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Anatomía de la corrupción

  • José Roberto Ruíz Saldaña

  • José Roberto Ruiz Saldaña

La asociación “Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad” (MCCI), ha dado a conocer la segunda edición de “México: Anatomía de la Corrupción”, el cual resume los principales índices, indicadores y mediciones sobre la frecuencia y extensión de ese fenómeno, sus causas y efectos, los esfuerzos para combatirlo y de los pobres resultados obtenidos.

El estudio comienza alertándonos sobre las malas calificaciones de México a nivel mundial en la materia. En el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, el más aceptado y citado en el mundo, nuestro país obtuvo una calificación de 35 puntos de 100 posibles en 2015, donde cero es altamente corrupto y 100 es muy limpio. Dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, México ocupa el último lugar; dentro del G-20 ocupa la antepenúltima posición; o bien según el Barómetro de las Américas 2014, México es el cuarto país de América Latina en donde es más común el pago de sobornos, por debajo de Haití, Bolivia y Paraguay.

En la segunda edición de “México: Anatomía de la Corrupción”, se da amplia cuenta del grado de atención que representa aquella en nuestro país. Según el Barómetro Global de la Corrupción 2013, para más de noventa por ciento de mexicanos ésta constituye un problema y para ochenta por ciento de ellos es un problema serio. Por su parte, según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2015, la corrupción es el segundo problema para los mexicanos, solo después de la inseguridad y la delincuencia. Una conocida encuestadora en 2016 la ubica en cuarto lugar, después de la inseguridad, la crisis y el desempleo; o bien un reconocido periódico nacional califica a la corrupción como el tercer problema reportado por los ciudadanos, pero el primero por los líderes entrevistados.

En el estudio también se reproduce la clasificación de las Entidades Federativas, ubicadas por porcentaje, en que la población considera que las prácticas de corrupción son ahí muy frecuentes o frecuentes. Conforme a esa clasificación, las entidades con mayor percepción sobre frecuencia de corrupción son la Ciudad de México, Tabasco, Chiapas, Guerrero y Jalisco, mientras los Estados con menor percepción son Querétaro, Yucatán, Hidalgo, Aguascalientes y Tamaulipas.

De igual manera, el estudio aborda el problema de la corrupción en las empresas, es decir, al interior de las mismas o en convivencia con otros entes privados y el que se da en relación con el sector público. Sobre esto último, según la Encuesta de Fraude y Corrupción en México, cuarenta y cuatro por ciento de los emprendedores y dueños de negocios se enfrentan a la “necesidad” de hacer un pago extra-oficial para poder operar.

La mayor atención en México al problema de la corrupción, su generalizada preocupación y los recientes esfuerzos por crear un Sistema Nacional Anticorrupción, estarían poniéndonos en la ruta adecuada, sin dejar de reconocer -como bien se dice en el estudio- que “estamos frente a un problema sistémico, de consecuencias perniciosas y de difícil solución”. Los avances documentados de países como Ecuador y Georgia nos recuerdan que ninguna nación está destinada a padecer ese problema.

Consejero electoral del INE

@Jose_Roberto77

joseroberto.ruiz@ine.mx