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Anécdota del constituyente de 1917

  • Juan Antonio García Villa

En el año que corre se cumplió un siglo de la promulgación de la Constitución de 1917, lo cual ocurrió el 5 de febrero. Con este motivo se supuso que a lo largo del año se realizarían numerosos actos, de tipo académico, político y cultural en homenaje a la llamada Carta Magna.

Pero con excepción de algunos días de febrero, en general no ha sucedido así. Y lo más probable es que tampoco ocurra en lo que resta del año. Lo que ha resultado un tanto frustrante para no pocos. ¿La razón? Que desde hace cuando menos dos décadas la Constitución, igual que sucedió con el concepto de Revolución, dejó de ser un fetiche políticamente
aprovechable.

Pero es mucho lo que aún se puede decir e investigar en torno a la centenaria Constitución y acerca de quienes en poco más de dos intensos meses la discutieron y aprobaron, es decir, sobre los constituyentes. Entre otros, por ejemplo sobre el cubano de nombre Rubén Martí, figura muy pintoresca que sin saber cómo ni por qué se coló como constituyente por el distrito de Lerma y supo muy bien ganarse el aprecio de sus colegas. Anécdotas hay muchísimas. Entre otras sobre los diputados constituyentes que tenían la adicción al tabaco.

Según se lee en el Diario de los Debates, en la sesión del 27 de noviembre de 1916 el diputado José Reynoso, del VIII Distrito del Estado de México, hizo uso de la palabra y dijo: “Es perfectamente sabido que en todos los congresos del mundo se permite que los diputados fumen y sin necesidad de salir del salón; así es que yo juzgo que puede hacerse”. Rápidamente quien presidía el Congreso en ese momento, el diputado Manuel Amaya, le respondió: “No se puede”. A continuación pidió hacer uso de la palabra el diputado Félix Palavicini y pronunció una extensa perorata en la que, entre otras cosas, dijo:

“No está a discusión realmente la ley de tabaco;… yo no me atrevería a solicitar a usted, que es hombre recto y enérgico, que violase la ley; pero yo voy a decir al señor presidente que si quiere conservar siempre el quórum en la Asamblea… es preciso, no que viole la ley, sino que no se preocupe como un domine de cuáles diputados fuman o dejan de fumar. Es verdad que los preceptos del Reglamento dicen que no se fume en el Salón de Sesiones, pero es verdad también que no hay ninguna sanción para el que fume… Por consiguiente, yo propongo al señor presidente que no trate de ocuparse gendarmerilmente de quiénes están o no fumando; esa sería cuestión de los mozos y aquí los señores diputados no podrán sujetarse ni a los mozos ni a los conserjes…”

Luego el presidente replicó así: “No estoy conforme con la moción del señor Palavicini; yo soporto toda la responsabilidad y todas las furias del Congreso, con tal de cumplir con la ley”. A continuación otro presunto diputado preguntó “si se puede fumar en el departamento contiguo”, y el diputado Reynoso, el mismo que inició la discusión le dice: “¡Sí, hombre!”

En varias otras sesiones volvió a salir el tema. Como en la del 18 de diciembre de 1916, cuando el presidente Luis Manuel Rojas insiste en que no se debe fumar en el Salón de Sesiones y entonces el diputado Gilberto M. Navarro, de Guanajuato, grita: “Si prohíben fumar en la sala, tendríamos que salir a los pasillos y se quedaría sin quórum la sesión”. A continuación una voz no identificada expresa: “¡Que masquen tabaco! (risas)”.

Cuántas cosas, aun chuscas, no se presentaron en el Constituyente de Querétaro. Iremos viendo algunas.