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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • Los estadunidenses eligen a su Presidente, no los mexicanos
  • Trump y Clinton defienden el White Power y el expansionismo

La trilogía de debates organizados por los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, del Partido Demócrata, y Donald Trump, del Republicano, iniciados el pasado lunes, en Nueva York, despertaron en México grandes discusiones y mesas de análisis en televisión, además aparecieron “eruditos especialistas” en política estadunidense.

México se convulsionó, y sigue en ese trance de saber qué pasará en los siguientes enfrentamientos verbales entre Hillary y Trump y cuál será el resultado de la elección del 8 de noviembre, que cambie de arriba a abajo las políticas estadunidenses lo mismo en la guerra de rapiña de Irán y Afganistán que en la despiadada invasión comercial de la totalidad de los mercados al sur de su frontera, esos a los que se ha referido el candidato republicano con tanto desprecio y racismo, porque los mexicanos no son W.A.S.P. (White Anglo-Saxon Protestant).

El dueño de casinos en Las Vegas, de concursos de belleza y de grandes edificios, representa a ese enorme sector de estadunidenses racistas, clasistas, expansionistas, nazifasitas y defensores del Whithe Power que domina mayoritariamente a la Unión Americana, por mucho que se presuma una nación abierta y tolerante.

¿Por qué el interés en México de lo que ocurre allende el Río Bravo? Si los estadunidenses están eligiendo a su Presidente para que defienda sus intereses y no los de México.

A la Casa Blanca llegará cualquiera de los dos principales candidatos que representan lo mismo, porque tanto republicanos como demócratas velarán por los estadunidenses en su país y tratarán de sacarle provecho a las demás naciones del mundo, especialmente a sus vecinos más desprotegidos que somos los mexicanos.

Los intereses de Washington han sido claros, desde la guerra de rapiña provocada por el presidente, James Pulk (1845-1849), que nos arrebató las dos terceras partes del territorio nacional, y que expulsó a los españoles de Cuba, Puerto Rico, las Filipinas, las islas Marianas y la Florida para instalar durante muchos años en esas tierras conquistadas antes que Estados Unidos se constituyera en nación con las 13 provincias hijas de Gran Bretaña.

Quien sea el Presidente de Estados Unidos, en el último cajón del Salón Oval tendrá las recomendaciones que las sectas secretas de las universidades anglosajonas siguen teniendo presentes: la superioridad blanca, anglo parlante, el rechazo sistemático a los afroamericanos descendientes de los cuatro millones de esclavos llevados por ingleses a esas tierras, y que obtuvieron su liberación al triunfo del norte sobre el sur secesionista.
EL MUNDO PENDIENTE DEL DEBATE QUE SOLO IMPORTA A GRINGOS

Estados Unidos seguirá siendo la nación en donde los morenos mexicanos serán siempre los señalados como violadores y delincuentes por los millones de gringos con la formación y el estilo de Donald Trump.

Lo que Hillary y Donald debaten es que siga lo mismo, que continúe el “establishment’ aunque en apariencia el nazifasista, nieto de migrantes escoceses, se opone a que la Casa Blanca se ablande en cuestiones de hegemonía mundial e inmigración.

El debate tampoco se saldrá de los límites que hicieron grande a esa nación a base de su habilidad comercial para comprarle Alaska a los rusos, la Loussiana a los franceses, la Florida a los españoles con una pistola en la cabeza y con el hundimiento del Maine como pretexto, y sacar a España de América para entronizarse ellos.

Aunque los debates, el que fue y los que serán, son un asunto de la política interna de Estados Unidos, se convirtió en un espectáculo visto por más de 100 millones de televidentes, lo mismo en Falfurrias, Texas, que en la Conchinchina porque el poder del nuevo imperio mundial tiene largos tentáculos que alcanzan hasta el último rincón de la tierra, así como en algún momento los conquistadores europeos de África se instalaron hasta en el poblado de Uyiyi, en donde se produjo el gran encuentro periodístico entre el reportero, Henry Morton Stanley, y el doctor Livingston, un misionero perdido en la vorágine del continente negro.

Los que han hecho de las encuestas políticas su modus vivendi, aunque sean muy sospechosos los resultados obtenidos, consideran que el debate lo ganó Hillary porque fue más serena y ofreció más datos y cifras sobre lo que piensa hacer y por ser lo suficientemente decente como para resistir estoicamente las 51 interrupciones que le hizo el patán de Trump.

Sin embargo, esos sabiondos de la adivinación encuestadora, parecen no haber sopesado qué es Estados Unidos, ni darse cuenta aún que se trata de un pueblo guerrero e invasor que muy difícilmente prefiera a una mujer sumisa y ecuánime, a un perro rabioso de callejón para que los gobierne.
LA “BELLA” HILLARY Y LA “BESTIA” TRUMP

Trump llegó al debate con las banderas desplegadas de la confrontación, del “así soy y así seré”, en cambio Clinton arribó prudente y sin imagen definida que pueda hablar sobre el “guante de seda relleno de acero”.

Apenas hubo un atisbo del carácter de Hillary cuando se trató de defender de las agresiones incorrectas de un Donald que se enojó en varias ocasiones, fue cuando acusó a Trump de nunca haber pagado impuestos federales y lo dejó callado y trastabillando.

En cambio Hillary salió airosa cuando reconoció su error de haber utilizado su cuenta de correo electrónico como secretaria de Estado de manera incorrecta. Aceptó su responsabilidad y ofreció disculpas. Fue el momento cumbre que se logró aceptando una culpa y ofreciendo la disculpa.

Un punto en contra de la demócrata ha sido su negativa a ofrecer conferencias de prensa o entrevistas a los medios de comunicación. Sus detractores afirman que se debe a su poco talento de improvisación.

Después del perdón, el debate se suavizó porque eso quitó armas ofensivas al belicoso republicano, que se gana la vida con la innoble profesión de desplumar incautos en sus casinos de Las Vegas.

Aún faltan dos debates. El siguiente será en Washington, la capital del imperio, donde se toman las decisiones políticas que mueven al mundo (porque las financieras son en Nueva York, donde ocurrió el primer encuentro). La tercera ciudad será la de la frivolidad y los negocios jugosos: Las Vegas, el reino de Trump pero también del espectáculo.

Las mentes de “genios mexicanos” que se esfuerzan en relacionar hechos con suposiciones, afirman que tras el triunfo de Hillary en el debate, el peso recuperará terreno ante el dólar.

Ocurra lo que sea en los debates y sea Presidente cualquiera de los dos grandes contendientes, el dólar se mantendrá durante el sexenio de Enrique Peña Nieto por encima de los 20 pesos. El comercio de los productos del campo será cada vez más claro en manos de la Car Grill, la Monsanto y esas trasnacionales que acaparan el mercado de las semillas en el mundo y, como en el mejor de los gatopardismos, habrá cambio en Estados Unidos para que todo siga igual.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com