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Anticipación

  • Federico Ling Sanz

Federico Ling Sanz Cerrada

La capacidad de anticipar escenarios, realidades y posibles resultados es una de las cualidades más significativas que tiene el ser humano. A diferencia de los animales, nuestra inteligencia nos permite crear proyecciones en la mente, y extrapolarles a la realidad para prever un resultado esperado. Todo es cuestión de lógica y de sentido común. Sin embargo, muchas veces pasamos por alto esta condición que nos caracteriza. En Ciencia Política se llama “Prospectiva” y es una de las materias más estudiadas, mejor pagadas, más difíciles de ejecutar y con un nivel de complejidad elevado. Para hacer prospectiva política se requiere primero hacer un buen análisis. Como todo en la vida, para entender lo que pasa en el presente, hay que primero estudiar el pasado; si sabemos de dónde vienen las cosas, cuál es su origen y su causa y podemos analizar claramente la correlación de fuerzas en la actualidad, en realidad no tendríamos problema para saber lo que vendrá en el futuro. Por eso la prospectiva tiene un valor tan elevado en esta disciplina.

Ahora bien, hacer prospectiva política (anticipar) y saber lo que sucedería en ciertos escenarios no sirve de nada si no ponemos en práctica en la realidad, todo aquello que recreamos en la teoría. ¿De qué sirve a un gobernante tener analistas políticos que hagan prospectiva y anticipen, si al final de cuentas, no hará caso de sus recomendaciones? Lo mismo sucede en algún negocio: ¿para qué estudiar los ciclos de la economía, si al final no haremos nada al respecto para tomar medidas ante el rumbo de las cosas? Y luego nos culpamos de las circunstancias.

Pues bien, creo que si yo fuera analista político y el Presidente de la República me pidiera hacer un análisis de prospectiva sobre los riesgos inminentes de los próximos meses, le diría lo siguiente en lo que tiene que enfocarse: primero que nada, en el posible triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Aunque no soy partidario de andar echando culpas ajenas en el extranjero, es evidente que el ascenso eventual al poder de este remedo de dictador tendría consecuencias inmediatas para México (renegociar el TLCAN, la construcción del muro, etc.). En segundo lugar, le advertiría del riesgo de desestabilización del movimiento de los llamados “maestros” (más bien son delincuentes). El fenómeno de ingobernabilidad puede desbordarse, y ello aunado a una campaña negativa y constante de los desaparecidos de Ayotzinapa y de la violencia en el país, terminaría por afectar negativa y profundamente a la sociedad, haciendo difícil el Estado de Derecho en cualquier rincón de México si ello se desborda. Y en tercer lugar, le advertiría de la pésima imagen del servicio público actualmente en México. Le diría que las disculpas por la “Casa Blanca” no son suficientes, y que requiere acciones más concretas para combatir la corrupción, que tanto molesta y lastima a los ciudadanos.

Todos estos factores anteriores constituyen los “focos rojos” más importantes de cara al fin del sexenio. Luego entonces, ¿para qué sirve la anticipación? Para evitar escenarios catastróficos, en donde solamente reaccionemos sin capacidad ni margen de maniobra, cuando ya no queda mucho por hacer. Si desde antes somos capaces de anticipar lo que sucederá, entonces quizá también tomaremos medidas para evitar aquello que se puede evitar. Un buen gobernante lo sabe, y por eso tienen la enorme responsabilidad de escuchar a aquellos estrategas que se dedican a hacer prospectiva política, tanto para evitar los obstáculos, como para tomar acciones afirmativas que le fortalezcan. En eso consiste la inteligencia política.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información