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Alto Poder

  • Manuel Mejido

  • Manuel Mejido
  • El estadunidense solo negociará con quienes cree iguales
  • Peña Nieto logró la unidad que no había conseguido
  • Polk prometió anexar Texas; Donald, el muro

Por los hechos, por el racismo latente y por la falta de un Gobierno mexicano dispuesto a jugarse el todo por el todo para evitar que el impredecible presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se extralimite en su anti mexicanismo, por decenas de razones, los gobernantes del país deben sacar fuerza de su flaqueza antes de que el pueblo decida tomar decisiones apasionadas.

El martes, cuando los enviados del Gobierno nacional Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo se dirigían a Washington para negociar, en avanzada, la visita del Presidente Peña Nieto, el 31 de este mes a la Casa Blanca, Donald Trump, con su prepotencia y su gran cinismo de empresario sin escrúpulos, les envió un “tuit” que fue como darles un portazo en pleno rostro, donde decía que el siguiente día sería grande. Más tarde, insinuó la inutilidad de la visita de Peña Nieto y, después, el mexicano canceló esa visita.

Evidentemente, Trump ya negoció con los canadienses que son hijos de la misma madre británica, que hablan el mismo idioma, piensan similar y son, en términos religiosos, protestantes.

En el papel, México tiene muchas fortalezas con las que hacer frente a Donald Trump, pero en la realidad es un país dividido, porque por malas decisiones en la cúpula del poder el “gasolinazo” y el alza de precios generalizada han ido de la mano con el desprecio de Trump.

Hoy, a 22 años de iniciado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, aparecieron las asimetrías entre un Estados Unidos y México, cuando debieron haberse estudiado, discutido y corregido para que la mejor parte, como siempre ha ocurrido, no quedara al norte del Río Bravo y las penurias al sur.

Con Trump en la Presidencia lanzando órdenes ejecutivas como quien reparte programas de teatro, la Casa Blanca se llena de ambiciones insanas.

En Washington se respira el mismo ambiente de rapiña que había en 1845 cuando el presidente de la Unión Americana James Polk, se acababa de instalar en la Presidencia gracias a su campaña exitosísima de anexar Texas a los Estados Unidos.

Polk y la guerra de rapiña que armó contra México para anexarse territorios y riquezas basados en la ley del más fuerte, mucho se asemeja lo que está ocurriendo el día de hoy en la Casa Blanca con un Trump que va como buitre tras todo el dinero que le pueda exprimir a su vecino del sur, porque no es de ojos azules, ni piel blanca y ni habla inglés.
EU RECHAZÓ EL MURO DE BERLÍN

Parece increíble que Estados Unidos el 25 de junio de 1948 iniciara el puente aéreo para evitar que el ignominioso muro, levantado por los comunistas, dividiera a Berlín físicamente.

Estados Unidos se presentó ante el mundo como los grandes demócratas, humanistas y razonables ante las tropelías que cometían los líderes soviéticos en la Alemania dividida, después de la Segunda Guerra Mundial.

Frente al muro de Berlín, que representaba lo peor de la humanidad, en la Puerta de Brandemburgo el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, durante su visita a la Alemania dividida, ante una concentración de miles de personas, el 11 de junio de 1963, concluyó con un vibrante discurso humanístico en contra del muro diciendo: “Yo también soy berlinés”.

Hoy, un Presidente que perdió la elección popular por tres millones de votos y ganó por ese raro sistema estadunidense de los votos electorales, pretende erigir un muro en la frontera con México por la increíble razón de que el más fuerte puede abusar del más débil.

El muro de Berlín, que fue una gran bandera de la Casa Blanca durante los terribles años de la Guerra Fría para atacar a los dirigentes soviéticos, hoy es un instrumento que Donald Trump maneja para tratar de someter a los mexicanos.

El punto central del conflicto no es la construcción del muro porque “ese ya existe en partes urbanas grandes. Ni es una herramienta para frenar a una migración que tampoco existe, y tiene un valor simbólico de exclusión y separación inaceptables y, sobre todo, hay un mensaje indigno a México de trato de país subordinado”, dijo a Alto Poder durante una consulta que se le hizo a Tonatiuh Guillén López, presidente del Colegio de la Frontera Norte.
SIN ARGUMENTOS PARA LEVANTAR EL MURO

El especialista, que conoce como muy pocos el conflicto fronterizo con Estados Unidos, rechazó el argumento de Trump de que el muro era necesario para frenar el ingreso de inmigrantes ilegales, porque “en los últimos años, sobre todo de 2007 a la fecha, se ha registrado un decrecimiento espectacular de la movilidad de los mexicanos (…) Los mexicanos ya no vamos a Estados Unidos”.

En tanto, el internacionalmente conocido por su actitud imparcial e inteligente en los temas mundiales, John Saxe-Fernández también consultado por mí, dijo: “No deja de ser muy clara la hostilidad. Se nos dice que no hay que confrontar, que hay que negociar. Claro que hay que negociar, pero quién está confrontando desde hace rato es Trump.

Saxe-Fernández consideró que el Presidente mexicano “debe poner la casa en orden” porque el “gasolinazo” respondió a un “timing” impuesto por los estadunidenses, lo que generó un desgaste en la imagen popular de Peña Nieto cuando se avecinaba un conflicto con Donald Trump y requería la unidad del pueblo.

Sin embargo, el presidente Peña Nieto consiguió el apoyo de los distintos sectores, incluido el Congreso y hasta del mismo Andrés Manuel López Obrador quien le recomendó presentarse el próximo martes en la Casa Blanca con una demanda ante la Organización Mundial de Comercio y otros organismos internacionales en contra del muro. Esto ya no fue necesario.

El líder moral de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas, propuso al Presidente cancelar definitivamente su visita a Washington y separarse de una vez el Tratado de Libre Comercio. Magnífica recomendación.

Su mensaje del miércoles, Peña Nieto lo inició rechazando la construcción del muro. Por primera vez lo hizo de manera directa y enfáticamente, como debió hacerlo desde el primer día que Trump anunció sus intenciones aislacionistas. El jueves anunció la suspensión de su visita a la Casa Blanca.

La duda persiste en cómo pretende Trump cobrar el muro. La opción para la Casa Blanca es imponer altos aranceles al envío de dólares que hacen los más pobres de Estados Unidos hacia los más pobres de México.

También puede incrementar el precio de las visas y de los impuestos fronterizos. Eso es lo que debe impedir el Gobierno mexicano. Y se está tardando en resolver.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte está prácticamente perdido para México (en buena hora) porque Canadá, el tercer elemento, fue muy claro al definir su postura: “Queremos mucho a los mexicanos, pero procuraremos el interés de los canadienses” y cómo no lo iban hacer si, en el fondo, son lo mismo.

Es incierto el futuro de las relaciones entre México y Estados Unidos pero la solución no está en distanciarse de Washington, porque no se pueden eliminar de un plumazo los tres mil 185 kilómetros de frontera y el intenso intercambio diario humano y de mercancías entre ambas naciones.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejido@gmail.com