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Aporte Operístico Mexicano

  • Héctor Luna de la Vega

  • Héctor Luna de la Vega

La palabra Ópera del Italiano “opus”(obras), designa desde 1650 a un género de música teatral con acción escénica armonizada y cantada con acompañamiento instrumental. A diferencia del oratorio, es una obra destinada a ser representada, uniendo a la música (orquesta, voces y director) la poesía (libreto) las artes escénicas (actuación y danza), artes escenográficas (artes plásticas, decoración y arquitectura), iluminación y efectos escénicos con el maquillaje y el vestuario.

La primera fue Dafne escrita en 1597 por Jacopo Peri. Eurídice, de 1600, aún sobreviviendo y L´Orfeo de 1607 de Claudio Monterverdi aún presentada regularmente. Se identifican las óperas: Italiana, Alemana, Francesa, Rusa, Española y China. La latinoamericana es estrenada en 1701 con la Púrpura de la Rosa de Tomás de Torrejón en el Virreinato del Perú.

En 1711 se estrenó en el Palacio del Virrey en la Ciudad de México la ópera Parténope, de Manuel de Zumaya, y a partir de ésta se inicia una fecunda creación operística no interrumpida durante más de 300 años. Es factible identificar aportes operísticos mexicanos en los siglos XVIII, XIX, XX y XXI.

Aniceto Ortega, en 1871 estrenó la ópera Guatemotzín, quien es el primero en dar un sentido nacional a las características formales. Él fue un distinguido médico miembro del Consejo Superior de Salubridad, creado por el emperador, Maximiliano, designándole posteriormente Benito Juárez, director del Hospital de Maternidad de México.

En el mismo siglo XIX Melesio Morales, uno de los más importantes compositores mexicanos, compuso su primera ópera, Romeo y Julieta, a la edad de 18 años, estrenada en el Gran Teatro Nacional, dirigida por él mismo, cuya segunda ópera, Ildegonda, fue presentada en Milán y en Madrid, y en su segunda versión se presentó en múltiples ocasiones en Italia.

Ricardo Castro Herrera, alumno de Melesio Morales, estrenó la ópera Atzimba, sobre la conquista de Michoacán y fue nombrado director del Conservatorio Nacional de Música por Justo Sierra. Felipe Villanueva es identificado como un destacado precursor del nacionalismo musical mexicano, quien estrenó en 1892 en el Teatro Principal de la Ciudad de México la ópera cómica, Keofar.

En la primera mitad del siglo XX destaca la creación operística de Julián Carrillo y compositores cercanos a él. Carrillo aportó entre otras, la ópera Matilde o México en 1810; además de desarrollar la teoría del Sonido 13 como intento por formalizar el estudio del microtonalismo. Fue director del Conservatorio Nacional de Música y director de la Orquesta Sinfónica Nacional de México.

Identificamos aportes de José Pablo Moncayo con la ópera La Mulata de Córdoba; Eduardo Mata con su ópera Alicia, quien fue director de la Orquesta de la UNAM y director musical de la Orquesta Sinfónica de Dallas. La ópera Severino, de Salvador Moreno, significó el debut de Plácido Domingo en el Teatro del Liceo de Barcelona. A inicios del siglo XXI Daniel Catán fue el primero con óperas presentadas exitosamente en Estados Unidos, recibiendo el premio Plácido Domingo por su contribución a la ópera.

La Ópera en México nos ha mostrado una evolución cultural y musical con gran significado para las artes visuales, donde vemos las demostraciones del drama, la sátira, la crítica y el romanticismo con muchas emociones vividas en la historia y sus repeticiones en el presente.

hectorluna2026@gmail.com