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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • Prevalece la “corruptocracia perfecta” en el país
  • López Portillo lo advirtió. Somos un país de cínicos

Se inició el mea culpa en todos los partidos políticos del país y en los Gobiernos de los tres niveles con la aprobación en junio pasado de la Ley Anticorrupción.

El presidente Enrique Peña Nieto fue el primero en manifestar que, en materia de corrupción, “quien esté libre de culpa arroje la primera piedra”.

Margarita Zavala de Calderón que, lanzada por el PAN, quiere ser presidenta se fue más a fondo todavía cuando dijo que “en todos los partidos políticos hay corrupción”.

La aceptación de Zavala consiste en reconocer descaradamente que se trata de una práctica tan arraigada en México, que ha convertido a la Nación en la “corruptocracia” perfecta que se despliega desde el Río Hondo, en el Sur, hasta el Bravo, en el norte.

Gracias a Margarita sabemos que México es corrupto, cuando en el extranjero lo descubrieron desde hace más de 100 años.

Hace falta un muro de los lamentos más grande y alto que el de Jerusalén para que todos los empleados, dirigentes y aquellos que laboran en servicios públicos del país tengan espacio para llorar de arrepentimiento por haber sido corruptos y robarse el dinero público.

Todo aquel que tiene en su dependencia pública papel membretado, sello y firma piensa que le han sido otorgados para llevar oro a su molino y de ahí se desprende el cinismo en que ha caído la nación y que José López Portillo predijo cuando fue Presidente: “No hagamos de México, un país de cínicos”. Ya lo hicimos. Es tarde para el arrepentimiento y los propósitos de enmienda.

La corrupción en México se debe a que todos los que manejan obras, poder y dinero, están conectados y hacen negocios con los transgresores de la ley. Se usa el servicio público de una forma paternalista y por lo tanto, para los socios o amigos la manga es ancha y para el resto, estrecha.
LA CORRUPCIÓN NO SE LLEVA EN LOS GENES

Según algunos estudiosos de este problema, la corrupción se trata de un problema cultural en el que toda la población está inmersa. Lo cual es falso. Solamente meten la mano en el dinero público los que están en el Gobierno y tampoco es una verdad absoluta que llevan la corrupción en los genes.

Poco a poco la gente, letrada o analfabeta, toma conciencia de que las urnas son un buen camino para castigar a los sinvergüenzas, que la justicia deja cubiertos por el manto negro de la impunidad.

La geografía del castigo ofrece claros ejemplos contra los corruptos. Al norte, en Nuevo León, el PRI fue derrotado por “El Bronco” independiente, en Sonora, echaron al PAN y volvieron a entronizar al PRI y en Chihuahua, regresaron los panistas.

Al sur del país, en Guerrero, luego de la desaparición de los 43 normalistas y cientos de muertos, sacaron al PRD y regresaron al PRI. Lo contrario ocurrió en Michoacán.

En el sureste, están los casos de Veracruz y Quintana Roo donde los exgobernadores priístas ahora están prófugos de la ley y sus sucesores, con el estandarte de justicia para todos, llegaron, en el primero, el PAN y en el segundo, en coalición con el PRD.

Esto demuestra que corrupción hay arriba y abajo, al este y al oeste; en el PRI, PAN y PRD, en los Gobiernos estatales y municipales. Solo hay que escarbar un poco.

En la Ciudad de México se generó el sisma político que sacudió y debilitó a la izquierda. La plaza fuerte del perredismo, su principal fuente de ingresos y la caja abierta al manoteo, le fue arrebatada por Morena que se quedó con la mayoría en la Asamblea Legislativa y en las delegaciones.

Para el 2018, Morena peleará por la Jefatura de la Ciudad de México y por el control total de las delegaciones y la nueva Asamblea. Por supuesto, que también tiene los ojos puestos en convertirse en la segunda fuerza política en las elecciones de 2018.
LA CORRUPCIÓN ES FACTOR DE EROSIÓN

La corrupción mexicana vive un sórdido maridaje con la impunidad. Roba todo lo que puedas, que no te encarcelo. Permitiré tu fuga mediante unos billetes.

Juan Pardinas, director del Instituto Mexicano para la Competitividad, consultado por Alto Poder, dijo que: “si la corrupción está calificada como un delito menor, pues ahí tenemos un enorme incentivo a la impunidad. Creo que la corrupción se volvió un factor de erosión de los principios cívicos que sostienen a la democracia mexicana. Una especie de invernadero del cinismo mexicano en el que ya asumimos que todos son pillos.”

Tanto Pardinas como otros especialistas a quienes se preguntó su opinión, coinciden en que “mientras no haya sanción para los individuos que cometen actos ilícitos desde el poder, la sociedad y el sector privado, la imagen que tenemos como mexicanos frente al espejo se va degradando. Por eso es muy grave que no hayamos tomando cartas en el asunto”.

Con Porfirio Díaz el país tal vez vivió el momento de mayor honradez en el desempeño de las funciones públicas. Con el dictador no se andaban con cuentos. Los que cometían actos graves de corrupción iban al paredón o a la cárcel.

Después llegó la revolución con su gran obra de corrupción que habló por sí sola cuando Álvaro Obregón, expresidente de México, dijo que “no hay un General que resista un cañonazo de 50 mil pesos”. Corrupción al cuadrado.

Para Juan Pardinas “Tal vez la corrupción que vivimos actualmente es diferente a la de la época de Venustiano Carranza. Ahora es mucho más sofisticada. Hay regulaciones y ciertas normas que son ejemplo del arte de la corrupción, donde se privilegia a ciertos sectores que perjudican mercados abiertos y competidos, ahí también hay que arrojar luz de cómo se toman ciertas decisiones en el Gobierno, en el Congreso.”

Ya le mostró a México el empresariado tiene un alto grado de especialización en la corrupción con impunidad. Un “amigo” le extendió sin límite de crédito una tarjeta bancaria adicional a la esposa del entonces gobernador de Veracruz Javier Duarte, para seguir impunemente en los negocios sucios.
HOY SON EMPERADORES. MAÑANA, PRÓFUGOS

De esta manera, la señora Duarte gastó lo que quiso, como quiso y cuando quiso, los miles y hasta millones de pesos, sin que se le pueda comprobar que ella dispuso de un dinero proveniente de la corrupción y el cohecho.

Se tendrá que devanar los sesos el próximo gobernador Miguel Ángel Yunes Linares para descifrar los jeroglíficos financieros que ni Champoleón resucitado podría descifrarlos, como lo hizo con los egipcios.

El Imco conoce bien algunas desviaciones del dinero público y por medio de su director Juan Pardinas nos comunicó que tenían muy presente el caso del exgobernador de Aguascalintes, Luis Armando Reynoso Femat, salió libre bajo fianza.

Dijo que iniciaron una investigación para saber por qué un exgobernador, que pudo haber cometido delitos de corrupción salió libre bajo fianza, cuando está vinculado a la comisión de delitos graves.

Al concluir su mandato, se volvió costumbre que los gobernadores o el mismo exjefe de Gobierno como Marcelo Ebrard, huyan del país, acusados de corrupción y afirmen que se trata de una cacería de brujas.

No puede negarse que José López portillo fue un visionario, aunque también haya metido la mano con exceso al dinero público, por su predicción del cinismo como ocurre hoy, del país de cínicos que ya somos.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com