza pública y los ciudadanos en Michoacán, Guerrero y ahora Colima.

La zona del país más compleja es Michoacán, porque las estrategias que se han manejado de mano dura y confrontación directa, no han tenido efecto a corto, mediano ni a largo plazo.

Aún no se implementa una política integral. La violencia corre como reguero de pólvora en el país, porque solo se pretende combatirla con la confrontación.

Los hechos violentos registrados en Oaxaca, Guerrero y Michoacán son distintas manifestaciones de un mismo fenómeno, que ha creado la estrategia de la mano dura porque únicamente ha podido generar consecuencias inesperadas, acompañadas con violaciones a los derechos humanos.

En el territorio nacional, hay lugares donde la violencia se vive con mayor intensidad, aunque en toda la República hay escenarios violentos como lo señalan los índices oficiales, porque las poblaciones que los sufren no tienen más salidas para denunciarlo, que cuando buenamente les dan un espacio en las televisoras.

En entidades como Colima y Jalisco ha vuelto a enseñar su peor rostro la violencia con tortura y desaparición forzada, porque las autoridades implementaron la política de confrontación directa.

De acuerdo con Perseo Quiroz, director ejecutivo de Amnistía Internacional México, consultado por Alto Poder, “la implementación del Mando Único en todo el país es una discusión que va por el lado equivocado. Las acciones no tienen que ver con un mando unificado o diversos mandos con controles efectivos a las fuerzas encargadas de hacer cumplir la ley. Bajo la actitud que se advierte en la administración pública y la cerrazón de no admitir la crítica internacional y no cambiar las estrategias que implementa el Gobierno de la República, resultará imposible combatir la violencia”.
A DIARIO ASESINAN A 55 PERSONAS

Ha resultado muy fácil a los analistas culpar a los gobiernos federal, estatales o municipales, que esa desgracia nacional se presenta como una excusa para no dar resultados efectivos.

Cuando las cifras se convierten en estadística, las palabras, los discursos huecos y las salidas ocurrentes de los funcionarios se van al cesto de la basura.

Durante febrero de este año se contabilizó un promedio de 55 personas asesinadas diariamente, lo cual representa el mayor número desde enero de 2014, cuando se inició el registro oficial de víctimas.

Los datos reportados en el segundo mes del año representan más de 51 averiguaciones abiertas por el delito de homicidio en las procuradurías de todo el país, la mayor incidencia desde junio de 2013.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero y febrero de este año, informó que suman tres mil 158 personas asesinadas, 11 por ciento más que en el primer bimestre de 2015 y seis por ciento más respecto al mismo periodo de 2014.

En materia de homicidios ocurridos durante el primer bimestre de este año ha llamado la atención de los investigadores, que Colima ocupe el primer lugar y haya desplazado de ese deshonroso sitio a Guerrero. En tercer puesto está muy bien asentado el Estado de Sinaloa.

Los números no engañan y nos dicen que durante enero y febrero ocurrieron 71 actos violentos que dejaron 78 víctimas en Colima. Considerando que se trata de un Estado con apenas 650 mil habitantes, el promedio aumenta a 9.61 crímenes por cada 100 mil personas.

Para ponerlo en proporción, en Guerrero dicha tasa en el mismo periodo fue de 9.09 asesinatos.

COLIMA, GUERRERO Y SINALOA, LOS MÁS VIOLENTOS

En Guerrero, segundo Estado en homicidios, durante el primer bimestre hubo 326 personas asesinadas; en Sinaloa, 117 casos; en Baja California, 111; y en Morelos llegó a 91 víctimas.

Las autoridades afirman que la delincuencia y los actos violentos están focalizados. Las estadísticas revelan lo contrario porque en la geografía nacional Colima está al centro occidente y Guerrero, al sur; Baja California al norte y Morelos al centro.

Aunado a estos asesinatos, está consolidándose otra forma de violencia en el país, como lo demuestra Veracruz con la impunidad, injusticia, corrupción y contubernio entre autoridades y delincuentes que nada hacen para esconder su complicidad. Han estado siempre ante la luz pública y ningún funcionario ha sido capaz de destruir ese maridaje.

Las desapariciones, secuestros y levantones parecen ser el pan nuestro de cada día. Los grupos criminales en México se dedican principalmente al narcotráfico, pero también cometen asesinatos, extorsiones, plagios, “cobro de piso”, control de rutas de migrantes, tráfico ilícito de personas, trata de blancas y contrabando de armas.

Esta diversificación de las actividades delictivas, aunada al poder fáctico que ejercen en gran parte del territorio nacional, convierten al fenómeno del crimen organizado en la principal fuente de violencia por parte de criminales, que a su vez trae aparejada la responsabilidad del Estado por la falta de una respuesta eficaz frente a este problema.

Más peligroso ha resultado el nuevo filón de la delincuencia porque la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) indicó en su informe de 2015, que en medio de la lucha contra el narcotráfico y la militarización en diferentes zonas del país “miembros de las fuerzas militares e inclusive de ministerios públicos han sido vinculados en presuntas violaciones graves que han permanecido en la impunidad”.

Solo una de estas violaciones pudo llegar a ser conocida por la ciudadanía y por ella ya ofreció disculpas el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, a nombre del Gobierno de la República.

Las autodefensas que en principio tuvieron como común denominador la desesperación ante los altos niveles de criminalidad, y por lo mismo actuaron por su cuenta, a la postre esos grupos se transformaron en violentos y criminales tal y como ocurrió en varios casos en Michoacán, donde no solo cometieron homicidios sino que también traficaron drogas.

Las policías privadas son otro problema. La impunidad es mayor, pero la desigualdad es lo que más daño le hace a la nación y mayor violencia provoca.

En México hay aproximadamente 55 millones 300 mil personas en situación de pobreza, de las cuales 11 millones 400 mil malviven en pobreza extrema. Mientras que únicamente el uno por ciento de los mexicanos es el que controla más de una quinta parte de la riqueza del país.

No hay democracia en el mundo que aguante a la mitad de su pueblo con hambre, sin oportunidades, segregados y sin esperanza.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com