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Alto Poder / Manuel Mejido

  • Manuel Mejido

  • La ambición de los gobiernos cobró vida de inocentes en París
  • Francia busca controlar el paso del petróleo por el Canal de Suez
  • Siria e Israel son países creados por las naciones imperialistas

Los ataques terroristas perpetrados en contra de civiles en París, son el resultado de la codicia por controlar un tercio de las reservas de petróleo y gas natural del cercano oriente y el paso directo, a través de oleoductos y gaseoductos, hacia occidente.

Siria es la manzana de la discordia porque en su entorno geográfico se encuentra el 33 por ciento de las reservas petroleras internacionales y es el paso recto al Canal de Suez que une a oriente con occidente.

En los subterráneos de la dominación mundial siguen luchando, en una guerra sorda y fría que se está calentando y escuchando sus alaridos, Estados Unidos y Rusia, que encabezan dos bloques poderosos y antagónicos.

Los 142 muertos y más de 300 heridos inocentes que dejaron los siete ataques ocurridos la noche del viernes 13 de noviembre en la Ciudad Luz, que se apagó por el luto, así como los anteriores ataques terroristas, tienen su origen en la guerra civil que se libra en Siria desde hace cuatro años.

En el bando ruso, que apoya al presidente sirio Al Assad, se alinean Irán y China y en el grupo opositor se encuentran Estados Unidos, Turquía, Francia, Gran Bretaña y Arabia Saudita.

La lucha soterrada que se libra por intereses económicos, exclusivamente, porque se trata del control del petróleo y su llegada hasta los mercados, se dirige desde Moscú y Washington y el resto del mundo no es más que un conjunto de seres humanos sacrificables a las ambiciones que en el fondo no son más que de dinero.

La confusión y los asesinatos que ocurren en estos momentos pueden explicarse por las decisiones tomadas por las naciones imperiales a partir de la Primera Guerra Mundial. Cuando Inglaterra, Francia y Estados Unidos se proclamaron triunfadores sobre Alemania y Turquía, empiezan a surgir nuevos países como resultado de la destrucción del imperio de la Gran Puerta.

Estados Unidos no reclamó ningún botín territorial. Solo el económico y comercial. En cambio, el imperio británico se apoderó de Irak, Palestina, Arabia Saudita y Jordania. A Francia le tocó solamente Líbano y el nuevo Estado de Siria, creado exprofeso para satisfacer la rapiña.
Los imperios se dividen Medio Oriente

En 1919 que terminó la Primera Guerra Mundial Estados Unidos dejó bien clara su posición en las guerras europeas. Su imperio, desde entonces, ha sido el económico, el control del mundo a través del dólar. Lo consiguieron con creces.

Después de la Segunda Guerra Mundial los ingleses y estadunidenses crearon el Estado de Israel a costa de territorios palestinos. Dejaron por siempre una bomba de tiempo sembrada en Medio Oriente, porque los países árabes no reconocen a esa nación.

El Medio Oriente, desde el inicio de los siglos, se ha caracterizado por ser la cuna de las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo cuyo eje de fe converge en Jerusalén, que después de la Guerra de los Seis Días, quedó bajo dominio israelí.

Actualmente la población siria se divide el 13 por ciento en chiítas, el 70 por ciento en sunitas y un 10 por ciento en cristianos. Pero el Gobierno de Al Assad pertenece a la minoría chiíta, protegida por Rusia, Irán y China.

Dos grandes errores políticos tuvo el presidente George W. Bush. El primero fue incluir a Siria en el “Eje del Mal” junto a Irán, Irak, Corea del Norte, Cuba y Libia. El segundo, debido a sus decisiones viscerales, de mandar a la horca al exdictador Sadam Hussein, que con todo y sus mil defectos y su propensión al homicidio, tenía en orden y en paz a todo Medio Oriente poblado por árabes que son un grupo étnico y no una religión.

Los curdos son otro cartucho de dinamita colocado en el corazón de esa turbulenta zona del mundo. Se les ha negado su propio país y se encuentran dispersos en tres naciones musulmanas, no árabes y enemigas entre sí, que son Iraq, Irán y Turquía.

