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Alto poder

  • Manuel Mejido

  • Ya no hay paloma de la paz, ahora es un pajarito azul
  • Luis Videgaray sigue aprendiendo de diplomacia
  • Adiós, amigo Rius. El hombre que dibujó la vida

La Política Exterior mexicana durante épocas regidas por la escurridiza Doctrina Estrada de la No intervención y La autodeterminación se está alejando poco a poco de esos enunciados que fueron muy buenos en su tiempo y acercándose cada vez más a los Estados Unidos.

Durante los años en que los tiburones financieros y políticos de la Unión Americana cayeron sin piedad sobre Iberoamérica, la Doctrina Estrada sirvió como una gran defensa para México.

Gracias al pensamiento de don Genaro Estrada y de don Isidro Fabela, Centroamérica sólo cayó bajo la dictadura financiera de la United Fruit Company, monopolista mundial del plátano, y padeció las de los militares de quepí alto, que trabajaban para ellos y sus familias y estaban de rodillas ante Washington.

Con la No Intervención defendida y ejercida por México, se construyó un débil escudo contra las ansias imperialistas no sólo de la Casa Blanca sino también de los grandes tiburones financieros como John Rockefeller, Andrew Carnegie y J.P. Morgan, que participaron en invasiones armadas.

Desde Washington se implementaban invasiones como la de William Walker en Nicaragua, y por supuesto la que se inició con el siglo XX de robarle Panamá a Colombia para quedarse con un canal de océano a océano.

Hoy, gracias al alejamiento de la Doctrina Estrada, México se presentó abiertamente alineado con las naciones que decidieron intervenir en Venezuela y declararla como una dictadura.

El secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Videgaray, que aún no acaba de aprender la política exterior, como él mismo dijo al acceder al puesto, no pudo abstenerse de estar con la mayoría sumisa de América en contra de un ignorante y aprendiz de dictador, como Nicolás Maduro.

El investigador del CIDE, especialista en asuntos internacionales, Jorge Schiavon, consultado por Alto Poder, dijo que “la política exterior de México siempre se ha centrado en tratar de contener la hegemonía de los Estados Unidos para poder mantener una buena relación bilateral entre los dos países.”
MÉXICO AVANZA EN DOS

DE  TRES TEMAS DEL TLCAN

Justamente ahora lo que se está intentando en México es contener a Donald Trump ante los ataques reiterados que ha hecho en contra de nuestro país y sus habitantes.

Con un Trump que tiene arrebatos de prima dona y juega a la guerra con el teléfono rojo de la Casa Blanca, que se utilizará sólo para iniciar una guerra atómica, Videgaray tratará de montarse en la Doctrina Estrada para navegar entre dos aguas, para no decir ni sí, ni no, y así no quedar mal con nadie.

Muy difícil la situación en México que tiene casi tres mil kilómetros de frontera con Estados Unidos y no puede cambiar su geografía a África o Europa.

El canciller Videgaray hace malabares, primero por sus aspiraciones presidenciales y, después, para mantener  contento al “amigo Trump”, sin ofender al resto de Iberoamérica y que por órdenes superiores ataca y vitupera a Nicolás Maduro.

Para Jorge Schiavon, la agenda mexicana ante Trump la conforman tres acciones que se impulsan. Primero, tiene que ver con la modernización y renegocación del TLCAN. La segunda, con la construcción y eventual pago del muro en la zona fronteriza y, tercero, las deportaciones de mexicanos desde los Estados Unidos.

En dos de los tres temas de la agenda binacional, que se tratarán en la reunión bilateral que iniciará la próxima semana en Estados Unidos, México parece haber logrado algunos avances.
LA MODA DEL PAJARITO AZUL

Respecto al tema de deportaciones, el país ha invertido recursos importantes para fortalecer la red de 50 Consulados en Estados Unidos que provén de asistencia y asesoría jurídica a los connacionales que puedan ser repatriados.

Evidentemente, el avance de México es que cuando menos en los primeros seis meses de la administración de Donald Trump, al frente de la Casa Blanca no ha habido deportaciones masivas, las que se han presentado son menores a las que tuvo Barack Obama en el mismo periodo.

Se necesita tener un cerebro de mosquito para no recordar la forma tremenda en que atacó Estados Unidos la construcción del muro de Berlín. En ese caso no se trataba de separar naciones, sino de poner en cuarentena bélica a los alemanes que después de la era de Hitler quedaron sumidos en el más profundo de los precipicios.

Sobre la renegociación del TLCAN, es donde puede haber muchas sorpresas, si no se negocia adecuadamente, porque Trump en su megalomanía atómica le puede dar lo mismo impedir el paso de extranjeros a la Unión Americana que gravar las remesas para que, efectivamente, sean los mexicanos quienes paguen por su muro de la vergüenza.

El investigador Rafael Velázquez de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales, sobre la actuación de Videgaray como canciller, considera que se ha mantenido prudente siguiendo la Doctrina Estrada, que básicamente servía a México para no calificar ni descalificar a otros gobiernos.

Sin embargo, el mundo está cambiando a la misma velocidad en todos los países, aunque en algunos haya 70% de su población en pobreza, como es el caso de México.

En todas las latitudes se está usando ya el Twitter, para diálogos electrónicos o mensajes para mantener relaciones diplomáticas al más alto nivel a través de esa red social.

Con la llegada sorpresiva de Trump a la Casa Blanca, todos los Presidentes o Jefes de Estado han optado por comunicarse vía Twitter por su inmediatez.

Los instrumentos y mecanismos de la política exterior evolucionan con el tiempo y el Twitter se está convirtiendo en un medio común de diplomacia pública.

Un país con una frontera tan extensa como la mexicana no puede permitirse el lujo de impulsar una política exterior entreguista, porque a la larga sucumbiría.

Se puede ser aliado de los Estados Unidos, España o Francia, de cualquier país siempre y cuando exista un respeto mutuo en todos los temas de sus relaciones.
ADIÓS, EDUARDO

Estas líneas son un recuerdo muy personal para ese gran caricaturista que fue Eduardo del Río, usando el sobrenombre de Rius.

Fuimos compañeros, Rius y yo, del quinto y sexto año de primaria que cursamos en el Instituto Centroamérica y por eso puedo decir, con toda solvencia, que Eduardo nunca cambió su forma de pensar ni de caricaturizar.

Dibujó más de 100 libros. Los últimos años de su vida los quiso pasar en su casa de Tepoztlán, porque aunque tenía aspecto de inglés en Hollywood, apreciaba enormemente a la población indígena del país.

Descansa en paz, querido amigo.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com