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Alto poder

  • Manuel Mejido

– Mancera es aplaudido en el PRD pero rechazado por electores

– AMLO, Osorio y Margarita encabezan lista de presidenciables

– Todo el peso de la ley a automovilistas ¿y la industria contaminante?

En julio de 2012, Miguel Ángel Mancera ganó la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal con el 63.58 por ciento de los votos, muy por encima de la candidata del PRI, Beatriz Paredes, que apenas consiguió el 19 por ciento.

Han pasado cuatro años y muy malas decisiones condujeron a Mancera Espinosa a ocupar el cuatro lugar entre los presidenciables para el 2018 con solo 11 por ciento de la intención del voto, según una encuesta de febrero pasado, recién aplicado el nuevo Reglamento de Tránsito y antes de hacer más restrictivo el programa ‘Hoy No Circula’.

Por encima del jefe de Gobierno están Andrés Manuel López Obrador, de Morena, con el 22 por ciento; y la panista Margarita Zavala y el priísta Miguel Ángel Osorio Chong con el 19 por ciento cada uno.

Como se aprecia, el experredista y exjefe de Gobierno capitalino dobla en el porcentaje de intención de voto a Miguel Ángel Mancera. Comparado con Marcelo Ebrard, a cuatro años de Gobierno, también sale perdiendo terreno porque en el 2010 su antecesor seguía muy de cerca a López Obrador en las encuestas.

Desde 1997, la jefatura de Gobierno ha sido un escaparate mediático y un trampolín para el candidato presidencial del PRD. De ahí salió Cuauhtémoc Cárdenas en su tercera y última postulación; Andrés Manuel López Obrador y si Marcelo Ebrard no lo consiguió fue porque el tabasqueño aún cuenta con un importante número de seguidores, aunque también de detractores.

En diversas conversaciones se escucha a la gente preguntarse por qué Mancera ha optado por decisiones tan impopulares que han sepultado toda posibilidad de postularse “para la grande” en el 2018. La respuesta es simple. Porque el exprocurador General de Justicia del Distrito Federal tuvo una muerte política prematura.

El ascenso de Mancera junto a Ebrard

En el 2000, Mancera Espinosa ingresó al ámbito político como asesor en la Asamblea de Representantes (ahora Legislativa) de la Comisión de Procuración de Justicia. Al cargo llegó impuesto por el grupo parlamentario del PRD, entonces partido totalitario en el recinto y controlado por Marcelo.

Durante el Gobierno de López Obrador, el ahora jefe de Gobierno ocupó diversos cargos en la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, invitado por Marcelo Ebrard, quien a su llegada a la jefatura (2006) lo nombró procurador de Justicia.

De la PGJ Miguel Ángel saltó a la candidatura del PRD al Gobierno capitalino en el 2012, propuesto por Ebrard y aprobado por López Obrador, pero como aspirante externó porque siempre se ha negado a afiliarse como militante.

En campaña, Mancera ganó la aprobación popular por su propuesta de no construir más obras, sino mejorar, remozar y modernizar la existente, un asunto que han olvidado por años los gobernantes de la capital del país y que tanta falta hace.

Pero también fue positivo para su campaña el mantener distancia con el PRD, un partido que ha tenido altas, bajas y que en la actualidad se ubica en su peor nivel histórico, producto de los malos Gobiernos de Héctor Eladio Aguirre en Guerrero (cargo al que llegó en coalición con el PAN) y del alcalde Iguala, José Luis Abarca, donde el 26 de septiembre de 2014 desaparecieron 43 estudiantes.

Mancera hizo lo propio para que el desencanto de los capitalinos hacia sus decisiones de Gobierno inundaran las redes sociales e incrementaran el rechazo a una posible candidatura presidencial para el 2018. Aunque los perredistas no piensan de la misma forma como quedó demostrado el pasado 6 de mayo durante el 27 aniversario del partido, cuando ovacionaron al jefe de Gobierno que envió un video de saludo para no violentar la ley electoral.

Pero vayamos por partes. Primero, ¿por qué los ciudadanos rechazan a Mancera? Todo se centra en las medidas impulsadas e impuestas en el transporte público y vehicular de los capitalinos.

El desgaste del transporte público

En diciembre de 2013 aumentó el precio del boleto del Metro, el RTP (antes Ruta 100), trolebuses y Tren Ligero de dos a cinco pesos e hizo una serie de promesas sobre el destino de esos recursos que hasta el momento no han sido advertidos por los 7.6 millones de usuarios que lo utilizan a diario.

El 4 de mayo del año pasado dos trenes de la Línea Cinco se impactaron en la estación Oceanía debido a una falla en el sistema de freno de un convoy que ingreso al andén a exceso de velocidad cuando llovía copiosamente en la zona.

Apenas el 9 de marzo pasado, otro vagón en la estación terminal Politécnico (de la misma Línea Cinco) que iba vacío se descarriló al ingresar al túnel para cambiar de vías.

En la estación del Metro Nativitas, el 19 de diciembre pasado se derrumbaron las escaleras de concreto. En 2014 se registraron 486 incidentes en escaleras; en 2015 fueron 503 y durante este año van 320.

Aunado a la falta de mantenimiento a las instalaciones del Metro, debe sumársele el aumento en el número de pasajeros, la urgencia de adquirir vagones nuevos porque casi la mitad del parque fue adquirido en 1969 y la construcción de nuevas líneas que conecten a la CDMX con la zona conurbada, pero sin ser un botín político ni fuente de enriquecimiento ilícito como ocurrió con la Línea Dorada.

También el Metro se ha convertido en un transporte donde el acoso sexual, el robo, las vagoneros (vendedores ambulantes) y la basura son un grave problema.

Pese a las condiciones que guarda el principal transporte, el jefe de Gobierno no ha promovido una política adecuada para solucionar la movilidad. Los peseros, taxis, bicicletas, motocicletas y demás medios se encuentran en las mismas pésimas condiciones.

El errado reglamento de tránsito

Otra decisión equivocada de Mancera Espinosa fue la adecuación del Reglamento de Tránsito, basado en un esquema que ha funcionado en países del primer mundo en donde no conducen los incivilizados automovilistas mexicanos. Las medidas fueron tan mal diseñadas que en un trayecto de mil metros la velocidad del auto puede variar de 20 a 80 kilómetros por hora.

Aunque el Gobierno capitalino ha negado en todo momento que el Reglamento sea el causante del aumento en los niveles de Ozono en el Valle de México, científicos de la UNAM han demostrado todo lo contrario basados en que el desaceleramiento de un vehículo genera más contaminación que si fuera conducido a una velocidad constante.

Además, la industria es la principal generadora de polución en el Valle de México y la autoridad ambiental no la ha tocado ni ha implementado castigos severos a los generadores de contaminantes, en cambio sí ha descuidado el transporte público y recrudecido las medidas para los autos particulares, que generan apenas el 20 por ciento de la contaminación.

Entre los mexicanos prevalece la desconfianza hacia sus gobernantes, con justificada razón. Ahora temen que el Gobierno pretenda obligarlos a comprar un nuevo producto, como antes fueron los catalizadores de los autos, la verificación vehicular, la gasolina sin plomo y tantos otros que de nada han servido para mejorar la calidad del aire.

Mancera acepta gustoso implementar todas estas medidas impopulares porque sabe que si bien es el único candidato presidencial viable al interior del PRD, donde es bien visto por los militantes, entre el electorado predomina el rechazo hacia sus acciones de Gobierno y, por lo tanto, hacia su posible postulación.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com