imagotipo

Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • De Espinosa Villarreal a Duarte de Ochoa, gobernadores fugados
  • Se gobierna, roba, encubre y huye en la historia nacional
  • ¿A quién le han incautado los bienes? ¿Quién está en prisión?

Gobernadores en fuga, delincuentes que escapan de prisión, rufianes que aprovechan el anonimato para destruir, políticos que roban sin piedad, porque no les duele su pueblo y más de lo mismo.

Este es el México actual donde la corrupción con impunidad tiene miles y miles de nombres con apellido que viven cómodamente del producto de sus hurtos.

La nación mexicana, tan apreciada en las décadas de la Revolución y la post Revolución, porque entregó a un millón de sus hijos para defender el sufragio efectivo y la no reelección, ahora se exhibe ante los ojos de un mundo atónito como el penúltimo lugar en anticorrupción, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, y manchada por el crimen organizado u ocasional en todas las áreas pobladas y suburbanas donde haya personas a las que robar y asesinar.

Al gobernador con licencia de Veracruz, Javier Duarte, se le protegió una desaparición física de la República, porque se supone que se encuentra en fuga al descubrírsele cientos de millones de pesos en dinero y propiedades que tenía repartidos con prestanombres, entre amigos y familiares, en México y Estados Unidos.

Este pájaro de cuenta, como ya lo llaman los jarochos que tienen un especial sentido del humor, hasta el momento está eludiendo la acción de la justicia, muy alcahueta, blanda y despistada, que más que perseguirlo lo encubre.

Inexplicablemente diversos medios de comunicación electrónica le dieron a Javier Duarte espacios para que se defendiera de la tempestad de acusaciones por malos manejos del dinero público que se le hacían casi sin excepción en la prensa nacional.

Como siempre ha ocurrido en casos similares, reaparecerá Duarte de Ochoa, el inculpado de tantos desfalcos y abusos del poder, como un héroe de viñetas, porque cuenta con la protección de las más altas esferas políticas, hasta que hayan prescrito sus delitos.

Otro escándalo de un gran pillo fue el de Óscar Espinosa Villarreal, a quien solamente una de las demandas lo acusaba de haber defraudado a la Ciudad de México por 400 millones de pesos.

Lo detuvieron en Nicaragua, donde sí probó lo que era la cárcel, pero al ser extraditado por la justicia mexicana, después de llegar al aeropuerto se subió a un lujoso auto y se fue tranquilamente a su casa a dormir sin sobresaltos ni perturbaciones.

Humberto Moreira es un caso para Ripley. Poco antes de concluir su Gobierno en Coahuila, pidió un préstamo bancario por 35 mil millones de pesos de los cuales no rindió cuentas, porque muy hábilmente también se robó la sucesión que dejó en manos de su hermano Rubén a quien ahora vinculan con “Los Zetas”.

El exgobernador tomó las de Villa Diego y se apersonó en España con el pretexto de aprender a bailar, después de que había bailado a los coahuilenses hasta extenuarlos.

El Ministerio de Justicia español lo metió en prisión, pero llegó el ala protectora de la injusticia mexicana y la exprocuradora Arely Gómez, habló con su homólogo español y lo repatriaron a México.

Por insólito que parezca, don Humberto se sigue dando vida de marqués sin que se le haya incautado su inmensa fortuna mal habida.

El asunto de Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora, tampoco tiene desperdicio, porque tuvo la desfachatez de adecuar un gran rancho de 900 hectáreas y construyó una gran presa en el cauce de los ríos Sonora y Bacanuchi, que surten de agua a los pueblos yaquis, que tienen agricultura y ganadería como único sustento.

La red de corrupción organizada por Padrés ha sufrido dos golpes más, porque Luis Artiga López Moreno, empleado del exgobernador, fue detenido con 3.5 millones de pesos en efectivo que trasladaba dentro de una hielera. Ese dinero pudo congelarse, pero pasó a manos de quién sabe quién.

También a Francisco Ávila Quiroga, exdirector general de Auditoría del SAT en el Estado con Padrés, donde se exprime hasta la última gota del dinero de los contribuyentes, se le tiene acusado de fraude por mil 800 millones de pesos.

El fraudulento fue detenido y encarcelado, pero no el “fraudorápido” Padrés que logró escapar.

Otra gran historia de latrocinio con impunidad ocurrió en Sonora, en donde el exgobernador Eduardo Bours Castelo, dejó escrito con letras de oro sus malos manejos que le reportaron inmensos beneficios.

La rapiña ocurrida durante la administración de Bours en Sonora ya parece sepultada y olvidada, en donde todavía se escuchan gritos exigiendo justicia es en lo que quedó de la Guardería ABC donde perecieron quemados 48 niños.

Ni Bours, ni la directora de la guardería, Altagracia Gómez del Campo, prima de Margarita Zavala, que ahora quiere ser presidenta, han sido llevados ante la justicia y metidos en prisión, como lo merecen.

El enriquecimiento muy explicable del exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, lo tiene ahora viajando de un lado a otro y escondiéndose en los sótanos de las grandes ciudades del primer mundo.

Otro Duarte se encuentra en el centro de la escena de los acusados de corrupción. Se trata de César, exgobernador de Chihuahua. No se encuentra en fuga, pero tampoco se sabe exactamente dónde está y, con toda seguridad, el nuevo mandatario, Javier Corral, que es un hombre enemigo de los corruptos, pronto lo llamará a cuentas, en caso de que lo encuentre.

Rodrigo Medina, exgobernador de Nuevo León, es otro de los “fugados” que dispuso del dinero público para engrosar sus cuentas particulares. Jaime Rodríguez, su sucesor, y la Fiscalía Anticorrupción del Estado, buscan incautarle bienes inmuebles por un monto de tres mil 600 millones de pesos.

Esa enorme cantidad seguramente que no la ganó honradamente cobrando su salario como gobernador, sino metiendo las manos en los recursos del pueblo.

La lista es tan larga como la historia de México, porque no debe olvidarse que el primer presidente del país, Guadalupe Victoria, lo primero que hizo al acceder al cargo fue solicitar un crédito a las financieras Barclay y Goldschmidt, para evitar la quiebra de la nueva República.

Ahora los mexicanos con tristeza, porque no está el horno para bollos, solo esperan que se realice el milagro que salve a México con futuros gobernantes, que se compadezcan de los 70 millones de seres humanos que se encuentran en alguno de los niveles de pobreza que van desde el hambre hasta la no satisfacción de todas las necesidades.

Sin embargo, lo primero que debe hacerse, y que hasta ahora no se ha hecho, es incautarles todo el dinero robado a los gobernantes que hayan incurrido en ese grave delito en contra de todo un pueblo.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com