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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • Trump continuará con el expansionismo estadunidense
  • Clinton no estuvo cerca del pueblo ni Obama fue buen Presidente
  • Del muro mejor ni hablar. De construirse lo pagarán ellos

Finalmente, lo que empezó como una broma de mal gusto el 15 de junio de 2015, terminó en una tragedia que puso en alerta a todo el mundo, porque Donald Trump tendrá en su poder el teléfono por el que se dan las órdenes de usar armas nucleares, de comenzar guerras y, a la vieja usanza de Estados Unidos, invadir países.

Lo cierto es que en la Unión Americana triunfó el WASP (White Anglo Saxon Protestant) y quedó un país dividido y enconado. La estrategia de odio que llevará a la Casa Blanca al empresario, sin carrera política ni militar que son las dos vertientes tradicionales del poder supremo, funcionó hasta el martes pasado en que se dio a conocer al mundo su triunfo.

Al día siguiente, el Donald Trump belicoso que se enfrentó de cara al sistema político-económico de Estados Unidos empezó a racionalizar su postura, pero en Nueva York cuando se confirmó el triunfo del candidato republicano los asistentes al Hotel Hilton, donde dio el mensaje de la victoria, gritaron: “Building the Wall” (Construye el muro).

El resentimiento hacia los inmigrantes indocumentados es constante, va en aumento e impera la llamada América Profunda, que es el reclamo bilioso y nacionalista de los blancos anglosajones, sin educación.

Puede decirse que Estados Unidos se movió en esta elección, lo mismo que el resto del mundo lo está haciendo porque primero fue la aprobación en las urnas del inesperado Brexit que separó a los británicos de la Unión Europea.

Esa corriente llegó a América y entró por Colombia, en donde el pueblo rechazó en las urnas una paz con los grupos guerrilleros, largamente trabajada por los gobiernos de ese país.

En estos momentos, los Estados Unidos son un país dividido. No tanto como lo fue antes, durante y después de su guerra civil que proclamó la igualdad entre los hombres y abolió la esclavitud. Las protestas son constantes y numerosas y fue necesario reforzar la seguridad en todos los negocios que posee el ahora presidente electo.
TRUMP Y EL FLUJO DE ARMAS EN MÉXICO

El eminente analista político John Saxe Fernández, consultado sobre la inesperada victoria de Donald Trump a la Presidencia, por el camino legal y democrático de las urnas, dijo a Alto Poder:

“Trump impulsará conflictos bélicos. El republicano promoverá la venta de armas. México es su principal comprador del hemisferio, de América Latina, vergonzosamente. Blindará todo el territorio mexicano para favorecer el diálogo con las poblaciones campesinas e indígenas que están siendo despojadas de sus tierras”.

En la elección estadunidense, compitieron dos candidatos a la Presidencia muy malos y resultó ganador el menos malo que supo encubrir en un mensaje nacionalista sus tendencias racistas y misóginas, a una enorme masa enojada y de escasos recursos.

México está obligado, por concepto de supervivencia económica a encontrar formas inteligentes de tratar con un hombre como Donald Trump, capaz de hablar mal de las mujeres, de los negros y los morenos, para luego contar con su voto para ser Presidente.

El triunfador de las elecciones presidenciales estadunidenses sabe muy bien el terreno que pisa y como buen empresario advierte con precisión en qué momento debe emprender la retirada y cuándo atacar. Se le menospreció, pero no tiene un pelo de tonto.

Con la amenaza de que los afroamericanos y los inmigrantes mexicanos le estaban quitando el pan de la boca a los trabajadores blancos, nada más lejos de la verdad porque ocuparon puestos de trabajo durante el último año más de un millón de hombres sin alta especialización a cubrir los trabajos mejor remunerados.

