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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • El día se cumplió. Trump es presidente y México no está preparado
  • El as bajo la manga es Luis Videgaray y una supuesta amistad
  • Discuten quién pagará un muro que no debe construirse

Finalmente, ayer se cumplió el plazo fatídico para el advenimiento de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, con la cauda de sospechas y temores que ha provocado en el mundo el comportamiento errático del magnate.

Donald Trump inauguró su Gobierno haciendo una declaración de guerra en contra del mundo islámico y sus mil 500 millones de musulmanes.

México le hizo la primera ofrenda al nuevo “dios del dinero y de la guerra”, enviándole empaquetado para regalo, al narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, para que pueda Trump lucirlo ante su pueblo como su primer éxito.

Para entregar el presente, desde Los Pinos enviaron al aprendiz secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray.

Trump ha despertado toda clase de especulaciones entre los sectores políticos universales que no logran entender, y menos aun descifrar, los bandazos que da un hombre triunfador en los negocios que experimenta el peligrosísimo juego de dirigir al mundo desde la Casa Blanca.

Se le ha tachado de loco, irresponsable, de dictatorial y despiadado. Puede ser que tenga un poco de cada una de estas dosis que conforman su personalidad y, por lo mismo, los Gobiernos de Alemania, Francia y China ya le dieron respuesta a las amenazas directas o indirectas del súpermillonario estadunidense que ahora tendrá en sus manos los inmensos e incalculables caudales de la Reserva Federal, que por poderosa e independiente que sea puede tener alguna afectación por la conducta de incertidumbre de Trump.

Cuatro días antes de rendir protesta como el cuadragésimo quinto Presidente de la Unión Americana, a Trump se le ocurrió la balandronada de decir que la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) no servía, que se debe disolver y también, que pronto se acabaría la Unión Europea.

Los europeos reaccionaron como no lo ha hecho el Gobierno mexicano ante los agravios y amenazas de Trump.

El exprimer ministro de Francia, Manuel Vals, calificó a Trump como “un hombrecito y mala persona” y consideró la impertinente advertencia del estadunidense como una declaración de guerra.

La canciller alemana, Angela Merkel, también replicó con firmeza y determinación y dijo que “los europeos tenemos nuestro destino en nuestras propias manos”.

Los chinos no dudaron en poner sobre la mesa sus mil 373 millones de habitantes, su fuerte y voraz economía y su poderoso armamento, tan sofisticado como el de Estados Unidos. El presidente Xi Jinping señaló que “nadie saldrá vencedor en una guerra comercial”.

En cambio, México tiene como única apuesta visible para enfrentar el efecto Trump, una supuesta “amistad” de su secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, con Jared Kushner, yerno del magnate presidente, aunque para ser verdaderamente un amigo, tendría que haber jugado a las canicas o al balero de niño con “Jary”. Solo son conocidos.
VIDEGARAY Y SU PAPEL COMO CANCILLER

En Los Pinos, parece que se está a la espera de que Trump tire los primeros golpes para definir una estrategia defensiva.

Entrevistado por Joaquín López Dóriga, en radio, el secretario de Hacienda y excanciller, José Antonio Meade, fue cuestionado sobre quién definirá el rumbo de la política exterior mexicana. Su respuesta fue reveladora.

Meade dijo que aunque la conducción y definición de la política exterior son responsabilidad del Presidente de la República, éstas las realiza a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER).

“Eso quiere decir que, en esa conducción, el que instrumentará las instrucciones y las políticas del Presidente es el canciller (Luis Videgaray), le toca por ley, y nosotros habremos de estar coordinados en esa estrategia que el Presidente y el canciller definan”, dijo Meade.

Una estructura defensiva débil, perdida en el temor que tal vez al primer manotazo de Trump sobre la mesa quede hecha añicos.

En Los Pinos se sigue utilizando un lenguaje inapropiado para tratar con el ahora huesped de la Casa Blanca y sus dichos, dicharachos y amenazas (que ya comenzarán a ser una realidad).

En ningún momento el nuevo presidente estadunidense ha dejado de expresar públicamente que construirá un muro en su frontera sur y que será pagado por México.

