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Alto Poder / Manuel Mejido

  • Manuel Mejido

  • Argentina, Chile y Uruguay, muy lejanas a lo que hoy es México
  • Orden, limpieza y cortesía se viven en Bs As, Santiago y Montevideo
  • El 40 por ciento de los mexicanos no ha pisado jamás una librería

Hay cosas que solo en México suceden, como la celebración de funcionarios públicos a todo vuelo (con abrazos y cantando el Himno Nacional) por la recaptura de un criminal. Son recurrentes estos escenarios en el país en el momento complicado que se vive.

Ya que dejen de celebrar como hazaña nacional la aprehensión de un criminal y de pensar en mandarlo a Estados Unidos, porque aquí es donde deben confiscarle todos sus bienes mal habidos y exprimirle toda la información que tiene tanto de sus socios y cómplices en la política como en la iniciativa privada.

El Gobierno debe poner punto final a su celebración, tan frívola como equivocada.

Definitivamente México dejó de ser lo que era. En los años 40 y 50, los gobernantes nacionales, sus comparsas y hasta los intelectuales y comunicadores a sueldo, pregonaban que el país era el líder de América Latina, un término acuñado por los estadunidenses para no usar el correcto de Iberoamérica.

Los políticos y dirigentes nacionales presentaban a la nación como “el hermano mayor” de los países situados del Río Bravo a la Patagonia.

Hoy resulta vergonzoso hacer cualquier tipo de comparación entre México y los otros países procedentes de la Península Ibérica. En diciembre pasado, y los primeros días de este mes, realicé un recorrido por Argentina, Chile y Uruguay, porque mucho se habla en la prensa interesada sobre el mal momento que pasan esos tres países, especialmente los argentinos, que cambiaron el ‘kirchnerismo’ por el nuevo Gobierno de Mauricio Macri.

Por principio, aunque Argentina es importador de energéticos (petróleo y gas) su moneda se mantiene a 13 pesos por un dólar, mientras que en México el otrora fuerte peso no baja de los 18 pesos y el petróleo sí lo hace y se cotiza a poco más de 20 dólares el barril.

Las finanzas de toda América, incluido Estados Unidos, y Europa se han visto afectadas por la fuerte y voraz economía china, donde en muchos lugares de ese extenso territorio aún se explota el trabajo esclavo, porque junto a la fábrica están la escuela, el hospital y las casas de quienes trabajan, los comercios donde se deben surtir y todo su mundo se limita a ese espacio de producción.

La Ciudad de México, aún llamada Distrito Federal, tan ensalzada por los compositores, no admite comparación con capitales como Buenos Aires, Santiago de Chile y Montevideo. Se queda en un triste basurero junto a lo que son esas metrópolis cosmopolitas, bien gobernadas y donde se vive el orden, la limpieza y la cortesía.

El trasporte público en las ciudades del sur del continente es de primera calidad. Los autobuses y taxis que circulan lo hacen sin abolladuras, perfectamente pintados y limpios. Con conductores capaces, instruidos y respetuosos.

La capital mexicana es un pantano de trámites y permisos que frenan el desarrollo. En el sur de América lo legal se resuelve de inmediato y lo que pueda parecer ilegal, se desecha para siempre.
México ya no es la región más transparente del aire

Son demasiadas las pústulas de la capital mexicana como para esconderlas en manipulaciones mediáticas y campañas publicitarias, para enmascarar un rostro leproso.

En Buenos Aires, Santiago y Montevideo, y también se pueden nombrar Valparaíso, Viña del Mar, Antofagasta, Córdoba, Mendoza, Rosario y Punta del Este, entre otras, como tacitas de plata similares a las europeas, la cultura está por encima del salvajismo, a la inversa de lo que ocurre en México.

Buenos Aires es la ciudad del mundo con más parques púbicos de vastas dimensiones y perfectamente bien cuidados sus prados, sus árboles y sus flores. Los gobiernos de la capital argentina jamás han permitido, como en el Distrito Federal, que las zonas verdes (como el Bosque de Tlalpan) hayan sido entregadas a desarrolladores sin escrúpulos, asociados económicamente con funcionarios que conceden las licencias, para llenar de cementos las zonas verdes y destruir el antiguo encanto de lo que Alfonso Reyes describió como “la región más transparente del aire”.

