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“Ángela” en el Día del Niño / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

El próximo Día del Niño que tradicionalmente había sido un día de fiesta y lo seguirá siendo para muchos, se ve obscuro ante tantos hechos que han involucrado a esa parte de la población que ha tenido que dejar a un lado sus juegos de infancia y sus esperanzas de un futuro.

El lunes tuvo lugar el entierro de “Ángela” que fue sepultada a más de un año de su atroz muerte, por iniciativa del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, (TSJCM) paradojalmente en el Día Internacional contra el Maltrato Infantil. Casos como el de esta niña de terrible vida, se repiten en el día a día y no es exagerado decir que es la representación, por trillado que suene, de una descomposición social que viene desde el núcleo familiar, el más cercano, donde se supone que los hijos e hijas deben estar
seguros.

Pero no es así. El destino de “Ángela” terminó muy pronto y dadas las evidencias, fue mejor para ella. Ningún familiar o amigo, como lo señaló el presidente del TSJCM, Edgar Elías Azar, reclamó su cuerpo en todo este tiempo, lo que demuestra, además, que ninguno de los cercanos de la menor han tenido el valor de denunciar no solo su muerte, sino el maltrato que sufrió en su corta vida. ¿Qué más descomposición de quien se atrevió a hacerle tanto daño y de quienes no lo evidencian?

Niños y niñas de todo el planeta, hoy sabemos con mayor precisión, son víctimas de depredadores de todo tipo: por miembros de la propia familia sin importar su estatus económico, utilizados en las guerras, víctimas de la migración, de la pedofilia o de su explotación económica; además de ser los mayores damnificados de la pobreza y de sistemas políticos que de una u otra manera han hecho de ellos y ellas su
clientela.

Lo que antes se veía relativamente poco, en los últimos tiempos los infantes se reclutan para el narcotráfico, como “kamikazes”, para trabajar “del otro lado” como está ocurriendo con alto incremento entre países centroamericanos y la frontera norte en el que está de por medio México, con sus propios niños mexicanos exportándolos, como medio para el sostenimiento de familias y para hacer más ricos a los ricos en países en que su mano de obra es más barata para mayor provecho de sus ganancias en productos
comerciales.

Y así seguiríamos con una larga lista que demuestra lo urgente de tomar medidas que permitan a la infancia poder tener un proyecto de vida digna; una lucha en que cada quien tiene que hacer su parte y no flexibilizar lasregulaciones tanto internacionales, pero sobre todo nacionales, para rescatar aquellos valores de los que tanto hablamos y poco
hacemos.

Sería ilusorio y poco realista pensar que con buenas intenciones se cambiarán muchas de esas prácticas descritas, pero con voluntad y llevando a cabo políticas públicas que impliquen la concientización de la población en algo o mucho podemos
avanzar.