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Alto Poder / Manuel Mejido

  • Manuel Mejido

  • Es falso que Pemex esté en quiebra
  • Evidente la tendencia privatizadora
  • Tres nuevas filiales ya reportan pérdidas

Petróleos Mexicanos, que desde su creación como empresa del Estado en 1938 siempre fue pujante y un orgullo para una nación que gritaba ‘el petróleo es nuestro’, ahora se encuentra peligrosamente al borde de la quiebra a pesar de la reforma energética y de la venta de garaje que se hace de los yacimientos.

¿En qué momento Pemex dejó de ser esa empresa boyante, generadora del 40 por ciento de los recursos del Presupuesto de Ingresos, para convertirse en el lastre que detiene el desarrollo de la nación, según quienes administran las finanzas del país?

El momento exacto, es impreciso. Pero sí puede ubicarse el principio del fin. La fecha clave es el día 26 del último mes de 1994, cuando se produjo ‘el error de diciembre’, al inicio del Gobierno de Ernesto Zedillo

Ante el colapso de la economía y las finanzas, el país, ahogado por una situación que no podía resolver por sí mismo, pidió ayuda a los Estados Unidos, la nación en donde se concentran los hombres del poder más voraces del mundo y no sueltan un dólar, a menos que les reditúe una ganancia de 100.

Ernesto Zedillo solicitó un préstamo de 50 mil millones de dólares al entonces presidente de la Unión Americana, William Clinton, y al Fondo Monetario Internacional, que después de muchas súplicas y concesiones, se le otorgó.

La primera condición establecía que los beneficios de la producción del petróleo mexicano debían depositarse ante un juez de Nueva York para garantizar el pago puntual de los intereses de esos 50 mil millones de dólares.

En acuerdos secretos, que poco a poco se hicieron públicos, los Estados Unidos, personificados por Clinton, exigieron la privatización de los bancos mexicanos que habían sido estatizados por la locura de José López Portillo el primero de septiembre de 1982. También impusieron al Gobierno mexicano una rápida privatización de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

La primera parte del leonino acuerdo se concretó de inmediato y en el Gobierno de Vicente Fox alcanzó el clímax de la sumisión a la Casa Blanca, porque la operación de venta de Banamex, el más grande banco de México, se realizó al través de la Bolsa Mexicana de Valores para evadir el pago de impuestos.

Hoy Pemex y la CFE se encuentran en el desprestigio popular y al borde de una sospechosa quiebra.
Hacienda sigue saqueando a Pemex

El especialista en energéticos Francisco Garaicoechea, presidente de la organización de Ingenieros Petroleros Constitución 1917, declaró a ‘Alto Poder’ que “es evidente la tendencia privatizadora expresada en el traspaso de más y más funciones de Pemex a compañías petroleras, principalmente extranjeras, para debilitarla, desmantelarla y desaparecerla.”

A tal efecto se ha creado una leyenda negra que califica a Pemex de centro de dispendio, corrupción y un lastre para México, “mientras se idealizan las supuestas virtudes empresariales del capital y del mercado.”

El ingeniero Garaicoechea, dentro de ese orden de ideas prosiguió: “También se aduce falsamente que las finanzas públicas carecen de márgenes de maniobra para capitalizar a Pemex, mientras le mantienen los más altos impuestos para restarle competitividad. Así aumenta la deuda externa e interna y se cubren costos exagerados en su servicio.”

Nadie duda que Pemex sea un nido de corrupción. Hay empleos demasiado bien remunerados y se aplican tecnologías atrasadas. Sin embargo, ahí no reside el debilitamiento para desmantelarlo. La verdadera causa es atribuible a la transferencia masiva de las rentas petroleras a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que el mes pasado anunció un recorte de 100 mil millones al presupuesto de la paraestatal, cuando paga impuestos tres veces mayores.

Para no enredarse mucho, Pemex tiene enormes utilidades antes de impuestos.

El desmantelamiento de Pemex

Durante cuatro décadas se han exprimido los recursos económicos de Pemex para tapar hoyos en los Gobiernos nacionales, tanto priístas como panistas. Esa sangría impidió la modernización de instalaciones, la organización de las cadenas productivas, el debilitamiento de las capacidades internas de diseño, preparación y control de los proyectos de formación de capital desde la exploración y el desarrollo de los campos de hidrocarburos hasta la refinación y la industria petroquímica.

La Reforma Energética del actual Gobierno no pretende implementar una estrategia nacional de la reconstrucción de Pemex, sino su privatización a empresas principalmente extranjeras.

La crisis provocada por la que atraviesa Pemex (porque evitando la corrupción se subsanaría) y la misión que enfrenta su nuevo director José Luis González Anaya, sin ninguna experiencia en asuntos petroleros, son artificiales porque en las ganancias antes de depreciación, intereses e impuestos y amortización la empresa mexicana es más rentable que las compañías trasnacionales Shell, British Petroleum, Chevron-Texaco, Repsol, Statoil, Schlumberger y Halliburton.

Los hechos demuestran que el quebranto de la empresa petrolera mexicana es falso. Todas las compañías dedicadas a la extracción de hidrocarburos estarían quebradas si pagaran impuestos como los exigidos por la Secretaría de Hacienda a Pemex.

Mientras continúe el saqueo financiero a la paraestatal, porque no se reduce su carga fiscal, seguirá en el estancamiento, la baja productividad y en franca caída.

Hace tres años el precio del barril de petróleo se cotizaba por encima de los 100 dólares. Hoy tan solo se vende en 25 dólares. Y sin embargo, Hacienda sigue exprimiendo a Pemex con impuestos.

La Reforma Energética de 2013 creó cinco filiales de Pemex, tres de las cuales ya reportan pérdidas. Pemex Cogeneración concluyó el 2015 con números rojos por 47.4 millones de pesos; Pemex Fertilizantes, con merma de 223.9 millones y Pemex Etileno, reportó un menoscabo de mil 457 millones. En el caso de Pemex Perforación y Servicios y de Pemex Logística sí reportaron ingresos a la empresa del Estado.

El patrimonio neto de Pemex sufrió un daño de 1.14 billones de pesos al cierre del año pasado. O sea 47 por ciento peor respecto al deterioro de 2014.

En un revelador informe de ‘Global Financial Integrity’ se asegura que “los flujos financieros ilícitos (fuga ilegal de capitales) procedentes de México durante el periodo comprendido entre 1970 y 2010 se elevaron a 872 mil millones de dólares. Esta cantidad equivale aproximadamente a 20 mil millones de dólares anuales.”

‘Global Financial Integrity’ prosigue: “Los flujos financieros ilícitos son el producto de corrupción, sobornos o comisiones, actividades criminales y esfuerzos por ocultar riquezas a las autoridades fiscales.”

Ante tales saqueos que los mexicanos debemos conocer a través de informes internacionales no hay empresa en el mundo capaz de salvarse de la quiebra.

Qué bien armada está la muerte y sepultura de Pemex.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com