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Alto Poder / Manuel Mejido

  • Manuel Mejido

  • El actual salario mínimo apenas alcanza para dos gramos de oro
  • Con los precios actuales de la carne y frijoles ¿qué comen los más pobres?
  • Hasta por la basura pelean los gobernantes en México

A los periodistas regularmente nos preguntan amigos, conocidos o lectores, si podemos explicarles de manera sencilla en qué consiste la crisis económica por la que atraviesa el país que causa desempleo, pobreza e irritación social.

La forma más fácil de explicar el momento de finanzas quebrantadas por las que atraviesa el país, podría ser comparando salarios de 1953 a la fecha, pero no con el dólar que también tiene notables altas y bajas en el mercado cambiario, sino con el oro por ser el metal que rige la estabilidad económica del mundo.

El analista financiero de origen español Rubén Manso Olivar ofrece una explicación detallada sobre lo que el oro significa en la economía del mundo o de un hogar. Dice:

“El oro es un medio de pago que conserva valor y que no puede ser producido por ninguna autoridad, lo que le preserva de la influencia política. Los bancos centrales no se fían del dinero fiduciario que los demás bancos centrales emiten, porque saben cómo crean ellos su propia moneda. En cambio el oro tiene una multitud de creadores y una limitación natural, lo que convierte en único y fiable.”

De 1953 a febrero de 2016 el peso mexicano ante el oro se devaluó un 92 por ciento y esta cifra cualquiera la puede entender porque los resultados dañinos que ha sufrido la nación con esos vaivenes han sido notables.

En 1976, por ejemplo, con un salario mínimo mensual de 826 pesos se podían comprar dos onzas de oro, o sea más de 57 gramos del metal. Hoy, la misma percepción económica de los trabajadores, de dos mil 100 pesos al mes, sólo puede adquirir tres gramos.

Hasta los niños que hacen sumas y restas en un ábaco en los lugares más remotos del país, entienden la diferencia entre 57 y tres gramos de oro.

El grupo de investigadores que patrocina y dirige el empresario Emilio España Kraus realizó un interesante estudio sobre la relación entre salarios mínimos y oro a partir de 1953, así como las devaluaciones sufridas por la moneda y, obviamente, las percepciones de los trabajadores.

En 1964 con un salario mínimo mensual de 533 pesos, se podían adquirir 38.32 gramos de oro. Para 1970, ya el país inmerso en especulaciones, los acaparadores de dinero, familias que se apoderaban de la riqueza, el salario mínimo llegó a 996 pesos equivalentes a 43 gramos de oro.

Siete años después, en enero de 1977, mientras el salario mínimo al mes se disparaba a tres mil 192 pesos de escaso poder adquisitivo, sólo se podían adquirir 34. 11 gramos de oro.
La contribución panista a la pobreza

El dólar sirve de referencia para transacciones o como moneda universal, pero no para realizar comparativos sobre la pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora.

Para enero de 1994, cuando inició el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y empezó a utilizarse el dólar casi como segunda moneda en México, el salario mínimo mensual era de 458 pesos y servía para adquirir 11.30 gramos de oro.

Con la llega del panismo a la presidencia, en 2001, el poder adquisitivo perdió la fuerza que los créditos internacionales daban al peso. El salario mínimo era de mil 264 pesos que alcanzaban para comprar 11.30 gramos de oro.

Para el final de la ‘Decena trágica’ panista, el ‘chiquisalario’ era de mil 869 pesos mensuales y apenas podía comprarse 2.76 gramos de oro.

