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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • Por interés, los políticos mexicanos cambian su ideología
  • Se puede ser procurador de justicia, del consumidor o deportista
  • Con tal de disponer de recursos públicos, lo mismo da izquierda o derecha

El comportamiento indebido y hasta grosero de los funcionarios públicos, su cambio de un partido a otro, de izquierda a derecha, sin el menor recato y los desatinos permanentes, están llevando a México por un camino altamente peligroso.

Hasta Pemex, la gran empresa que soportaba los gastos del Gobierno, está dando traspiés financieros y se avizora su desaparición, dejando una cauda enorme de desempleados, en tanto las compañías petroleras del Golfo Pérsico, Indonesia, Brasil y Colombia operan con números negros y marchan con paso firme, México encontró ya la zona de confort de sus políticos, dejando a la zaga a la otrora gran industria.

Todo sigue igual, los gobernantes dan la impresión que saben de todo. Lo mismo de deportes que de impartición de justicia. Pero en el fondo, lo único que buscan es el dinero público fácil para malversarlo y enriquecerse.

¿Qué tiene José Antonio González Anaya como director de Pemex? Este consentido del círculo íntimo del poder es egresado de las carreras de Economía e Ingeniería Mecánica, del Instituto Tecnológico de Massachusetts con maestría y doctorado por la Universidad de Harvard. Trabajó de 1996 al 2000 en el Banco Mundial como economista. Muy buena carrera para desarrollarse en la Unión Americana, pero no para dirigir la empresa del Estado mexicano y ayudarla a morir.

González Anaya también fue director del Programa de Investigación en Latinoamérica y profesor en la Universidad de Stanford. Con Felipe Calderón se desempeñó como Subsecretario de Ingresos de Hacienda. Luego, con Peña Nieto, fue nombrado Director General del IMSS y hoy es el hombre que luce el elegante traje negro de los enterradores, porque a Pemex no lo salvará alguien que ha pasado por todos los puestos, menos alguno relacionado con el petróleo.

El país es un auténtico circo de tres pistas, donde los saltimbanquis de la política, impulsados por los hombres del primer círculo del poder, se mueven de un puesto a otro sin tener la calificación profesional para hacerlo, dejan una estela de escándalos y finanzas destrozadas por sus malos manejos.

La desvergüenza cubre a todo el sector público, unos caen en ilícitos con más descaro que otros, pero no hay quien pueda atreverse a lanzar la primera piedra porque se derrumban como un castillo de naipeslas complicidades establecidas.
EL CASTILLO DE NAIPES QUE CAE

El más reciente escándalo lo escenifica sin pudor ni arrepentimiento, Alfredo Castillo, titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade). Este personaje, perseguido por el escándalo, se atrevió, con dinero público, a llevar a los juegos de Río de Janeiro a su novia, Jacqueline Tostado, y otros invitados.

El fracaso de los atletas que solo obtuvieron tres medallas de plata y dos de bronce, en una delegación de 126 integrantes y las redes sociales pusieron ante la luz pública la ineptitud de Castillo para dirigir la Conade.

Este saltimbanqui de la política tiene una larga historia en diversos puestos públicos, que lo hicieron distinguirse como Subprocurador y Procurador de Justicia del Estado de México, con Enrique Peña Nieto como gobernador, para administrar y esconder el cadáver de la pequeña niña Paullete.

Castillo, escurridizo como una anguila, salió inmaculado de la muerte y manipulaciones que hubo en torno a la investigación de la menor.

Como si supiera de todo, pasó a la Procuraduría Federal del Consumidor y se le entregaron cientos de millones de pesos para que los empleara en la Comisión para la seguridad y el desarrollo integral de Michoacán. Su infeliz desempeño en la entidad dejó al Estado en peores condiciones de inseguridad y desarrollo, pero sí se acabó el dinero que la Presidencia le destinó para salvar el Estado.