La respuesta temblorosa del aparto gubernamental mexicano ha sido que no lo pagará, lo cual es una tontería porque el problema no es quién cubrirá los gastos, sino que no levanten ese muro. Los ciudadanos no son borregos para ser cercados por malas decisiones de su pastor.
LAS DEPORTACIONES NO SON ASUNTO FÁCIL

En el muy probable caso de que se inicien deportaciones masivas de Estados Unidos hacia México, la única defensa real que puede presentar el país es la exigencia que cualquiera de los probables repatriados debe comprobar su nacionalidad, antes de cruzar la frontera.

Este es un asunto difícil y espinoso porque los documentos que avalan la nacionalidad mexicana son acta de nacimiento, pasaporte, cartilla militar, cédula profesional y credencial de elector.

Cualquiera que conozca someramente los problemas de la frontera norte y de la migración, saben que la mayoría de los “braceros” cruzan sin ninguno de esos documentos y, por lo tanto, no podrán ser deportados y tendrán que buscar, Trump y sus secuaces, una isla donde concentrar mexicanos, filipinos, coreanos, vietnamitas, centroamericanos y sudamericanos.

Demasiados problemas, con muchos idiomas, para entenderse que habrán de causarle grandes dolores de cabeza al señor Trump y varios egresos de millones de dólares hacia esa causa perdida, porque Estados Unidos nunca dejarán de recibir inmigrantes indocumentados porque ser el país más próspero del mundo y los millones económicamente desgraciados que hay sobre la faz de la Tierra, tienen presente “el sueño americano”.

La enorme concentración de la riqueza en la Unión Americana, que gobernará Trump los próximos cuatro años por lo menos, la acaba de poner en su impúdica desnudez la organización Oxfam, donde señala que ocho hombres concentran la riqueza de tres mil 600 millones de personas más pobres del planeta.

De esos ocho magnates, seis son estadunidenses: Bill Gates, Warren Buffet, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Larry Ellison y Michael Bloomberg. Los otros dos son el mexicano Carlos Slim y el español Amancio Ortega.
QUÉ PIERDE EU SI ECHA A LOS MEXICANOS

Como respuesta a los agravios vertidos por Donald Trump, el Gobierno mexicano debe presentar una estrategia integral, que abarque una política de seguridad nacional interna, un plan fronterizo para evitar que llegue a Estados Unidos la droga que consumen sus 22 millones de adictos, además de la adecuada aplicación de programas sociales para los posibles repatriados, entre otras medidas.

Los negociadores mexicanos deben tener siempre presente, ante su contraparte estadunidense, que necesitan oponerse con argumentos y vigor a las deportaciones, porque cada mexicano repatriado será una fuente menos de remesas que, en la actualidad, significan el principal motor de divisas en el país, por encima del petróleo, el turismo y comercio.

El año pasado, el envío de dólares de connacionales hacia sus lugares de origen en México alcanzó la cifra histórica de 24 mil 625 millones de dólares. Además, algunas trasnacionales asentadas en el país podrían salir por las presiones económicas que Trump ya empezó a hacer a la Ford y la Cargill que aceptaron retirarse.

Esta semana, Walmart y General Motors anunciaron que dejarán de invertir en México para regresar parte de su capital a la Unión Americana durante este año. Pero ni Toyota ni BMW aceptaron plegarse a la amenaza del presidente estadunidense.

Posiblemente el único camino que le queda a México para tratar exitosamente con un millonario llegado a presidente del país más poderoso del mundo sea la de presentar todas sus posibles acciones en un paquete que comprenda seguridad, comercio, combate a la droga y mano de obra barata para seguir sosteniendo el alto nivel de vida de los estadunidenses.

Un mal manejo por parte de Los Pinos, o de Videgaray, de las negociaciones con Estados Unidos puede resultar en un grave perjuicio para toda la población mexicana, porque son tan bastas y complejas la relaciones entre ambos países que, en estos momentos, los intereses binacionales y personales parecen indisolubles porque siempre que se haga algo en contra de uno, también redundará en perjuicio del otro.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com