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Apoyen a nuevos valores de nuestra música

  • Mar de Penas (ajenas) : Java

En efecto, es lamentable que la Academia de la Grabación contemple desaparecer la categoría de música ranchera en sus Grammy Latinos si, en un lapso de dos años consecutivos, no hay material para tomaren cuenta.

Este año el rubro está vacío y eso significa la ausencia de novedades en el género de nuestra música, lo cual es penoso porque, ciertamente,  después de los Fernández y Pepe Aguilar, más Aída Cuevas y párenle de contar, no han surgido figuras que vengan a llenar los huecos que dejaron grandes estrellas como Lola Beltrán, Lucha Villa, María de Lourdes, Amalia Mendoza “La Tariácuri”, Miguel Aceves Mejía, “El Charro” Avitia, David y Juan Záizar  y varios más, que enaltecían la música del mariachi, tan mexicano que en diversos países del mundo se le sigue cultivando, rindiendo pleitesía… menos enel nuestro.

Y no hay material, no por falta de talento, sino de apoyo. Abundan en el medio infinidad de jóvenes exponentes de música representativa de México –como la definió acertadamente María de Lourdes–, hombres y mujeres, pero no salen de andar puebleando, costeándose sus propios discos y rematándolos entre sus amistades. Porque ya ni existen los programas musicales de TV, desplazados por los “realitys” de actualidad, más “ligths” que una coca zero, y por ende, como no hay negocio, a las disqueras les importa un comino impulsarlos.

Hace 20 años, visionaria, María de Lourdes se dio a la tarea de formar a nuevos intérpretes de nuestra música, pero las mismas autoridades se encargaron de ponerle piedritas en el camino, y ahí quedó su obra, ella muerta y en el olvido. Por ahí andan todavía Margarita Sierra, David Argel, José Antonio Hernández, Octavio Velázquez, René Ramírez, Enrique Barajas y Cecilia Gallardo, entre otros, hechuras de María, estupendos intérpretes que nunca alcanzaron el estrellato y así como ellos, suelo encontrarme a exponentes de nuestra música en cualquier parte, y bien vestidos, pero sin apoyo.

Eso quiere decir que en nuestro país la música del mariachi –que no ranchera, generalizando erróneamente—no interesa, cuando debería ser lo contrario toda vez que es cultura e identidad nuestra.

Pero, bueno, es que no hay negocio. Y como no lo hay, no hay Grammys. Es absurdo.

La Academia debe mantener la categoría a toda costa. Es más, como Academia que es, lejos de suprimirla, debe fomentar y promover en tanto que el mariachi es, desde luego, música latina representativa de un país, México; de una región que abarca el sur de Estados Unidos y se cuela más allá en otras naciones del planeta. ¿Por qué desaparecerla? Total, si este año no hubo material, el próximo ya vendrá.

Aunque tampoco se trata de calificar como música “ranchera” todo lo que suena a México. La música ranchera es solo uno de los diversos estilos que integran nuestra música, donde también existen el huapango, el corrido, el jarabe, el son y la polka; el bolero que si bien se originó  en Cuba, tomó cartas de naturalización en nuestro país; la marimba chiapaneca y hasta las chilenas del Estado de Guerrero.

De ahí que María de Lourdes tuvo el acertado tino de llamar a nuestra música, representativa de México. Porque no todo lo que suena a mariachi es música ranchera, ¿verdad, Son de la Negra?

Ahora resulta que hasta la cumbia norteña es música regional mexicana. ¡No, señores de la Academia! La cumbia es colombiana, y punto.