imagotipo

Alto Poder / Manuel Mejido

  • Manuel Mejido

  • El Papa no quería visitar México pero vendrá a sacudir conciencias
  • De último minuto, Mancera entregará las Llaves de la Ciudad
  • “Desde la fe” exhibe la realidad del país al Sumo Pontífice

La visita que el papa Francisco hará a México entre el 12 y el 17 de febrero tiene mucho más carga social y política que pastoral. Francisco viene a sacudir conciencias de gobernantes y gobernados, de ricos y pobres.

El jefe universal de la Iglesia católica sabe perfectamente que México no es un territorio que deba catequizarse, sino que se trata de un baluarte de la fe católica en América muy bien consolidado.

El pueblo mexicano puede no conocer la letra del Himno Nacional, ni saber quién es el presidente de la República, porque no tiene más símbolo de identidad nacional que la Virgen de Guadalupe. A la “morenita del Tepeyac” se le reza en español y en todos los dialectos prehispánicos.

La gente puede ser ortodoxa, judaica, musulmana, agnóstica o atea, pero toda es Guadalupana.

A este país de contrastes religiosos, sociales y políticos no quería venir el Papa Francisco para evitar problemas entre quienes rigen políticamente el país y el poder religioso, aunque entre ambos existen divisiones.

En la manera de resolver los problemas de las clases más desprotegidas del país hay profundas diferencias entre quienes tienen la obligación, moral o constitucional, de encargarse de esos temas.

La política es una enorme bola de contradicciones, de traiciones, ambiciones, falsas promesas, de lo malo mezclado con lo peor, la ausencia de vergüenza, la presencia de la corrupción.

Un personaje de la talla moral del Papa Francisco, que siempre tuvo en su misión pastoral presente las necesidades de los pobres, difícilmente pueda aceptar al cien por ciento un México católico como el que visitará, ignorante, en la pobreza, desesperanzado.

El Santo Padre estará en la Ciudad de México para entrevistarse en Palacio Nacional con el presidente Enrique Peña Nieto y para oficiar una misa en la Basílica de Guadalupe y recibir las llaves de la Ciudad que le entregará el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, agendado a última hora por su insistencia.
Aborto, matrimonio y muerte en el DF

Cuando la Ciudad de México aún era Distrito Federal realizó una serie de cambios, impulsados por Marcelo Ebrard (hoy acusado de malversar millones de dinero público), que lo enfrentaron directamente con los principios de la Iglesia Católica, que son anteriores al Concilio de Trento del siglo XVI, la más reaccionaria reunión de los jerarcas eclesiásticos.

En la Ciudad de México está despenalizado el aborto, la muerte asistida (prohibida por la Santa Sede) es legal. Lo mismo que el uso de la marihuana. El máximo agravio para la doctrina católica es el permiso legal para el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Las autoridades mexicanas pretenden hacer comulgar con ruedas de molino al Papa Francisco y lo tienen “con la espalda a la pared”, poco menos que crucificado, y haciendo equilibrios entre su fe católica, su vocación social, la política de El Vaticano y su propio corazón que desde hace muchos años tiene entregado a los más pobres.

Los arreglos diplomáticos para conciliar el agua con el aceite, la religión con la Constitución que habla de un país laico, no fueron fáciles con el Papa que hoy encabeza a más de mil millones de creyentes en el mundo.

Por el estilo de gobernar la Iglesia que tuvieron Juan Pablo Segundo y Benedicto XVI y el de Francisco, el jesuita blanco, el camino para el entendimiento entre los negociadores de El Vaticano y de Los Pinos, no estuvo precisamente sembrado de rosas.

Juan Pablo Segundo visitó cinco veces México porque su vida pastoral en un país comunista como Polonia, lo obligó a la apertura y la condescendencia para no perecer.

Benedicto XVI, cien por ciento alemán, que cargó con el estigma nazi durante su corto periodo al frente de la Iglesia Católica, hizo una visita a Guanajuato para encontrarse con la gente más reaccionaria y protegida por el Cristo del Cubilete.
Papa no viene al relumbrón de limpieza

Acertadamente la Arquidiócesis de México en su editorial del semanario “Desde la fe” señaló que el Papa Francisco “no vendrá al relumbrón de limpieza y pulcritud de ocasión, ni por los papelitos de colores o la retórica estéril” sino que “estará en lugares violentos, pobres y miserables del país, y los gobernantes ‘no pueden tapar el Sol con un dedo’.”

Ese texto, que en pocas palabras llega a la entraña y a la realidad de la visita pontificia a México, causó escozor al arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, que calificó al semanario “Desde la fe” como “sensacionalista” y recordó que no es un medio que represente a la Iglesia a nivel nacional.

Para nadie es desconocido que uno de los lugares más violentos, pobres y miserables del país es precisamente Michoacán y su capital Morelia. No se puede ocultar el Sol con un dedo ni con las palabras de un arzobispo.

Tampoco puede negarse que el relumbrón de la limpieza y pulcritud de ocasión, los papelitos de colores y la retórica estéril no hayan hecho acto de presencia ya en los lugares que visitará el papa Francisco.

Esta antigua y mala costumbre de los gobernantes mexicanos ya se puso en acción al cien por ciento en Ecatepec de Morelos, Estado de México, municipio de donde es originario el actual gobernador y avanzado aspirante presidencial priísta, Eruviel Ávila; además de que de esa entidad es originario (y también gobernó) Enrique Peña Nieto.

En cambio, el pastor universal de la Iglesia Católica, “el mínimo y dulce Francisco”, visitará Chiapas, por elección propia y no impuesta por la diplomacia, en donde se reunirá con indígenas en San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez y oficiará una misa a los chamulas, tzeltales y tzotziles.

También por iniciativa personal visitará Morelia, donde celebrará una misa y tendrá una reunión con los jóvenes.

Michoacán fue elegido por el Papa precisamente por ser uno de los estados más violentos de la República junto con Guanajuato, Sinaloa, Morelos y Guerrero.

Las estadísticas nacionales son muy claras y como sitios de marginación social, de violencia y represión, además de Michoacán y Chiapas se encuentra Chihuahua, porque en Ciudad Juárez se iniciaron los feminicidios que por su brutalidad trascendieron todas las fronteras del orbe y ahora esa lista la encabeza el Estado de México.

Francisco, el pontífice nacido en Argentina de padres italianos, eligió perfectamente bien los sitios que recorrerá la próxima semana. Ninguno es un centro turístico internacional, como Cancún, Acapulco o Los Cabos, ni ciudades de vanguardia.

En su criticado editorial, la revista “Desde la fe”, describió perfectamente para el Papa Francisco de cuanto ocurre en México porque señala que “los índices delictivos llegan a cuestionar la capacidad de todos los niveles de Gobierno, y los hechos sangrientos ya perecen ser comunes, cosas cotidianas que ‘deberían pasar’ en regiones regidas y azotadas por látigos implacables del crimen organizado”.

Una gira pontificia para cimentar la fe católica en México y dejar bien sentado que el Papa no se dejará engañar por recepciones tumultuarias que esconden la realidad del país.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com