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Anticipaciones

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

El 8 de noviembre, dentro de 46 días, se efectuará la elección del cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos. Trump, Donald, lleva la delantera. Las preferencias favorecen milimétricamente a Clinton, Hillary. Habrá más votantes de las minorías raciales y étnicas. El porcentaje de votantes blancos dispuestos a ir a las urnas ha disminuido. La intención se ha reducido del 71 por ciento al 69 por ciento con referencia a las elecciones de 2012. Hay 147 millones de votantes registrados, de un total de 218 millones 959 mil ciudadanos en edad de votar.

Los sondeos de poco sirven para pronosticar el resultado de una elección en una sociedad descontenta, molesta. Conviene tener en mente que quien decide la elección es el Colegio Electoral, en la normalidad o en la anormalidad. Como sucedió en la elección de George Bush-Al Gore. Éste obtuvo 544 mil votos directos más que Bush. Pero los 25 votos electorales del Estado de Florida, cuyo gobernador era Jeb Bush, su hermano, hicieron que George obtuviera la Presidencia a pesar de que perdió la elección directa.

Los recientes enfrentamientos en varios estados entre destacamentos de Policía y ciudadanos que pertenecen a minorías afroamericanas, seguramente determinarán que la elección sea decidida por el voto del Colegio Electoral, constituido por los colegios electorales de cada estado. Ya asoman las preocupaciones. Y la tensión se eleva. Hay irritación.  La modalidad económica vigente no favorece el equilibrio entre los diferentes grupos de quienes trabajan en las diez mil y un ocupaciones urbanas. Y hay irritación en grandes grupos de ciudadanos que ganan salarios bajos porque son los que aceptan las minorías de migrantes legales o no.

México será el Estado nacional que padecerá los más agudos efectos económicos, sociales y humanos cuando Trump llegue a la Casa Blanca. En tiempos normales México padece represalias y controles en el intercambio comercial cotidiano. Baste recordar el atún, los tomates. Serán indefectibles los enfrentamientos que provocará Trump. Por absurdo que parezca su proyecto de muro migratorio infranqueable, le será fácil ordenar que le agreguen dos metros y unos refuerzos a la lámina al que ya existe. Y el costo será mínimo. Es posible el muro en los linderos donde ya existe. En el oriente extremo, la frontera que termina en el Golfo, tiene una profundidad abismal.  Allí solo se atreven los reptiles, los tejones, algunos roedores, y los aventureros que exploran esas fallas geológicas paras tomarlas fotografías espectaculares que pública el National Geographic. Semejantes a las que publicó hace unos 20 años.  Aún en fotografía, la profundidad marea y amedrenta.  Y con o sin muro los mexicanos seguirán arriesgando su vida para llegar a las ciudades aledañas en las que encontrarán la solidaridad amistosa de quienes se les adelantaron. El éxodo mexicano es el de más larga duración en la historia de la humanidad. Nadie migra a la usanza de los trashumantes del pleistoceno. Solo los mexicanos.  Y de eso no es imputable a Trump. Cada trabajador mexicano que atraviesa la frontera, tiene el indeleble sello: Made in México. Y eso lo sabe hasta el más modesto policía o guardia presidencial del 1600 de Pennsylvania Avenue NW, en Washington, Distrito de Columbia.