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Alto poder

  • Manuel Mejido

– La protesta social se expande por todo el país

– El aparato represor aún no muestra toda su fuerza

– Necesario que militares regresen a sus cuarteles

El término de la primavera y el adviento del verano, el mes próximo, están sobrecalentando la política nacional y el ánimo popular, que el pasado martes en Santiago Atlatongo, Estado de México, ardió en un linchamiento en el que perdieron la vida dos presuntos secuestradores.

Por el momento, en el país hay marchas, plantones y toma de edificios públicos en el Distrito Federal, Guerrero, Chiapas, Michoacán, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas, Morelos, Sonora y Baja California.

El ingrediente más peligroso de las protestas es la entrada de los estudiantes que han salido a las calles a reclamar sus derechos, como en el caso del Instituto Politécnico Nacional y los universitarios de Morelos, además de los maestros en varios Estados.

Cuando estudiantes y maestros, que no son ciudadanos impreparados ni analfabetas, se lanzan a las calles porque han sido lacerados en sus derechos fundamentales, los gobernantes deben tener cuidado y tratar políticamente de resolver el problema sin el uso de la fuerza.

Durante décadas el país tuvo un eficiente y amenazante aparato represivo, que muy pocas ocasiones entró en acción, pero las veces que lo hizo fueron de resultados bárbaros.

Las elecciones de medio sexenio se efectuarán la próxima semana y en muchas regiones, como Tamaulipas y Veracruz especialmente, el ambiente no es el más propicio para que sea una jornada pacífica y aceptada por la mayoría.

Históricamente, la primera convulsión posrevolucionaria se produjo en 1939 cuando disputaron la Presidencia de la República Manuel Ávila Camacho por el PRM, y Juan Andreu Almazán, por el Partido Revolucionario de Unificación Nacional.

Dos periodos presidenciales posteriores, el de Ávila Camacho y de Miguel Alemán, hubo otro acontecimiento en el que tuvo que intervenir el aparato represivo y lo ocasionó el enfrentamiento por la Presidencia de la República entre el general Miguel Henríquez Guzmán y Adolfo Ruiz Cortines.

En ese momento, hasta en el Ejército hubo escisiones muy peligrosas y el pueblo participó en manifestaciones públicas a favor de Henríquez Guzmán, como lo hiciera a favor de Andreu Almazán.

La gente demanda justicia en las calles

Otro hecho notable, en ese tiempo de cerrazón priísta, fue el respaldo que recibió Salvador Nava Martínez, el primer candidato independiente en San Luis Potosí que ganó una alcaldía en México en 1958, que el priísmo no le pudo arrebatar.

El mismo Nava Martínez, en 1991, volvió a tomar las calles y después de 14 días en un Gobierno itinerante, el 11 de octubre de ese año obligó a Fausto Zapata, 14 días después de tomar posesión, a abandonar el Gobierno, que por orden presidencial, como se acostumbraba entonces, se adjudicó a un político de una fama de honorable y valiente, como Gonzalo Martínez Corvalá.

El gran parteaguas de los movimientos sociales en México, ya se había producido el 2 de octubre de 1968, cuando el pueblo tomó las calles en la Plaza de las Tres Culturas, en Nonoalco, y el Ejército disparó y mató a cerca de 800 manifestantes. Inclusive la periodista italiana, famosa por sus entrevistas con los gobernantes del mundo, Oriana Falacci, resultó herida en el glúteo derecho.

En la noche de Tlatelolco hubo cientos de desaparecidos, que hasta hoy no se sabe dónde quedaron sus cuerpos, si fueron enterrados clandestinamente o incinerados en la Zona Militar número 1. Sin embargo, la más grande acción del aparato represivo del país que actuaba poco y amenazaba mucho, se produjo cuando el primero de diciembre de 2006, inmediatamente después de tomar posesión como presidente después de una elección tramposa, Felipe Calderón con el pretexto de una “guerra contra el narcotráfico” sacó al Ejército a las calles y los campos del país con un resultado de más de 120 mil muertos en un sexenio.

Desconocedor Calderón de la historia universal, se olvidó de Joseph Fouché, uno de los genios de la Revolución Francesa que previno a los gobernantes de cualquier país, especialmente los del suyo, a tener cuidado en el manejo de las Fuerzas Armadas.

Fouché dijo: “Es muy fácil sacar a los militares a las calles. Lo difícil es hacerlos volver a sus cuarteles.”Hasta ahora ese ha sido el caso de México. Los militares siguen en labores de seguridad pública, cuando su labor constitucional es vigilar la seguridad nacional y las fronteras del país.

Del zapatismo a Atotzinapa la lucha social

Después del movimiento zapatista, los normalistas de Ayotzinapa volvieron a poner a México en el mapa universal de la sangre y el abuso de poder.

