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Alto Poder / Manuel Mejido

  • Manuel Mejido

  • El Gobierno de la CDMX vive una situación esquizoide
  • Se abusa del uso del auto, y el transporte público no mejora
  • Colombia no solo combatió el tráfico de drogas, también de autos

El jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, es el receptáculo de todas las maldiciones de los chilangos, porque entre los gobernantes mexicanos la reacción es la norma, nunca la prevención.

En los últimos 20 años se han construido grandes obras para la circulación de automóviles en primeros y segundos pisos, en vías de paga y de libre tránsito. Todas para servir la comodidad de los automovilistas y no la necesidad de los ciudadanos que apenas tienen para pagar el transporte público, llámese Metro, Troblebús, Metrobús, peseros, taxis o toda esa gama de transporte que es incapaz de satisfacer la demanda y resolver el problema de movilidad en la gran urbe.

Para el especialista Bernardo Navarro Benítez, coordinador del Grupo de Movilidad y Transporte Urbano de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), “resulta impensable seguir creciendo a las tasas de hoy en el aspecto automotriz en la Ciudad de México, que en la actualidad suman 4.5 millones de unidades de las que solo una quinta parte se dedican al transporte al transporte público masivo.”

El 75 por ciento de los capitalinos se desplaza diariamente en transporte colectivo, que es de baja calidad, descuidado, sucio, abollado, contaminante, tumultuario y conducido por choferes incapaces y maldicientes.

Todos los gobernantes que ha tenido la Ciudad de México, priístas o perredistas, porque los panistas no han visto una, no han hecho nada por darle a la gran metrópoli una política ambiental adecuada, que resuelva problemas y que no engrose cuentas bancarias particulares.

Hurgando en el fondo de las decisiones gubernamentales siempre se encuentra el demonio de la corrupción y el abuso del poder.

En la Ciudad de México, el sector automotriz crece al cinco por ciento anual, al doble del ritmo de la población y este disparate urbanista no ha habido quien lo enfrente, lo ataque y lo expulse de las calles citadinas.
Aumenta parque vehicular y de motos

Para el investigador Navarro Benítez “el Gobierno de Miguel Ángel Mancera vive una situación esquizoide en términos de transporte y movilidad, porque, por una parte, se festeja que México forme parte de los primeros lugares en el índice mundial de la producción automotriz y esto solo evidencia que vivimos inmersos en la sociedad del automóvil.”

Resulta innegable que las motocicletas están creciendo a cifras de dos dígitos al año; que la tasa de motorización así como el uso del auto el año pasado fue cercano al cinco por ciento y, sin embargo, el transporte colectivo no creció ni una décima.

Cierto es que resulta aspiracional el uso del automóvil, pero también se ha convertido en un objeto de primera necesidad, por las grandes distancias que existen entre el hogar y los centros de trabajo.

Una medida tan sencilla como la que se implementa con éxito en Estados Unidos es el ‘pool car’. En las grandes autopistas se deja libre para el tránsito un carril para autos que transporten tres o más personas, lo cual incentiva la movilización a través de la organización de quienes viven en un mismo barrio y trabajan por el rumbo para utilizar un solo coche.

Consultado por Alto Poder, Sergio Padilla Galicia, coordinador de la licenciatura en Arquitectura de la UAM Azcapotzalco, dijo que “las condiciones de movilidad en las grandes y medianas ciudades tienden a incrementarse en la medida de la diversificación de las actividades de la población y de un inadecuado modelo de ordenamiento urbano. El ejemplo más significativo es la Ciudad de México, en la que se realizan más de 30 millones viaje-persona-día, de los cuales el 80 por ciento usan el transporte público.”

Padilla Galicia proporcionó datos verdaderamente sorprendentes y reveló que “en los últimos 20 años la densidad de unidades móviles circulando se ha agudizado, porque el número de viajes se incrementó y del total de vehículos en que estos se realizan el 93 por ciento son automóviles privado.”
El auto, un lujo de primera necesidad

Lo peor por la falta de una adecuada política ambientalista y de vialidad en la capital de la República, es que muchos ciudadanos invierten hasta tres horas diarias en sus viajes cotidianos en transporte público.

El problema en la macrocefalia Ciudad de México es grave, pero tiene solución. Para vergüenza de los gobernantes que antes era Distrito Federal y hoy sigue siendo capital de la República, Padilla Galicia tiene otros datos sorprendentes.

Señaló que “es un hecho que la movilidad urbana tiene que ser soportada por sistemas de transportes colectivos bien estructurados, eficientes y de carácter masivo. Existen interesantes ejemplos en este sentido. Son Medellín, Colombia, con un gran sistema de Metro, autobuses articulados y la modalidad novedosa del Metro-Cable; y el caso de Cartagena de Indias, también en Colombia, que pretende estructurar su sistema de transporte y sustituir un sinnúmero de autobuses obsoletos a partir del proyecto Transcaribe de autobuses articulados.”

La realidad está cambiando la situación de hace 20 años, en que quienes tenían miedo de que México se colombianizara. Hoy los colombianos temen que Colombia se mexicanice.

Según expertos en la materia, la calidad de vida en las ciudades está determinada, entre otros factores, por la calidad de vida del transporte público, porque el mal funcionamiento de los sistemas de transporte urbano genera problemas de congestión vehicular, accidentes y graves problemas de contaminación atmosférica.

Actualmente en la Ciudad de México el transporte colectivo es responsable de cerca del 80 por ciento de las emisiones contaminantes y aporta el 56 por ciento de los gases que actúan en el efecto invernadero. Se estima que anualmente mueren cerca de cuatro mil personas debido a los efectos negativos del transporte.
Necesario refuncionalizar áreas urbanas

La tendencia actual en las políticas públicas sobre las formas de movilidad urbana debe apuntar hacia la toma de conciencia y a la apropiación de una nueva cultura de la movilidad.

En esta nueva cultura deberá darse particular importancia a reducir la movilidad por múltiples acciones.

El desarrollo urbano deberá procurar refuncionalizar las áreas urbanas existentes y planificar los nuevos desarrollos de forma que se reduzcan los desplazamientos innecesarios, que las personas caminen más y usen la bicicleta en forma generalizada, porque además es necesario para la salud, ya que se estima que seis de cada 10 mexicanos padecen problemas de obesidad.

Esta modalidad ciclística implica una nueva cultura y el desarrollo de la infraestructura adecuada y suficiente de ciclovías bien estructuradas.

Pero, por desgracia, México no es ni Ámsterdam, ni Rotterdam, donde se respeta el peatón, porque en la ciudad de Miguel Ángel Mancera los automovilistas andan a la caza de los transeúntes.

Ángel Molinero, director del organismo Urbanismo y Sistema de Transporte Ustram, dijo que “México necesita una inversión de aproximadamente 88 mil millones de dólares para mejorar, de manera sustancial, el transporte público. De lo contrario existe el riesgo de que en los próximos años al menos 40 ciudades del país colapsen por falta de movilidad vial.”

La realidad de México es que la corrupción frena, impide o mal desarrolla las obras y que a los cambios de Gobierno se incluyan los proyectos del anterior en el cajón del olvido.

Molinero considera que en México tenemos el síndrome del Fénix sexenal, porque cada seis años construimos, inauguramos y olvidamos. Se debe empezar a consolidar y dar continuidad a los proyectos, porque de lo contrario el país seguirá con construcciones que no sirven para nada.

Para los más drásticos, la solución está en mandar a la primaria, para que aprendan a comportarse, a todo el conglomerado de chilangos.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com