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Alto poder

  • Manuel Mejido

– Los estudiantes que sacaron a las calles a los secretarios

– La frustración ante un futuro incierto domina a los jóvenes

– De un plumazo pretenden desaparecer el nivel medio superior

Después del sexenio del presidente Adolfo López Mateos la educación dejó de ser prioridad en las políticas de los llamados gobiernos revolucionarios.

Cuando el gran intelectual Jaime Torres Bodet fue secretario de Educación Pública, precisamente con López Mateos, se creó e impulsó a las escuelas de enseñanza media, con carreras cortas de nivel técnico, para satisfacer la demanda de una industria nacional en crecimiento.

Los presidentes que le siguieron, todos priístas salvo dos panistas que gobernaron en la misma tónica y hasta copiando las malas mañas, muy poco hicieron por incentivar la enseñanza media.

En lo que va del siglo mientras que en el mundo el presupuesto para la educación aumentó, en México ha disminuido el 46 por ciento en comparación con el año 2000, justo antes que llegara la transición democrática.

En cambio los recursos para combatir la delincuencia se triplicaron en el mismo periodo, sin ningún resultado, porque se pretende combatir la criminalidad solamente con la fuerza policíaca y tácticas represivas, cuando su origen está en la desigualdad de un país que tiene al primer millonario del mundo y Cochoapa, el municipio más pobre del mundo en Guerrero.

La confrontación más reciente entre una educación que se minimiza y otra que quiere avanzar la representan la mala decisión del gobierno de la República de intentar, a partir del 13 de abril, adherir al Instituto Politécnico Nacional a la oficina del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, que en este caso es uno de los “delfines” para el 2018.

Mañosamente el Gobierno hizo cumplir un acuerdo panista firmado en 2012, donde se establecía que el IPN sería manejado directamente por el secretario del ramo. Ahora, sólo se contempla la adhesión del nivel superior, de las vocacionales, pertenecientes al medio superior, desaparecían de un plumazo.

Se olvidaron los del actual gobierno que esa maniobra la intentó el expresidente espurio Felipe Calderón, bien conocido por sus decisiones derechistas y antipopulares.

Los estudiantes tomaron las calles

Los politécnicos se habían caracterizado por ser buenos estudiantes, nunca revoltosos, enfocados especialmente a la ciencia y la tecnología, que son precisamente los renglones educativos que más falta le hacen a México porque para médicos, abogados y comunicadores están repletas la aulas de las universidades del Estado y particulares.

Durante este sexenio los estudiantes del IPN han salido a las calles en dos ocasiones. La primera fue el 30 de septiembre de 2014 cuando el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que en una acertada decisión conversó en la calle, abiertamente con la masa estudiantil que reclamaba revertir su reglamento interno.

Ahora, consiguieron que el secretario de Educación Pública aceptara un encuentro con ellos, pero en la comodidad y privacidad de su oficina. Tal actitud fue rechazada por los politécnicos que exigen un diálogo abierto y transmitido por internet.

De inmediato el Gobierno recurrió a la vieja práctica priísta de 1930 de las amenazas múltiples y de que el feroz lobo de la represión asomara los colmillos. Pero nada de esto ha sido suficiente para calmar los ánimos porque el daño que se trata de hacer al IPN es enorme. Desaparecerán 19 vocacionales donde estudian 63 mil 891 jóvenes, que seguramente seguirán en carreras técnicas o abandonarán las aulas.

¿A qué se debe una medida draconiana de este tipo, donde habrá tantos caídos y ningún victorioso? La respuesta es tan sencilla como tramposa. Arguyen las autoridades la austeridad en la educación como medida para ahorrarse gastos.

La engañifa está en la actuación del Gobierno que tiene a Elba Esther Gordillo en la cárcel llena de millones y a un sindicato de maestros que es el más grande, más rico y corrupto de Iberoamérica. De ahí es de donde se deben sacar los millones que requiere el sector.

¿Por qué es importante el nivel medio superior?

Luis Almazán, especialista en temas de educación, consultado sobre el problema por Alto Poder, dijo que el nivel educativo medio superior cuenta con una matrícula de tres millones,“con lo que atiende sólo al 43 por ciento de la población de entre 15 y 18 años. Su eficiencia terminal es de 55 por ciento, mientras que en Estados Unidos el 90 por ciento de los jóvenes acceden a ese nivel”.

Las cifras no mienten y son las mismas que maneja la iniciativa privada a las del gobierno, solamente que los empresarios no han alcanzado el grado de corrupción con impunidad de los políticos.

Almazán Ortega prosiguió:

“La importancia de este ciclo de estudios es indiscutible, porque de su calidad depende la adecuada formación de las generaciones de jóvenes que habrán de ingresar a la fuerza de trabajo o continuar educándose como profesionales y técnicos. Incluso resulta trascendente destacar que esta etapa es formativa y se deben desarrollar aspectos esenciales de la persona que permitirán definir su proyecto de vida”.

Además las 10 mil escuelas que existen en el país no siempre cuentan con la infraestructura necesaria. Los desertores se quedan con una formación trunca y sólo pueden aspirar a un salario precario. De ahí se surten también los cárteles del crimen organizado.

De seguirse la política educativa tal y como la pretende el Gobierno, los jóvenes tienen prácticamente cancelado su futuro. De momento, dos de cada cinco profesionales están desempleados y otros dos en el subempleo, lo cual demuestra que por ese camino no se llega a la prosperidad, sino a la frustración.

De profesional a profesor, sin capacitación docente

Un problema fundamental en la educación media superior, que no se resolverá en la oficina del “delfín” Nuño Mayer, es que no existe una formación específica y de alto contenido científico para los maestros, porque se dedican a la docencia de tiempo completo y no pueden actualizarse.

No existe para esos maestros una carrera. Se trata de profesionales que se dedican a la enseñanza que ocasionalmente llegan a recibir una formación como maestros a través de cursos y seminarios.

Otro error frecuente de los profesores enel nivel medio superior es el de concentrarse en impartir el contenido científico de su materia, sin advertir los intereses, problemas y requerimientos de formación de los jóvenes en formación.

El Gobierno busca reducir gastos a costa de los maestros, a quienes se les paga por hora-clase y nunca por tiempo completo o medio tiempo, lo cual dificulta la relación alumno-maestro, al tiempo que impide contar con una asesoría y consejo adecuados.

Además, la educación en este nivel no está enfocada adecuadamente a la etapa que viven sus estudiantes, no cuenta con objetivos propios. Paradójicamente no hay conexión con el nivel anterior y posterior porque no existe relación entre lo que se estudia en secundaria y lo que aprenderá en preparatoria.

La manera clara y sin demagogia para resolver todos estos problemas es enfrentándolos directamente y no darles la vuelta al través del fortalecimiento político de un secretario de Educación.

Llevar a 63 mil estudiantes 891 estudiantes de un nivel educativo a otro, no es una compra-venta de ganado.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com