Lo especialmente delicado de la situación actual, es que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, parece que no ha evaluado en toda su dimensión la intensidad y frecuencia de los movimientos sociales, porque el aparato represivo sigue actuando casi con el mismo ímpetu que lo hizo durante el Gobierno de Felipe Calderón.

Ahora la protesta social sobrepasa las fronteras y nadie puede ocultar lo que en realidad ocurre en México, porque las redes sociales y el internet lo esparcen por el mundo en un instante, con el pulsar de una tecla.

Lo que en Bucareli se considera que es un asunto controlado está activo y actuante.

Consultada por Alto Poder, la investigadora Liza Aceves López, del Centro de Estudios del Desarrollo Económico y Social, aseguró que “el derecho a la protesta social debe ser defendido. El Estado mexicano y los medios de comunicación que le son afines han desplegado en los últimos años una estrategia dual de desprestigio y criminalización de la protesta social.

De las calles a las redes sociales, la lucha ciudadana

Con mucha valentía la investigadora y analista Aceves López dijo que “hoy asistimos a una estrategia del todo distinta. Los medios masivos presentan información cargada de juicios de valor con la intención de colocar la idea de que la protesta social representa disturbios, violencia, menoscabo de la libertad de tránsito y cuantiosas pérdidas económicas, omitiendo siempre la existencia del derecho que se tiene a ejercer la manifestación”.

Ante el escenario general de manipulación, los movimientos sociales han optado por construir sus propios espacios de comunicación. Tales son los casos de los estudiantes politécnicos o los normalistas que utilizan Facebook o Twitter para difundir sus movilizaciones y demandas.

Hay movilizaciones con los jornaleros de Baja California; las familias agraviadas por el Gobierno de Veracruz; los maestros en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán; los macheteros de San Salvador Atenco, en el Estado de México; los padres de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora; el movimiento de padres, madres y parientes de desaparecidos de víctimas de la violencia en Tamaulipas y Morelos; los ejidatarios de Sonora que exigen agua, además de los feminicidios y la violencia de género en Ciudad Juárez que, aunque han disminuido, siguen ocurriendo en todo el país.

Por medio del internet y las redes sociales, todos estos movimientos pueden encontrar en un momento dado un punto de convergencia que los unifique para enfrentarse a los gobiernos, y de presentarse esa situación es verdaderamente peligrosa para todo el país.

Abusos de American Express y Aeroméxico

El 23 de febrero, un viajero acudió a la oficina de Aeroméxico en Plaza Valle Oriente, de Monterrey, Nuevo León. Mientras compraba su boleto, un empleado de la aerolínea se le acercó a ofrecerle un 20 por ciento de descuento, acceso a salas VIP y un seguro de viaje, solo solicitando una tarjeta American Express.

En presencia de los empleados, el cliente advierte que vive en Houston, Texas, por lo que el promotor pregunta si puede poner la dirección de un amigo que acompaña al comprador, quien acepta sin problema alguno. También inscribe el nombre del acompañante en el seguro que le ofrecieron.

En ningún momento, el empleado advierte de un cobro extra ni cargo alguno. Solo dice que es una promoción.

La tarjeta fue enviada al domicilio de Monterrey pero personal de vigilancia la rechaza porque no conocen al titular. Un hombre, de nombre Abraham, localiza al cliente en Houston y avisa que la tarjeta será enviada a esa ciudad.

Los días tres y 10 de marzo, registra la tarjeta con dos compras por 475 pesos cada una. Dos días después llega el primer estado de cuenta con esos cargos y un par más por un monto de 577 pesos 36 centavos cada uno, a nombre de AmexGuard Elite México, que de inmediato fueron rechazados por el cliente.

Al investigar se entera que AmexGuard es un seguro contratado para él y su amigo, que había dado su dirección en Monterrey. Lo más grave es que también aparecen movimientos en la tarjeta del 11 de diciembre de 2015 al 11 de marzo de 2016, cuando la tarjeta fue solicitada el 23 de febrero pasado y recibida el 10 de marzo.

El pasado cuatro de Abril canceló la tarjeta a las 13:28 horas con Joaquín Navarro, el movimiento fue registrado con el folio MRG 2758139530y MRG 89984630.

Días después, vía correo electrónica, el cliente recibe una póliza “Axxa Seguros” donde se aclara que ésta “es exclusiva AXXA y American Express Bank no asume ninguna responsabilidad sobre el mismo”.

A la fecha, American Express envía estados de cuenta a la dirección de Monterrey y sigue acumulando intereses y otros cargos. Resulta lamentable que se abuse de un hombre de 81 años que confió en un empleado que engaña con el permiso de la aerolínea y American Express.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com