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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • Trump no solo ofendió a México, exhibió a su Gobierno
  • El pueblo no salió a las calles, guardó para sí el agravio cometido
  • Las ofensas se responden de frente, no a través de redes sociales

En mi larga carrera periodística, nunca había vivido la unión tan sólida y firme de los mexicanos en contra de una decisión gubernamental que tiene a la nación iracunda por haber tratado al autócrata trasnochado de Donald Trump como un jefe de Estado y disponer recursos públicos para recibirlo en lo que, más que una invitación, se trató de un acto de sumisión.

Trump llegó a México a burlarse del pueblo, del Gobierno y a demostrar en esos arranques de nazismo hitleriano de que hace gala que sigue plantado en sus mismas opiniones y en deseos megalómanos de construir un muro en la frontera y que México lo pague.

La breve estancia de dos horas de Trump en suelo mexicano exhibió la incapacidad del Gobierno nacional para enfrentar y resolver situaciones emergentes o de riesgo.

Ahora mismo, el pueblo mexicano se encuentra muy enojado por habérsele permitido a Donald Trump pisar la tierra mexicana que tantas veces mancilló y, lo peor del caso, es que la sigue mancillando mientras el Gobierno nacional se ha enredado en una serie de explicaciones, justificaciones y hasta de actos de contrición política por haber permitido ese hecho tan insólito como ofensivo.

El Cuarto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto en nada se parece a los dos primeros que fueron de aclamación y triunfo, porque tomó la mala decisión de pretender que un racista contumaz cambiara su forma de pensar y de actuar tan solo por ser un huésped de Los Pinos y que tuvo la desfachatez de comentarle: “Señor, Presidente, le llamo mi amigo.”

Una burla más producto de su complejo de superioridad.

Toda esta situación, además de dañar el Informe y el diálogo con los estudiantes, en Los Pinos se cometió la gran falta de delicadeza de lastimar y molestar profundamente a la candidata presidencial de Estados Unidos, Hillary Clinton, que está muy avanzada en las encuestas y será, casi seguro, la próxima presidenta de Estados Unidos.

A tal grado es la molestia de Hillary, que aún siendo una mujer prudente e inteligente, le dio a los responsables de traer a México a Trump, una lección muy fuerte cuando escribió: “There’s an old Mexican proverb that says “Tell me with whom you walk, and I will tell you who you are.” (Hay un viejo proverbio mexicano que dice: “Dime con quién andas, y te diré quién eres.”
NO SE TRATA DE PATRIOTERISMO, SINO DE RESPETO

A Adolfo López Mateos y su grupo de asesores, jamás se les ocurrió tomar una decisión tan disparatada y peligrosa aunque México vivía lo más gélido de la Guerra Fría y hacía equilibrios de relaciones exteriores con la Unión Soviética y Estados Unidos, con jefes de Estado de la talla de Dwight D. Eisenhower y Nikita Kruschov.

López Mateos tuvo que saber navegar exitosamente entre las aguas agitadas de un tercer mundo que a duras penas mantenía la independencia de los países afiliados a ese grupo político.

El rechazo a Donald Trump no se trata de un patrioterismo trasnochado, sino la de exigirle de frente a ese racista que ofreciera públicamente disculpas. Sin embargo el candidato, horas después de su partida, viajó hacia Arizona (que por coincidencia o malicia es el lugar de Estados Unidos donde grupos radicales de derecha se organizan para eliminar a los inmigrantes que el candidato republicano en sus discursos ha dicho se trata de violadores, asesinos, ladrones y delincuentes) donde refrendó su propuesta antiinmigrante.

Todos los sectores políticos mexicanos, de una manera o de otra, expresaron su indignación ante el agravio de llevar al verdugo a la casa del ahorcado.

El pueblo no salió a las calles a protestar. Fue un disgusto tan íntimo y profundo que cada ciudadano lo guardó para sí. Incluso, el llamado líder las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, tal vez cuando debió de ser incendiario, se contuvo y fue prudente.

