imagotipo

Año nuevo: nostalgia del futuro / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

 

“Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad”.

Antoine de Saint-Exupéry

1. Los cínicos tienen permiso. Las carcajadas son sonoras, retumban en las elegantes oficinas burocráticas, en las suntuosas residencias, en los restaurantes de lujo, en todas partes que pueden, sin la presencia inquisitiva de fotógrafos o de cronistas valiosos, la burocracia política y los empresarios pudientes y glotones se solazan de una vida de placeres mundanos y alimenticios ¿y por qué no? El país como unidad generalizable se desgarra entre la pobreza, la desigualdad, las múltiples violencias, la corrupción epidérmica y endémica, la ineptitud de funcionarios y políticos de todas las marcas y signos, y demás desgracias terrenales. ¿Por qué carajos los privilegiados pueden burlarse de las masas y hambrientas y enajenadas? Muy sencillo, tienen el poder político y económico.

2. Partidos millonarios y ciudadanos creyentes. La casta política mexicana cumple impecablemente su función. Simula que trabaja para los intereses colectivos, aparenta que tiene diferencias “irreconciliables”, teatraliza sus debates y simula sus enconos. Claro, en un país ahogado por el presidencialismo, con instituciones sometidas a los dictados de los de siempre, en una democracia que se circunscribe a modelar y modular el sufragismo meramente terapéutico y catártico. Para eso sirven los partidos, legitiman y aplauden a rabiar sus ocurrencias y desvaríos. El temporal es trianual o sexenal, los ciudadanos se autocomplacen depositando un pedazo de papel en una urna. Se van ufanos. Hay en ellos un gen mediatizador y cuasi religioso, votan esperanzados de que este o aquel sean mejores que los anteriores, se van decepcionando, pero no es suficiente, solo mascullan su rabia en la clandestinidad de sus casas o en las pláticas privadas de los cercanos. No más.

3. Desigualdad y exclusión a la vista de todos. Los datos descarnados y brutales están frente a nosotros. Las brechas que separan a los dueños del dinero y a los asalariados pobres y oprimidos es cotidiana, se respira en las calles, en los centros comerciales, en el transporte público, en las noches desvalidas, en el gasto cotidiano, en el acceso escolar, en las oportunidades laborales, en el campo de la salud, aquí se sintetiza el fantasma de la desigualdad y la angustia. En tanto, los números, esas malditas cifras  retratan lo que se quiere ocultar con discursos huecos y vacuos; números de carne humana desechable y despreciada, desempleados, jubilados y rechazados de la órbita escolar, todos como un ejército mudo y ostentosamente callado. Aquí está el México que no ocupa el horario triple “A” del duopolio televisivo. ¡Qué asco! Ahí pura gente bonita. Faltaba más.

4. Candidatos y cirujanos del presupuesto. Ya se apuntan aspirantes, suspirantes y todo tipo de arribistas para ocupar la casa presidencial en el 2018. Sin propuestas trascendentes y profundas, guarines de plazas y corredores, demagogos a la carta, amnésicos de su historia, asaltantes del poder político, ignorantes y practicantes de arranques elementales. Todos y todas con las mismas voces monocordes aunque con sonsonetes distintos. Ciegos del mundo real y distribuidores de aspirinas mediáticas. Ahí van estos picaros y picaras, el cielo puede esperar, lo terrenal es lo redituablemente importante. Se frotan las manos, algo habrá para todos.

Epílogo. Las condiciones “objetivas” están dadas para una reacción masiva y justificada de millones de mexicanos marginados y despreciados, sin embargo, esas masas no tienen humor ni organización para levantar la cabeza. El miedo impuesto y construido es mayor que la necesidad de luchar por demandas de sobrevivencia y de decoro básico. ¿Feliz año? ¿Qué broma de humor negro es ese deseo?

pedropenaloza@yahoo.com / Twitter: @pedro_penaloz