En abril de 2015, una vez que destrozó economía, finanzas y los medios social y rural michoacanos se le nombró desde las alturas, con vistas a las olimpiadas de 2016 encargado de la Conade, con un amplio presupuesto que también se gastó hasta el último centavo, sin rendir frutos.
DEL PAN AL PRI Y DE ENERGÍA A SEDESOL

José Antonio Meade Kuribreña, un hombre con apellidos de mucha prosapia en los grupos conservadores, como si no hubiese verdaderos especialistas en el país, con Felipe Calderón, un gobierno derechista, fue nombrado en noviembre de 2011 secretario de Energía, en sustitución de Georgina Kessel. Después, relevó a Ernesto Cordero en la secretaría de Hacienda.

Del Gobierno panista calderonista, Meade se vistió de tricolor al ser nombrado secretario de Relaciones Exteriores, sin tener noción siquiera de la “Doctrina Estrada”.

Para completar los movimientos de saltimbanqui, en noviembre de 2015 pasó a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), en relevo de Rosario Robles, otra saltimbanqui, quiere ser Presidente.

Robles Berlanga, que tuvo un amor desventurado con el vividor argentino Carlos Ahumada, fue fundadora del PRD, diputada federal por ese partido y en 1997, Cuauhtémoc Cárdenas la nombró secretaria General de Gobierno del Distrito Federal.

Dos años más tarde, en 1999, fue designada jefa de Gobierno capitalino y en ese momento, empezaron a fluir los jugosos contratos de concesiones para Ahumada y la disculpa de su vida por haber incurrido en desmanes financieros fue simplemente: JMe enamoréM, una situación a la que no tienen derecho ni los jefes de Estado ni su gabinete.

Con la llegada de Peña Nieto, en 2012, ocupó la Sedesol. Hoy Rosario es secretaria de Desarrollo Territorial y Urbano.

Revísese qué empleos tan disímbolos, unidos solo por el dinero público, ha tenido Eduardo Sojo Garza-Aldape.

Apareció por primera vez en la política nacional como asesor económico del Gobierno de Vicente Fox. Luego fue secretario de Economía con Felipe Calderón y actualmente es presidente del INEGI, como si los priístas no tuvieran a quien colocar en ese cargo y se vieron en la necesidad de designar a un panista.
IZQUIERDA-CENTRO-DERECHA LO MISMO DA

Políticamente existen muchos casos de saltimbanquis como Porfirio Muñoz Ledo, un hombre inteligente pero inquieto. Dirigió al priísmo y también al perredismo; fue secretario de Educación con Luis Echeverría y del Trabajo con López Portillo. Fue fundador del PRD y contendió en el 2000 a la Presidencia de la República por el PARM, pero declinó a favor de Vicente Fox.

Marcelo Ebrard Casaubond no se queda atrás en cuestión de malabarismo político, aunque no tenga la brillante inteligencia de Muñoz Ledo. Supo colocarse, saltar de un puesto a otro y de un partido a otro, hasta llegar a la gran fortuna en los malos manejos de la Línea Dorada del Metro, por los cuales aún no se le puede hacer pagar.

Antes de ser jefe de Gobierno, Marcelo fue secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, secretario general del PRI, antes fue candidato y diputado de los partidos Verde, Movimiento Ciudadano y terminó en el PRD.

El fenómeno de escapismos de un partido a otro y de una ideología a otra, también ha alcanzado a los hijos de políticos. Tales son los casos de Federico Madrazo Rojas, hijo del exlíder priísta Roberto Madrazo, que dirige al Partido Verde en Tabasco, Mariana Moguel Robles, que contendió por una diputación tricolor e hija de la exdirigente perredista Rosario Robles.

Manuel Velasco, gobernador chiapaneco por el Partido Verde, su padre y abuelo fueron destacados militantes priístas, Alejandro Encinas, hijo del exjefe de Gobierno del mismo nombre y reconocido militante de izquierda, contendió por una diputación por el partido Movimiento Ciudadano.

Rafael Moreno Valle, nieto del General y médico militar del mismo nombre, llegó a la gubernatura de Puebla cobijado por el panismo, pese a su destacada militancia priísta.

La lista es interminable, porque interminable es también la falta de vergüenza y dignidad en que han caído los políticos mexicanos.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com