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¡Amor… libertad, igualdad, fraternidad!

  • Andrea Cataño

Al contrario que a los gringos, a los franceses no les importa que sus presidentes tengan aventuras amorosas. Para muestra, ahí están los casos de Mitterand y de François Hollande. La vida privada de sus mandatarios, es eso, privada y mientras sus líos de faldas no interfieran con su capacidad de gobernar, que duerman con quien les plazca. Sin embargo, no sucede así con la corrupción, lo que quedó comprobado con el desplome del candidato al principio puntero, François Fillon, por haberle conseguido una “aviaduría” a su esposa.

De lo que más se hablado de Emmanuel Macron es que su esposa, Brigitte tiene 64 años y siete nietos, y él, 39. Los mismos 25 años de diferencia que Trump le lleva a Melania, pero en el caso de los hombres con parejas mucho más jóvenes, nadie levanta la ceja.

Emmanuel y Brigitte comparten una historia de amor extraordinaria en una sociedad en la que siguen vigentes los estereotipos.  Pero más allá de eso, quisiera enfocarme en lo que significa para Francia las particularidades de esa historia y lo que revelan de su protagonista masculino.

Cuando se enamoraron él tenía apenas 15 años; ella era maestra de arte dramático de un colegio católico en Amiens, al norte de Francia, estaba casada y tenía tres hijos, uno de los cuales era compañero de pupitre de Macron.

Brigitte Trogneux, hija de una familia acaudalada de la región, tenía de excelente profesora. Escuchó hablar por primera vez de Emmanuel Macron por su hija Laurence, quien llegó un día a casa sorprendida por un compañero que “sabia todo de todo”.

La profesora, entonces de 39 años, lo confirmó cuando fue su alumno y Emmanuel le propuso que escribieran un libreto para una obra de teatro. Macron era bien parecido, pero ante todo, brillante, culto y encantador. El libreto fue el detonante del amor. Empezarona verse con ese motivo y, poco a poco se enamoraron, ante la obvia desaprobación familiar. A Emmanuel lo enviaron a París para poner tierra de por medio. Al despedirse, con apenas 17 años, le dijo: “pase lo que pase, un día me casaré contigo”.

La relación superó la distancia. Ella se divorció y, finalmente, se casaron trece años después, en 2007, cuando Brigitte tenía 54 y Macron, 29 y siguen juntos y enamorados.

No es difícil imaginarse por qué esta historia de amor perfilará la presidencia de Macron. Primero, refleja claridad y congruencia. Desde muy joven, Macron supo lo que quería y actuó en consecuencia. Segundo; seguridad en la toma de decisiones. Además del corazón, el presidente electo más joven de Francia, supo desde la adolescencia lo que quería no solamente en el amor, sino en la religión y la profesión. Criado en una familia acomodada pero no creyente, él mismo pidió a los doce años que lo bautizaran como católico. Se recibió de licenciado en filosofía por la Universidad de Paris-Ouest y más tarde, en 2004, obtuvo una maestría en administración pública por la muy prestigiada École nationale d’aministration, ENA, la más rigurosa de Francia y como adornito, es un excelente pianista.

Un hombre de convicciones, con metas, persistente, de ideas claras, amplia cultura, mentalidad abierta y capacidad de análisis profundo, gracias a su formación humanista es una esperanza para la libertad, la igualdad y la fraternidad. Su triunfo nos dice que un candidato independiente puede ganar. Tal vez, algún día se pueda en México. Por ahora ¡viva Francia!
andreacatano@gmail.com