La justificación de esa prudencia, López Obrador la atribuyó a su norma política de no intervenir en los asuntos internos de otras naciones, para evitar que las otras naciones intervinieran en asuntos nacionales.

Esta posición de AMLO se deriva de la vieja y ya eliminada de la política mexicana “Doctrina Estrada”, sustentada en las normas de no intervención en los asuntos internos de otros Estados y la autodeterminación de los pueblos.
COMO SIEMPRE, HAY UN CULPABLE

Se responsabiliza a José Pablo Carreño King, subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, de haber negociado la invitación a Trump, sin el consentimiento de la titular Claudia Ruiz Massieu, lo cual significa que todo se hizo “en lo oscurito”o a la trompa talega.

Resulta increíble que ninguno de los cerebros que asesoran al Presidente de la República haya advertido con tiempo y sensatez la barbaridad de una visita de Trump a México. Ni la Embajada de Estados Unidos intervino en nada, porque el republicano no es más que un candidato presidencial, que cada día se rezaga más en las encuestas.

El círculo rojo de Los Pinos, o sea, quienes toman las grandes decisiones, no pueden cometer un error tan grande y lesivo para el propio Gobierno mexicano. Por más que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, salieron a justificar el encuentro, el agravio ya se había cometido.

Al día siguiente de ese encuentro impopular, que no mostró más que caras serias y frialdad, el Presidente envió su Cuarto Informe de Gobierno al Congreso y después se reunió en Palacio Nacional con jóvenes de toda la República, perfectamente bien seleccionados, porque no se puede poner ni al mandatario ni a ningún jefe político ante la libertad desbocada de adolescentes haciendo preguntas.

La espontaneidad nunca ha sido una virtud que defina al presidencialismo mexicano de todas las épocas.

En su encuentro con los jóvenes, Peña Nieto puso a prueba en México un sistema que empezó a usar en 1994 en Estados Unidos Bill Clinton, cuando era el primer mandatario de esa nación. Se le conoce como Town Hall Meeting y permite un diálogo ni preparado ni manipulado.

Aunque Peña Nieto es un político muy carismático, se le dificulta este método de acercamiento con grupos de cualquier tipo, al tratar de exponer sus ideas.

Pero todo lo que se diga sobre el Informe y el diálogo con los estudiantes lo borró la visita de Trump a México.
LA “DOCTRINA ESTRADA” DEBE RESURGIR

Con sus cinco puntos básicos de Gobierno, Trump se plantó en ellos y se burló de todos. El cartabón republicano es el siguiente:

Primero, “poner un alto a la migración ilegal. No solamente entre nuestras dos naciones, sino también pensando en la inmigración de Centroamérica y otras regiones que ponen en peligro nuestras finanzas y nuestra seguridad.”

Segundo, “tenemos que ver por la seguridad de la frontera. Ese es un derecho soberano de la Unión Americana. Tenemos que cuidar, velar por la seguridad de ambas naciones. Es necesario poner un muro para poner un alto a la inmigración ilegal y al flujo de armas y de efectivo.”

Tercero, “tenemos que desmantelar a los cárteles de la droga y tenemos que poner un alto al movimiento de drogas, armas y efectivo por nuestra frontera. Esto solo podrá hacerse en espíritu de colaboración, compartiendo información de inteligencia y actuando de manera compartida.”

La cuarta meta, dijo, “es mejorar el Tratado de Libre Comercio. Es un acuerdo que debe actualizarse para que refleje la realidad actual. Tenemos que hacer que esto beneficie a México y Estados Unidos, para que las haga naciones más fuertes”.

En quinto lugar, propuso “cuidar la industria manufacturera en este hemisferio. No podemos permitir que estos empleos abandonen nuestro hemisferio”. Esto significa acabar con las maquiladoras instaladas en México.

Aunque les parezca a los políticos modernos arcaica y fuera de uso la “Doctrina Estrada”, debieran tenerla presenta antes de cometer errores como la vista del empresario neonazi.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com