El mismo analista Rubén Manso tiene una explicación clara sobre la depreciación del salario mínimo ante el oro y el sobreendeudamiento público, que no es más que consecuencia del desorden financiero.
El especialista reflexiona:

“El sistema bancario que padecemos, de reserva fraccionaria y sin patrón metálico que respalde la emisión de moneda que hace el correspondiente banco central en cada territorio, es una maquinaria perfecta para ir aumentando el poder de lo político continuamente. Este sistema ha permitido elevar los déficits públicos que han facilitado la compra de votos por un mecanismo perverso: servicios públicos universales, y en muchos casos absurdos, a ‘muy bajo coste’ para el ciudadano.”
Sin carne, chile ni frijoles para los más pobres

Quién es capaz de decir que una familia con el salario mínimo puede comer carne, cuando el kilo de ese alimento en el mercado popular está a 130 pesos. Un kilo de chile, vale 65 pesos o uno de tortillas 13 pesos. El frijol, en promedio, se vende a 25 pesos por kilo. Ese embustero fue Ernesto Cordero cuando era secretario de Hacienda de Calderón.

Lo básico de una familia, además de comer, es tener un techo que no le cueste muy caro, al menos que se lancen de precaristas (paracaidistas) a cualquier terreno baldío del que habrán de desalojarlos de aparecer el dueño. En esos casos, aunque sea un jacal la casa-habitación resulta costosa.

¿Cómo podrá surtirse ese trabajador de salario mínimo de agua potable, luz y transporte? ¿De dónde sacará dinero extra para vestir y calzar a su familia que podremos calcularla muy prudentemente de cuatro miembros?

En graves condiciones de subsistencia se encuentran en México, según datos de investigadores independientes, 70 millones de personas, cuya pobreza va desde el hambre hasta la carencia de alguno de los satisfactores indispensables para la vida en sociedad.

Paralelamente a la miseria creciente, hay una gran opulencia para las 35 familias que acaparan el 85 por ciento de la riqueza nacional.

En la perversa ecuación que ofrecen los gobernantes al pueblo, es clara la intención dolosa. Primero los hacen pobres y, después, el partido político cualquiera que sean sus siglas, entra en acción para “salvar” a unos cuantos miles de la pobreza extrema.

Sencillamente trasladan al pueblo de un escalón a otro, del hambre a la miseria; de la miseria a la pobreza y de la pobreza no pueden salir como ya se ha visto por generaciones enteras, porque la educación no es tan buena como se presenta, ni tan universal como se presume en la Secretaría de Educación Pública porque su titular, Aurelio Nuño, quiere ser presidente de la República.

Los aliados de quienes el pueblo eligió para sacarlos de la pobreza, son la banca privada que ahora pertenece a instituciones extranjeras que lo mismo les da que México se hunda en la desesperación de las necesidades extremas mientras haya bonanza en sus arcas, como lo presumieron en su más reciente convención celebrada en Acapulco, pregonando que 2015 fue el mejor año para los bancos.
La basura política que dejó la contingencia

La contaminación en el Valle de México vuelve a ocupar el 100 por ciento de los espacios periodísticos y el mil por ciento de la preocupación ciudadana.

Es cierto que la Ciudad de México está muy contaminada por los malos hábitos de la ciudadanía que usa el auto hasta para ir al gimnasio, tira la basura donde le place, no hay recolectores ni siquiera en las grandes avenidas, los tianguis y mercados públicos son un basurero ambulante.

Resulta lamentable que los camiones del servicio de limpia lleven colgando cuatro y hasta cinco costales de basura fuera del contenedor y para completar esta situación caótica, el Estado de México por caprichos entre los gobiernos, impide que la capital de la República deposite parte de sus desechos sólidos en las tierras mexiquenses.

Existe un Partido Verde Ecologista de México que en su membrete presume su lucha por la limpieza ambiental, pero que en realidad lo único que quiere son buenos negocios, como los Verificentros que ya opera y jugosos contratos con el IMSS.

Existe una Comisión Ambiental de la Megalópolis que integran, además de la Semarnat y la Profepa, los gobiernos de la Ciudad y el Estado de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala e Hidalgo, que ha resultado buena para nada.

Simulan que operan convenientemente las secretarías locales del Medio Ambiente en la Ciudad y el Estado de México, con los mismos resultados nulos. Cada vez que se presenta una contingencia ambiental como esta, cuyo antecedente más cercano ocurrió hace 14 años, aparecen muchos sabiondos que dicen tener la solución al problema y soslaya, socarronamente que la responsable de todas estas desgracias ecológicas es la población mal educada del país.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com