Las autoridades de los tres países sudamericanos que visité han conformado ciudadanías respetuosas de la ley, el orden y la limpieza, contrariamente de lo que ocurre en México en donde la inseguridad, la falta de educación, el hambre, el desempleo y la corrupción con impunidad han llevado a las calles a generaciones de ciudadanos podridos.

En las ciudades sudamericanas existe la cortesía y el respeto entre automovilistas y peatones. No se escucha nunca ni un solo bocinazo y mucho menos mentadas de madre como en el Distrito Federal.

Las policías en esas capitales sudamericanas son incorruptibles. Quien en Santiago de Chile ofrezca una dádiva a un carabinero, se le remite inmediatamente al Ministerio Público y se le mete a prisión. De ese tamaño es el respeto a la ley y la probidad de quienes la representan.

En México la policía se dedica a asaltar a los ciudadanos y nunca pisan la cárcel porque existe la malsana práctica de “pasarle corriente al de arriba”. En esas condiciones no hay democracia que aguante, ni pueblo que resista tanta ignominia.

Para algunos estudiosos el florecimiento de las capitales de eses tres países y el empantanamiento de la capital mexicana tiene mucho que ver con la cultura y la lectura de libros que forman ciudadanos y no programas televisivos que los deforman.
Empresarios sobornan y funcionarios aceptan

En el estudio “Hábitos de lectura” elaborado en 2014 por la OCDE y la UNESCO, México se posicionó en el lugar 107 entre 108 países encuestados con aproximadamente dos libros anuales leídos per cápita.

El 40 por ciento de los mexicanos jamás ha pisado una librería, cuando en las calles de Florida, en Buenos Aires, y San Diego, en Santiago de Chile, hay decenas siempre abarrotadas de lectores en busca de nuevos títulos.

Las calles de esas ciudades son muy diferentes a las del Distrito Federal. No hay autos estacionados sobre las banquetas, no hay basura, no hay un solo bache. Por ejemplo, en Santiago de Chile si las autoridades detectan un hoyo en el asfalto, debe ser reparado en menos de dos horas.

En cambio en México se contrata a una empresa privada para multar a los automovilistas y, como premio, recibe el pago del 45 por ciento de los recursos recaudados. Este tipo de contratos están amañados porque se reparten el botín entre los funcionarios públicos corrompidos y los empresarios corruptores.

Desde el 15 de diciembre, gracias a la corrupción con impunidad, la empresa Autotraffic, de Puebla, se beneficia con las “fotomultas” que diariamente deben ser, por lo menos, cinco mil.

Los malamente llamados parquímetros, porque el nombre correcto debe ser estacionómetros, también son otra ofensa grave a la ciudadanía y otra fuente de corrupción enorme que se hace descaradamente a la vista de todos.

El Gobierno del Distrito Federal asignó seis ‘Permisos Administrativos Temporales’ (llamados PATR’s) para instalar, operar y dar mantenimiento a estos aparatos. Solo dos empresas fueron beneficiadas con las concesiones, labor que debería de hacer el Gobierno.

Del total de permisos, cinco fueron entregados a la empresa Operadora de Estacionamientos Bicentenario (OEB) y uno a Operadora de Estacionamientos Viales S.A. (OpevSA), que maneja los estacionómetros en el corredor Cuauhtémoc-Juárez- Zona Rosa, de la delegación Cuauhtémoc.

Solo dos se encuentran en operación a cargo de la permisionaria OEB y comprenden las zonas de Polanco y Lomas de Chapultepec- Virreyes.

La felonía llega al extremo que si un ciudadano se estaciona en un lugar que está a 10 metros de las máquinas donde se obtiene el boleto, llegan un par de asaltantes de cualquiera de esas compañías y ponen un inmovilizador en la llanta. Eso se llama, aquí y en China, robar en despoblado.

En las tres capitales centroamericanas que visité no existen este tipo de sinvergüenzadas, ni las permitiría un pueblo bien educado y mejor preparado que sabe defender sus derechos en esas ciudades.

Para que el Distrito Federal acceda a esos niveles de bienestar y de convivencia ordenada y pacífica, lo primero que se requiere es meter en la cárcel a los funcionarios públicos que hacen este tipo de negocios sucios, amañados con las empresas privadas de la misma especie.

También debe iniciarse cuanto antes reformas, cuyos resultados se verán a muy largo plazo, para que la capital de la República deje de ser una ciudad de salvajes y se convierta en un lugar de convivencia armónica entre ciudadanos del mismo país.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com