La razón de la dispersión curda es el petróleo y el gas natural, en su dividida zona los veneros del diablo proliferan y los beneficios nunca llegan a la población.
La primavera árabe que no llegó a Siria

La llamada Primavera Árabe también incidió sobre el endurecimiento del terrorismo islámico. Abruptamente salieron a la libertad los pueblos sometidos de Túnez, Egipto y Libia. Los sirios no la alcanzaron, ni con las redes sociales y el ejemplo de sus vecinos, porque fueron aplastados por las Fuerzas Armadas de Al Assad.

Las divisiones que tantos problemas causan siempre a los países, en Siria se especializaron en destrozar la nación. Los chiítas, que son la minoría pero gobiernan gracias al apoyo de Rusia, y los sunitas que son mayoría pero divididos en islamistas e islamistas radicales.

Los islamistas se alinearon en el Ejército Libre de Siria (FSA, por sus siglas en inglés), son sunitas. A éste se unió el Ejército islámico y otros 70 grupos para hacer frente, como hasta ahora, al Gobierno de Al Assad.

Un sector del FSA abandonó ese Ejército para convertirse en un grupo radical llamado Al Nusra (Al Qaeda, en vida de Osama Bin Laden). Después del ataque a las Torres Gemelas de Estados Unidos, se separaron muchos militantes para conformar el hoy llamado Estado Islámico, también conocido como ISIS, que son los responsables de los ataques ocurridos la semana pasada en París.

Los ISIS controlan la mayor parte de Siria e Iraq, y pretenden, con actos de terrorismo cada vez más atrevidos y sangrientos, ejercer su poder a través de Asia, África y Levante (hasta el Mar Mediterráneo), según sus falsos profetas.

La reacción de la aviación francesa fue inmediata. El domingo pasado realizaron una serie de bombardeos intensivos sobre los lugares en donde se mueve el Estado Islámico y se forman en el fanatismo a los terroristas que el mundo conoce como bombas humanas.
Siria lleva apenas

50 años como país

Siria, que tiene salida al Mar Mediterráneo, siempre estuvo sometida a los grandes imperios. Fueron colonias de los persas, los griegos, los romanos, el imperio romano de Oriente en Constantinopla y los turcos, hasta después de la Primera Guerra Mundial.

Lo mismo que el resto del mundo árabe, sufrieron la traición de Inglaterra que los usó como aliados para atacar a los turcos a cambio de que se les devolvieran sus naciones.

La historia que ha sido hasta llevada al cine, porque se trata de un juego de traiciones fue la del Coronel Edward Thomas Lawrence, conocido en el mundo como Lawrence de Arabia.

Las malas decisiones de los gobiernos que han desembocado en los actos bárbaros de terrorismo en el Estado Islámico se iniciaron desde 1916, cuando Francia e Inglaterra firmaron el acuerdo de Sykes-Picot para dividirse los despojos del Imperio Otomano, entre los que se encontraba un territorio que entonces todavía no alcanzaba el grado de nación.

La región estratégica del Medio Oriente, especialmente de Siria, apenas hace 50 años que se gobierna como un país independiente y, sin embargo, no deja de ser un tema de atención universal debido a lo que ocurre al interior de sus fronteras y de la exportación de terroristas, fanáticos del islamismo, que atacan en las principales ciudades del llamado mundo occidental.
Hasta la vista ‘Ranita’ Freyre

Rafael Freyre, uno de los grandes caricaturistas mexicanos, de la misma época de Abel Quezada, Ernesto García Cabral y de Arias Bernal, dejó como testamento a las nuevas generaciones un excelente y cuantioso tesoro en sus cartones.

Inolvidables resultaron aquellos que hizo sobre Winston Churchill a la muerte de ese personaje. Por cierto una obra de esa colección, ‘La Ranita’ Freyre me la obsequió.

Murió a los 97 años porque era un hombre bueno, que mereció vivir mucho, como ocurrió. Durante los muchos años que fuimos amigos, nunca le conocí ni envidias ni deseos de vengarse, porque era incapaz de guardar ningún rencor.

Ahí nos vemos, mi querido Rafa.

Y hasta el próximo sábado, en este mismo espacio.
manuelmejidot@gmail.com