Los limpiabotas, los pepenadores, los recolectores de basura, en fin los trabajos que nadie quiere, son precisamente los que desempeñan los mexicanos e inmigrantes de otras nacionalidades.
CLINTON NUNCA SE COMPORTÓ COMO CANDIDATA

Los analistas dibujaron un panorama positivo de la administración de Barack Obama. Mostraron a un Presidente sonriente, cercano a la gente, humanista, un padre ejemplar y un fiel esposo. La bonanza parecía regresar a Estados Unidos empobrecidos que dejó el republicano George W. Bush.

¿Qué falló entonces para que los votantes rechazaran a la demócrata en las urnas, que significaba la continuación del actual sistema político-económico? Faltó carisma de Hillary, no hubo propuestas concretas, se alejó del pueblo porque nunca estuvo cerca y, en el fondo, se comportó como la primera dama que dejó de ser el 19 de enero del 2001, cuando su esposo dejó la Casa Blanca.

Además, la raza blanca dominante en la Unión Americana nunca estuvo de acuerdo con la Presidencia de un afroamericano que llegó a Washington gracias al trabajo en redes sociales, al apoyo de afamados personajes
integracionistas.

Otra estrella mediática ganó la Presidencia esta vez. Como lo hizo Obama en el 2008 y lo confirmó en el 2012. Trump también sabe cómo usar los medios de comunicación aun ofendiendo a reporteros, presentadores de televisión y hasta editores como The New York Times.

Donald Trump ganó los Estados que tenían previstos los republicanos, más los que arrebató a Hillary Clinton. También se hizo del la Cámara de Senadores, que era demócrata, y de los Representantes, que sigue siendo de republicanos. Aunque no le ganó en número de votos por ese extraño sistema democrático establecido en aquel país.

Esto, en buen romance, significa que podrá gobernar con menos acotamiento que otros presidentes de Estados Unidos.

Pero tampoco los observadores deben soslayar que el Presidente, sea demócrata o republicano, posiblemente es el jefe de Estado más encorsetado que hay en el mundo.

Es cierto que Trump tendrá en su poder la llave capaz de abrir una destrucción atómica en cualquier parte del globo, pero también es cierto que no podrá echar mano de esas atribuciones que le garantiza la Casa Blanca, con la sinrazón que lo hizo candidato y ahora Presidente, ni tampoco podrá despedir a los congresistas, como echó de sus trabajos a pobres oficinistas.

UNA OPORTUNIDAD PARA MÉXICO: MENDÍVIL

El joven escritor Leopoldo Mendívil, entrevistado por este columnista sobre el advenimiento de Trump al poder, dijo:

“Hay que ver esto como una gigantesca oportunidad para México por todos los mercados con los que la dupla Trump-Estados Unidos se van a cerrar, como son los casos de China, Europa, Japón y América Latina. Si nos vemos abusados, este es el momento de agandallar, crecer y crear la nueva alianza”.

Trump no podrá hacer repatriaciones de inmigrantes indocumentados porque se paralizaría totalmente la maquinaría productiva de ese país. Recuérdese que explicativa resultó la película “Un día sin mexicanos”, de Sergio Arau.

Hay muchos trabajos que ya ni los afroamericanos desean realizar e inmigrantes mexicanos los hacen con mucho gusto porque de ahí sacan el dinero que envían a sus familias y que el más reciente envío de remesas señala que alcanzó dos mil 378 millones de dólares.

Tampoco podrá Trump robarse, así con todas sus letras, el dinero de esas remesas, porque los primeros que se lo impedirán serán los ricos estadunidenses que tienen su servicio de jardinería, limpieza, etcétera con manos de obra morena.

La Reforma migratoria tantos años anhelada por México, cuando parecía estar al alcance de la mano se aleja más que antes. Ahora depende como las autoridades mexicanas puedan revertir cualquier contratiempo. Lo único seguro es que la llegada de Trump no será para invadir territorio nacional.

Del muro, ni una palabra, porque si Trump quiere levantarlo tendrá que hacerlo en su territorio y con recursos propios. Los estadunidenses siempre han pensado como Trump, solo que hasta ahora llegó Trump.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com