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  • Pablo Marentes

Pablo Marentes

El 13 de agosto de 1521 se dice que cayó, conquistada, Mesoamérica: el conjunto de estados, organizaciones sociales territoriales, de inteligencia, arte, ciencia, invención de fórmulas políticas eficaces que evitaron guerras y produjeron precursoras organizaciones sociales, económicas, políticas, y de conciliación y reconciliación social, las cuales legaron métodos de observación de movimientos planetarios y también métodos inhibitorios de conductas agresivas y fórmulas de convivencia que permanecen ignoradas, en primer lugar, por la mayoría de los habitantes de Norteamérica, y de algunas regiones de Europa Occidental.

En Mesopotamia, Egipto, China, el Valle del Indo, y en los conjuntos Andino y de Mesoamérica,  se  desarrollaron culturas que no tuvieron contacto con otros asentamientos humanos que fungieran como catalizadores de sus modos de vida, su estética, sus métodos de transformar su medio ambiente para hacer del mundo un lugar menos hostil mediante el cultivo de la inteligencia.

Los productos de ese cultivo intelectual fueron transformados en métodos para el arte, las ciencias, la definición de formas de Estado y la conciliación política que evitaran las guerras y erradicaran las religiones agresivas y destructoras. No hay fantasía ni deformación histórica en la afirmación y consecuente denominación que efectúa León Portilla de la existencia de seis culturas originales. Hay exageración, si, y afirmación fallida en el diagnóstico de la pretendida muerte por agotamiento cultural de Mesoamérica que formulan algunos historiadores españoles o espontáneos e infusos especialistas de la historia y la sociedad que antecedió a la llegada accidental de los navegantes y exploradores de territorios y de relaciones con quienes habitaban estas tierras nunca antes visitadas.

Entre las fallidas afirmaciones relativas a la historia cultural y política mesoamericana destaca la de José Antonio Sánchez quien funge –espero que por brevísimo tiempo–, como Director de lo que había sido, hasta que él llegó, un modelo de organismo de televisión pública. Me refiero a Radio y Televisión Española. Contrario a lo que este señor se atreve a señalar, Mesoamérica produjo formas eficaces de conciliación política para hacer factible la convivencia entre naciones. La más reconocida es la Guerra Florida. Ilhuicamina, el guerrero celeste, vencía a la oscuridad y daba paso a la luz del día. Los guerreros tigres de la noche, “iban al campo de batalla a recolectar flores porque en la piedra de los sacrificios, al golpe del cuchillo, surgía la flor más preciosa de todas: el corazón del hombre.”

San Agustín, el primer doctor de la Iglesia pretendidamente universal, decía que Dios es quien captura el corazón del hombre.  Llegar a Dios mediante el sacrificio hizo de la Guerra Florida la culminación religiosa de los mesoamericanos.  El señor Sánchez opina que “lamentar la desaparición del Imperio Azteca es lo mismo que sentir pesar por la derrota de los nazis en la Segunda Guerra.” Los tlaxcaltecas y otros estados mesoamericanos no deseaban formar parte de la Triple Alianza.

Se sumaron, en consecuencia, al minúsculo ejército de 500 o 600 hombres, que trajo Cortés de Cuba, en un pacto estrictamente medieval, dictado por los mismos tlaxcaltecas. . Fueron ellos los que contribuyeron a la desaparición de la Alianza que pretendía  imponer en el aglomerado humano más fecundo de Mesoamérica un solo mando, una única forma de cultivar la inteligencia, una sola religión. Y quedan pruebas de su inquebrantable propósito de participar en las exploraciones del “nuevo mundo y los nuevos mares.”  Ya hablaremos de ellas.